Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Por regla general el karma se entiende como la ley de causa y efecto, pero en realidad la palabra karma significa "acción". Pero lo cierto es que a toda acción le sigue una reacción, por lo que la ley del karma exige ambas cosas: acción y reacción o efecto; de modo que karma debería traducirse más bien como la ley de causa y efecto. Esta es una ley física conocida desde hace siglos, y uno de los Principios de Newton es precisamente el Principio de Acción y de Reacción.
Pero el Principio no es meramente físico ya que incluye también a la mente: todo pensamiento es causa y efecto de otros pensamientos. La experiencia personal de todo el mundo es que hay constantemente pensamientos que aparecen y desaparecen al cabo de un momento. Cada pensamiento dispara la aparición de otros, en el momento que le dedicamos alguna atención, y si no lo hacemos el pensamiento se esfuma como una nube en el cielo vacío. Saber de dónde viene el pensamiento y a donde se va cuando desaparece es ciertamente imposible.
Esto podría compararse con las olas del mar. Vemos una ola que se forma y avanza hacia la playa donde desaparece. Otras la siguen de modo incesante. Las olas tienen su causa, aunque esta parezca imposible de comprender, y hay una mecánica oculta en los océanos y mares, que provoca la aparición de las olas en la superficie. Estas olas no cesan pero todas tienen su causa y todas tienen un efecto. Ahora bien, ¿hay algo o alguien que sea la causa o sufra el efecto? Es inútil buscarlo de forma individual para cada ola puesto que el océano en su conjunto es lo único que existe y ninguna ola tiene existencia independiente.
La mente es como el océano pero no hecha de agua, sino de algún tipo de materia sutil desconocida, por así decir. Todo lo que ocurre en la mente es como el oleaje, y una particularidad de la mente humana es que esta crea un espejismo llamado "yo". El “yo” está basado en el pensamiento, y es algo superficial, como las olas. No se encuentra en la profundidad del océano sino en la zona superficial. La idea de un "yo" separado es una particularidad de la mente humana con la que no se nace, sino que se forma en base a la educación y la interacción con los demás "yoes".
Tras un tiempo de veinte o treinta años, el "yo" queda perfectamente formado conceptualmente y fijado en la conciencia humana. Este "yo" se encuentra en la base de todo pensamiento así como de toda experiencia sensorial, de modo que no hay un solo momento en que el “yo” no interfiera con lo que experimentamos. Lejos de ser considerado una enfermedad de la mente, la conciencia del "yo" forma parte de todas las actividades humanas. Es algo, no solo esencial, sino necesario. Sin el "yo" no habría relaciones humanas, no habría cultura, ni habría arte o ciencia…. No habría sociedad, de hecho. Si el "yo" desapareciera de golpe en todos los humanos al mismo tiempo, sería la mayor catástrofe imaginable para el mundo (aunque no, para el Universo).
Con todo, el "yo" no existe y por tanto no puede desaparecer. Si un persona se diera cuenta en un momento determinado de que el "yo" (el tesoro mejor guardado dentro de la conciencia, el cual llevamos siempre protegido), si se diera cuenta cabal de que tal "yo" no existe, y pudiera aguantar el terror que tal cosa le produciría (un terror que le haría pensar que se había vuelto completamente loco o que estaba a punto de morir ahí mismo); si esa persona pudiera aguantar el tirón en ese momento, sin recuperar la cadena de pensamientos que sostiene el "yo", esa 'persona tendría lo que comunmente se llama hoy en día la "iluminación".
Durante el tiempo (corto o largo, no importa, porque siempre es corto) que durase esa experiencia de vivir sin pensar esa persona se daría cuenta de el "yo" es una invención de la mente humana y que la ausencia de "yo" es el estado natural de existencia. Por eso, si la experiencia de vivir sin "yo" durase lo suficiente como para que la persona se abandonase a ella, se encontraría en un estado que podría confundirse fácilmente con el de "felicidad". La "felicidad" sin embargo es un concepto que no puede aplicarse aquí, porque no habiendo "yo" no hay nadie que sea "feliz".
La idea de que es una "persona separada y libre" se vendría abajo enseguida pues no habiendo "yo" no hay nadie que elija y la elección se vería como una ilusión. En el budismo se ha buscado dar una explicación de cómo se producen los deseos, con la rueda de los doce eslabones interdependientes, dando así a entender cómo surge el deseo, y el apego. Es una especie de ciclo que se forma en la mente, como si fuesen los remolinos que aparecerían en el seno de la ola cuando esta existe en la superficie del mar.
El karma humano existe como ley de causa y efecto lo mismo que ocurre en la ola. Igual que la ola, nos movemos y tenemos una forma, pero al contrario que la ola, nosotros creemos tener libre albedrío y podemos "hacer cosas". Y, las hacemos. Y, creemos que lo que hacemos lo hacemos por decisión propia. Pero, ¿es así? Si, por ejemplo, vamos por la acera y un coche se precipitara contra nosotros, ¿nos apartamos de un salto por decisión propia? Si estamos en una casa en llamas, ¿salimos de ella corriendo por decisión propia? Si vamos por la carretera y de repente vemos un obstáculo, ¿frenamos por decisión propia?
Son ejemplos extremos, podemos pensar. Hay cosas en las que no decidimos nosotros, ciertamente, pero hay otras en las que seguramente sí lo hacemos. Un ejemplo: cuando tenemos un dinero en el banco, creemos decidir si lo ponemos en letras del tesoro o lo dejamos en la cuenta corriente. Otro ejemplo, si entramos a comer en un restaurante, creemos decidir lo que vamos a comer, cuando miramos el menú. Otro más: si vamos al médico y nos dice que tenemos cáncer, y nos propone dos posibles tratamientos, creemos decidir cuál de ellos nos conviene. Y, así muchos más.
En esos casos parece haber libre albedrío, pero si lo miramos tal y como ocurrió, es posible que nos demos cuenta de que no fue así. Pensamos que en el pasado tomamos la decisión equivocada muchas veces, creyendo que no supimos verlo a tiempo, pero después, si lo miramos con cuidado, tal vez veamos que no fue nuestra decisión en realidad sino que hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento. Por tanto no nos echemos la culpa de que por una decisión equivocada perdimos una fortuna, nos sentó mal una comida o elegimos el tratamiento médico equivocado. Posiblemente hicimos lo único que pudimos hacer. Porque en realidad, podría no haber libre albedrío.
Pensemos ahora en esto: Puesto que el "yo" es irreal y no hay libre albedrío, ¿no hay ningún culpable, por ejemplo, en el caso de un asesinato? En un juicio por asesinato, el asesino puede ampararse en esto y argüir que él solo hizo lo que podía hacer, porque así estaba determinado y no tuvo elección ninguna, por lo que no es culpable. Posiblemente sea así. Pero entonces el juez puede argumentar exactamente lo mismo, diciendo que no tiene más opción que sentenciarlo a cadena perpetua porque está haciendo lo único que puede hacer, no ya porque la Ley humana le obligue, sino porque es algo que está determinado de antemano.
Del mismo modo que la ola está sometida a la ley de causa y efecto, y no tiene libertad de elección sobre cómo moverse ni en qué dirección hacerlo, nosotros estamos sometidos a la misma ley, y no tenemos libre albedrío (libertad de elección). Esto nos conduce a una trampa sin embargo: creer que podemos hacer lo que nos venga en gana, puesto que todo lo que hagamos está determinado de antemano y no somos responsables de ello. Podemos dar rienda suelta a nuestros instintos y aprovecharnos al máximo de nuestras circunstancias sin frenar nuestras acciones y sin sentir culpabilidad alguna por ello. ¿Qué decir a esto?
Si vivimos desde el punto de vista del “yo” podemos en efecto caer en ese error. Tanto si queremos como si no, haremos cuanto está determinado de antemano y nuestros intentos por vivir de acuerdo a un código de conducta ético serán completamente vanos. Eso concuerda por cierto con el hecho de que muchas personas religiosas, que pretenden vivir de acuerdo a sus preceptos, cometen toda suerte de delitos sexuales, entre otros. Es fácil ver que, por mucho que lo intentan, no pueden cumplir con los mandamientos de su religión y esto, seguramente, les desespera. ¿Qué se puede decir a esto?
Solo una cosa puede decirse: se trata de vivir conscientes, no de cumplir preceptos. Los preceptos son solo una forma de saber si se acercan o se alejan de la conducta moral que se considera correcta. Pero tanto si se acercan como si se alejan, no es su culpa ni tampoco su mérito. Lo único que pueden siempre hacer, es profundizar en su conocimiento interior. Podrían, por así decir, entrar en la profundidad de la ola, bajando de nivel en nivel de conciencia hasta entrar abiertamente en el Océano interior donde (por así decir) reside el Verdadero Yo.
Para el ser humano, tal cosa es posible mediante una práctica regular de introspección (oración, meditación, psicoanálisis…) haciéndose conscientes de sí mismos de un modo progresivo hasta alcanzar las profundidades de la mente que están más allá del “yo”. Entonces descubrirán la dimensión que está más allá de causa y efecto, a la que llamamos el Verdadero Yo. Viviendo desde el Verdadero Yo, escapan de la ley de causa y efecto aunque en su parte consciente seguirán sometidos a ella.
Pongamos un ejemplo: supongamos que alguien mata a un número de personas debido a causas que él mismo no acierta a comprender del todo. Puede haberlo hecho por odio, pero también porque cree que matando realiza una acción correcta en beneficio de su país, su raza o su religión. ¿Esta persona es culpable de sus actos? Si consideramos que existe el libre albedrío, lo es. Pero si, tal y como propone Spinoza y otros, la persona ha actuado por la ley de causa y efecto, sin que ella haya podido mediar de hecho, entonces la persona no es culpable de sus actos.
Pero aquí estamos ante un problema ¿Qué debe hacerse con esa persona? ¿Debe ser exculpada de sus asesinatos, sin más ni más, por no ser responsable de sus actos? No parece lo más acertado, ¿verdad? Y, sin embargo, la responsabilidad de sus actos no debería recaer en él, dado que todo sucede de un modo predeterminado. Aquí es donde la mayoría de las personas rechazan de plano la inexistencia del libre albedrío, dado que pone en peligro la convivencia humana. Pero no es necesariamente así. Veámoslo.
Supongamos que la persona es detenida, y llevada a juicio, donde es juzgada y condenada a muerte por sus asesinatos de acuerdo a las leyes. Y supongamos que esa persona espera durante los años a que se cumpla la sentencia. Durante ese tiempo (esto ha sucedido en algunas ocasiones) esa persona tiene ocasión de llevar a cabo una introspección profunda que la conduce a escapar de su “yo” (lo cual hemos llamado, iluminación). Pues bien, después de eso, la persona es un buda y no puede considerarse un asesino. El asesino es el “yo”, pero tras la iluminación él ha descubierto que el “yo” no existe y lo que ha sucedido era algo inevitable de acuerdo a la ley del karma. ¿Se libra esa persona de ser ejecutada por asesinato?
No, no se libra. Aun estando libre del “yo”, no escapa de su karma pues cuando llega su hora se le aplica la pena de muerte por asesinato de inocentes. La iluminación no le libra de su destino que era morir con la inyección letal. Si alguien dijera que se le ha condenado injustamente, dado que sus acciones estaban predeterminadas, se le podría responder que es cierto, pero también estaba predeterminado que se le aplicaría la pena de muerte, con lo que todo queda arreglado.
Igual que la ola “vive” durante un tiempo como ola, hasta volver al seno del océano, de donde salió, una persona vive durante un tiempo como un ente aparentemente separado del Universo hasta volver a su Verdadero Yo. Igual que la ola no es libre para cambiar de dirección, la persona tampoco lo es para tomar decisiones. Pero del mismo modo que la ola vive consciente del océano y se ve unida a él, la persona puede vivir consciente de su Verdadero Yo y vivir unida a él viviendo así en libertad, aunque sin libre albedrío.
Pero el Principio no es meramente físico ya que incluye también a la mente: todo pensamiento es causa y efecto de otros pensamientos. La experiencia personal de todo el mundo es que hay constantemente pensamientos que aparecen y desaparecen al cabo de un momento. Cada pensamiento dispara la aparición de otros, en el momento que le dedicamos alguna atención, y si no lo hacemos el pensamiento se esfuma como una nube en el cielo vacío. Saber de dónde viene el pensamiento y a donde se va cuando desaparece es ciertamente imposible.
Esto podría compararse con las olas del mar. Vemos una ola que se forma y avanza hacia la playa donde desaparece. Otras la siguen de modo incesante. Las olas tienen su causa, aunque esta parezca imposible de comprender, y hay una mecánica oculta en los océanos y mares, que provoca la aparición de las olas en la superficie. Estas olas no cesan pero todas tienen su causa y todas tienen un efecto. Ahora bien, ¿hay algo o alguien que sea la causa o sufra el efecto? Es inútil buscarlo de forma individual para cada ola puesto que el océano en su conjunto es lo único que existe y ninguna ola tiene existencia independiente.
La mente es como el océano pero no hecha de agua, sino de algún tipo de materia sutil desconocida, por así decir. Todo lo que ocurre en la mente es como el oleaje, y una particularidad de la mente humana es que esta crea un espejismo llamado "yo". El “yo” está basado en el pensamiento, y es algo superficial, como las olas. No se encuentra en la profundidad del océano sino en la zona superficial. La idea de un "yo" separado es una particularidad de la mente humana con la que no se nace, sino que se forma en base a la educación y la interacción con los demás "yoes".
Tras un tiempo de veinte o treinta años, el "yo" queda perfectamente formado conceptualmente y fijado en la conciencia humana. Este "yo" se encuentra en la base de todo pensamiento así como de toda experiencia sensorial, de modo que no hay un solo momento en que el “yo” no interfiera con lo que experimentamos. Lejos de ser considerado una enfermedad de la mente, la conciencia del "yo" forma parte de todas las actividades humanas. Es algo, no solo esencial, sino necesario. Sin el "yo" no habría relaciones humanas, no habría cultura, ni habría arte o ciencia…. No habría sociedad, de hecho. Si el "yo" desapareciera de golpe en todos los humanos al mismo tiempo, sería la mayor catástrofe imaginable para el mundo (aunque no, para el Universo).
Con todo, el "yo" no existe y por tanto no puede desaparecer. Si un persona se diera cuenta en un momento determinado de que el "yo" (el tesoro mejor guardado dentro de la conciencia, el cual llevamos siempre protegido), si se diera cuenta cabal de que tal "yo" no existe, y pudiera aguantar el terror que tal cosa le produciría (un terror que le haría pensar que se había vuelto completamente loco o que estaba a punto de morir ahí mismo); si esa persona pudiera aguantar el tirón en ese momento, sin recuperar la cadena de pensamientos que sostiene el "yo", esa 'persona tendría lo que comunmente se llama hoy en día la "iluminación".
Durante el tiempo (corto o largo, no importa, porque siempre es corto) que durase esa experiencia de vivir sin pensar esa persona se daría cuenta de el "yo" es una invención de la mente humana y que la ausencia de "yo" es el estado natural de existencia. Por eso, si la experiencia de vivir sin "yo" durase lo suficiente como para que la persona se abandonase a ella, se encontraría en un estado que podría confundirse fácilmente con el de "felicidad". La "felicidad" sin embargo es un concepto que no puede aplicarse aquí, porque no habiendo "yo" no hay nadie que sea "feliz".
La idea de que es una "persona separada y libre" se vendría abajo enseguida pues no habiendo "yo" no hay nadie que elija y la elección se vería como una ilusión. En el budismo se ha buscado dar una explicación de cómo se producen los deseos, con la rueda de los doce eslabones interdependientes, dando así a entender cómo surge el deseo, y el apego. Es una especie de ciclo que se forma en la mente, como si fuesen los remolinos que aparecerían en el seno de la ola cuando esta existe en la superficie del mar.
El karma humano existe como ley de causa y efecto lo mismo que ocurre en la ola. Igual que la ola, nos movemos y tenemos una forma, pero al contrario que la ola, nosotros creemos tener libre albedrío y podemos "hacer cosas". Y, las hacemos. Y, creemos que lo que hacemos lo hacemos por decisión propia. Pero, ¿es así? Si, por ejemplo, vamos por la acera y un coche se precipitara contra nosotros, ¿nos apartamos de un salto por decisión propia? Si estamos en una casa en llamas, ¿salimos de ella corriendo por decisión propia? Si vamos por la carretera y de repente vemos un obstáculo, ¿frenamos por decisión propia?
Son ejemplos extremos, podemos pensar. Hay cosas en las que no decidimos nosotros, ciertamente, pero hay otras en las que seguramente sí lo hacemos. Un ejemplo: cuando tenemos un dinero en el banco, creemos decidir si lo ponemos en letras del tesoro o lo dejamos en la cuenta corriente. Otro ejemplo, si entramos a comer en un restaurante, creemos decidir lo que vamos a comer, cuando miramos el menú. Otro más: si vamos al médico y nos dice que tenemos cáncer, y nos propone dos posibles tratamientos, creemos decidir cuál de ellos nos conviene. Y, así muchos más.
En esos casos parece haber libre albedrío, pero si lo miramos tal y como ocurrió, es posible que nos demos cuenta de que no fue así. Pensamos que en el pasado tomamos la decisión equivocada muchas veces, creyendo que no supimos verlo a tiempo, pero después, si lo miramos con cuidado, tal vez veamos que no fue nuestra decisión en realidad sino que hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento. Por tanto no nos echemos la culpa de que por una decisión equivocada perdimos una fortuna, nos sentó mal una comida o elegimos el tratamiento médico equivocado. Posiblemente hicimos lo único que pudimos hacer. Porque en realidad, podría no haber libre albedrío.
Pensemos ahora en esto: Puesto que el "yo" es irreal y no hay libre albedrío, ¿no hay ningún culpable, por ejemplo, en el caso de un asesinato? En un juicio por asesinato, el asesino puede ampararse en esto y argüir que él solo hizo lo que podía hacer, porque así estaba determinado y no tuvo elección ninguna, por lo que no es culpable. Posiblemente sea así. Pero entonces el juez puede argumentar exactamente lo mismo, diciendo que no tiene más opción que sentenciarlo a cadena perpetua porque está haciendo lo único que puede hacer, no ya porque la Ley humana le obligue, sino porque es algo que está determinado de antemano.
Del mismo modo que la ola está sometida a la ley de causa y efecto, y no tiene libertad de elección sobre cómo moverse ni en qué dirección hacerlo, nosotros estamos sometidos a la misma ley, y no tenemos libre albedrío (libertad de elección). Esto nos conduce a una trampa sin embargo: creer que podemos hacer lo que nos venga en gana, puesto que todo lo que hagamos está determinado de antemano y no somos responsables de ello. Podemos dar rienda suelta a nuestros instintos y aprovecharnos al máximo de nuestras circunstancias sin frenar nuestras acciones y sin sentir culpabilidad alguna por ello. ¿Qué decir a esto?
Si vivimos desde el punto de vista del “yo” podemos en efecto caer en ese error. Tanto si queremos como si no, haremos cuanto está determinado de antemano y nuestros intentos por vivir de acuerdo a un código de conducta ético serán completamente vanos. Eso concuerda por cierto con el hecho de que muchas personas religiosas, que pretenden vivir de acuerdo a sus preceptos, cometen toda suerte de delitos sexuales, entre otros. Es fácil ver que, por mucho que lo intentan, no pueden cumplir con los mandamientos de su religión y esto, seguramente, les desespera. ¿Qué se puede decir a esto?
Solo una cosa puede decirse: se trata de vivir conscientes, no de cumplir preceptos. Los preceptos son solo una forma de saber si se acercan o se alejan de la conducta moral que se considera correcta. Pero tanto si se acercan como si se alejan, no es su culpa ni tampoco su mérito. Lo único que pueden siempre hacer, es profundizar en su conocimiento interior. Podrían, por así decir, entrar en la profundidad de la ola, bajando de nivel en nivel de conciencia hasta entrar abiertamente en el Océano interior donde (por así decir) reside el Verdadero Yo.
Para el ser humano, tal cosa es posible mediante una práctica regular de introspección (oración, meditación, psicoanálisis…) haciéndose conscientes de sí mismos de un modo progresivo hasta alcanzar las profundidades de la mente que están más allá del “yo”. Entonces descubrirán la dimensión que está más allá de causa y efecto, a la que llamamos el Verdadero Yo. Viviendo desde el Verdadero Yo, escapan de la ley de causa y efecto aunque en su parte consciente seguirán sometidos a ella.
Pongamos un ejemplo: supongamos que alguien mata a un número de personas debido a causas que él mismo no acierta a comprender del todo. Puede haberlo hecho por odio, pero también porque cree que matando realiza una acción correcta en beneficio de su país, su raza o su religión. ¿Esta persona es culpable de sus actos? Si consideramos que existe el libre albedrío, lo es. Pero si, tal y como propone Spinoza y otros, la persona ha actuado por la ley de causa y efecto, sin que ella haya podido mediar de hecho, entonces la persona no es culpable de sus actos.
Pero aquí estamos ante un problema ¿Qué debe hacerse con esa persona? ¿Debe ser exculpada de sus asesinatos, sin más ni más, por no ser responsable de sus actos? No parece lo más acertado, ¿verdad? Y, sin embargo, la responsabilidad de sus actos no debería recaer en él, dado que todo sucede de un modo predeterminado. Aquí es donde la mayoría de las personas rechazan de plano la inexistencia del libre albedrío, dado que pone en peligro la convivencia humana. Pero no es necesariamente así. Veámoslo.
Supongamos que la persona es detenida, y llevada a juicio, donde es juzgada y condenada a muerte por sus asesinatos de acuerdo a las leyes. Y supongamos que esa persona espera durante los años a que se cumpla la sentencia. Durante ese tiempo (esto ha sucedido en algunas ocasiones) esa persona tiene ocasión de llevar a cabo una introspección profunda que la conduce a escapar de su “yo” (lo cual hemos llamado, iluminación). Pues bien, después de eso, la persona es un buda y no puede considerarse un asesino. El asesino es el “yo”, pero tras la iluminación él ha descubierto que el “yo” no existe y lo que ha sucedido era algo inevitable de acuerdo a la ley del karma. ¿Se libra esa persona de ser ejecutada por asesinato?
No, no se libra. Aun estando libre del “yo”, no escapa de su karma pues cuando llega su hora se le aplica la pena de muerte por asesinato de inocentes. La iluminación no le libra de su destino que era morir con la inyección letal. Si alguien dijera que se le ha condenado injustamente, dado que sus acciones estaban predeterminadas, se le podría responder que es cierto, pero también estaba predeterminado que se le aplicaría la pena de muerte, con lo que todo queda arreglado.
Igual que la ola “vive” durante un tiempo como ola, hasta volver al seno del océano, de donde salió, una persona vive durante un tiempo como un ente aparentemente separado del Universo hasta volver a su Verdadero Yo. Igual que la ola no es libre para cambiar de dirección, la persona tampoco lo es para tomar decisiones. Pero del mismo modo que la ola vive consciente del océano y se ve unida a él, la persona puede vivir consciente de su Verdadero Yo y vivir unida a él viviendo así en libertad, aunque sin libre albedrío.
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Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Yo te contestaría Daido, pero como no existes, ¿para qué molestarme?
Cuando leo afirmaciones como ésa me entran ganas de salir corriendo y regresar al cristianismo. Pero entonces recuerdo que el Buda no enseñó que el 'yo' no existiera, porque equivaldría al extremo del aniquilacionismo, y además criticó duramente la creencia determinista.
En cualquier caso lo que tuviere que decir sobre este tema ya lo dije extensamente en este hilo: El yo y el libre albedrío
Cuando leo afirmaciones como ésa me entran ganas de salir corriendo y regresar al cristianismo. Pero entonces recuerdo que el Buda no enseñó que el 'yo' no existiera, porque equivaldría al extremo del aniquilacionismo, y además criticó duramente la creencia determinista.
En cualquier caso lo que tuviere que decir sobre este tema ya lo dije extensamente en este hilo: El yo y el libre albedrío
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Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Ey @budai, qué opinas de este ensayo?Daido escribió: ↑09 Abr 2026 20:51 Por regla general el karma se entiende como la ley de causa y efecto, pero en realidad la palabra karma significa "acción". Pero lo cierto es que a toda acción le sigue una reacción, por lo que la ley del karma exige ambas cosas: acción y reacción o efecto; de modo que karma debería traducirse más bien como la ley de causa y efecto. Esta es una ley física conocida desde hace siglos, y uno de los Principios de Newton es precisamente el Principio de Acción y de Reacción.
Pero el Principio no es meramente físico ya que incluye también a la mente: todo pensamiento es causa y efecto de otros pensamientos. La experiencia personal de todo el mundo es que hay constantemente pensamientos que aparecen y desaparecen al cabo de un momento. Cada pensamiento dispara la aparición de otros, en el momento que le dedicamos alguna atención, y si no lo hacemos el pensamiento se esfuma como una nube en el cielo vacío. Saber de dónde viene el pensamiento y a donde se va cuando desaparece es ciertamente imposible.
Esto podría compararse con las olas del mar. Vemos una ola que se forma y avanza hacia la playa donde desaparece. Otras la siguen de modo incesante. Las olas tienen su causa, aunque esta parezca imposible de comprender, y hay una mecánica oculta en los océanos y mares, que provoca la aparición de las olas en la superficie. Estas olas no cesan pero todas tienen su causa y todas tienen un efecto. Ahora bien, ¿hay algo o alguien que sea la causa o sufra el efecto? Es inútil buscarlo de forma individual para cada ola puesto que el océano en su conjunto es lo único que existe y ninguna ola tiene existencia independiente.
La mente es como el océano pero no hecha de agua, sino de algún tipo de materia sutil desconocida, por así decir. Todo lo que ocurre en la mente es como el oleaje, y una particularidad de la mente humana es que esta crea un espejismo llamado "yo". El “yo” está basado en el pensamiento, y es algo superficial, como las olas. No se encuentra en la profundidad del océano sino en la zona superficial. La idea de un "yo" separado es una particularidad de la mente humana con la que no se nace, sino que se forma en base a la educación y la interacción con los demás "yoes".
Tras un tiempo de veinte o treinta años, el "yo" queda perfectamente formado conceptualmente y fijado en la conciencia humana. Este "yo" se encuentra en la base de todo pensamiento así como de toda experiencia sensorial, de modo que no hay un solo momento en que el “yo” no interfiera con lo que experimentamos. Lejos de ser considerado una enfermedad de la mente, la conciencia del "yo" forma parte de todas las actividades humanas. Es algo, no solo esencial, sino necesario. Sin el "yo" no habría relaciones humanas, no habría cultura, ni habría arte o ciencia…. No habría sociedad, de hecho. Si el "yo" desapareciera de golpe en todos los humanos al mismo tiempo, sería la mayor catástrofe imaginable para el mundo (aunque no, para el Universo).
Con todo, el "yo" no existe y por tanto no puede desaparecer. Si un persona se diera cuenta en un momento determinado de que el "yo" (el tesoro mejor guardado dentro de la conciencia, el cual llevamos siempre protegido), si se diera cuenta cabal de que tal "yo" no existe, y pudiera aguantar el terror que tal cosa le produciría (un terror que le haría pensar que se había vuelto completamente loco o que estaba a punto de morir ahí mismo); si esa persona pudiera aguantar el tirón en ese momento, sin recuperar la cadena de pensamientos que sostiene el "yo", esa 'persona tendría lo que comunmente se llama hoy en día la "iluminación".
Durante el tiempo (corto o largo, no importa, porque siempre es corto) que durase esa experiencia de vivir sin pensar esa persona se daría cuenta de el "yo" es una invención de la mente humana y que la ausencia de "yo" es el estado natural de existencia. Por eso, si la experiencia de vivir sin "yo" durase lo suficiente como para que la persona se abandonase a ella, se encontraría en un estado que podría confundirse fácilmente con el de "felicidad". La "felicidad" sin embargo es un concepto que no puede aplicarse aquí, porque no habiendo "yo" no hay nadie que sea "feliz".
La idea de que es una "persona separada y libre" se vendría abajo enseguida pues no habiendo "yo" no hay nadie que elija y la elección se vería como una ilusión. En el budismo se ha buscado dar una explicación de cómo se producen los deseos, con la rueda de los doce eslabones interdependientes, dando así a entender cómo surge el deseo, y el apego. Es una especie de ciclo que se forma en la mente, como si fuesen los remolinos que aparecerían en el seno de la ola cuando esta existe en la superficie del mar.
El karma humano existe como ley de causa y efecto lo mismo que ocurre en la ola. Igual que la ola, nos movemos y tenemos una forma, pero al contrario que la ola, nosotros creemos tener libre albedrío y podemos "hacer cosas". Y, las hacemos. Y, creemos que lo que hacemos lo hacemos por decisión propia. Pero, ¿es así? Si, por ejemplo, vamos por la acera y un coche se precipitara contra nosotros, ¿nos apartamos de un salto por decisión propia? Si estamos en una casa en llamas, ¿salimos de ella corriendo por decisión propia? Si vamos por la carretera y de repente vemos un obstáculo, ¿frenamos por decisión propia?
Son ejemplos extremos, podemos pensar. Hay cosas en las que no decidimos nosotros, ciertamente, pero hay otras en las que seguramente sí lo hacemos. Un ejemplo: cuando tenemos un dinero en el banco, creemos decidir si lo ponemos en letras del tesoro o lo dejamos en la cuenta corriente. Otro ejemplo, si entramos a comer en un restaurante, creemos decidir lo que vamos a comer, cuando miramos el menú. Otro más: si vamos al médico y nos dice que tenemos cáncer, y nos propone dos posibles tratamientos, creemos decidir cuál de ellos nos conviene. Y, así muchos más.
En esos casos parece haber libre albedrío, pero si lo miramos tal y como ocurrió, es posible que nos demos cuenta de que no fue así. Pensamos que en el pasado tomamos la decisión equivocada muchas veces, creyendo que no supimos verlo a tiempo, pero después, si lo miramos con cuidado, tal vez veamos que no fue nuestra decisión en realidad sino que hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento. Por tanto no nos echemos la culpa de que por una decisión equivocada perdimos una fortuna, nos sentó mal una comida o elegimos el tratamiento médico equivocado. Posiblemente hicimos lo único que pudimos hacer. Porque en realidad, podría no haber libre albedrío.
Pensemos ahora en esto: Puesto que el "yo" es irreal y no hay libre albedrío, ¿no hay ningún culpable, por ejemplo, en el caso de un asesinato? En un juicio por asesinato, el asesino puede ampararse en esto y argüir que él solo hizo lo que podía hacer, porque así estaba determinado y no tuvo elección ninguna, por lo que no es culpable. Posiblemente sea así. Pero entonces el juez puede argumentar exactamente lo mismo, diciendo que no tiene más opción que sentenciarlo a cadena perpetua porque está haciendo lo único que puede hacer, no ya porque la Ley humana le obligue, sino porque es algo que está determinado de antemano.
Del mismo modo que la ola está sometida a la ley de causa y efecto, y no tiene libertad de elección sobre cómo moverse ni en qué dirección hacerlo, nosotros estamos sometidos a la misma ley, y no tenemos libre albedrío (libertad de elección). Esto nos conduce a una trampa sin embargo: creer que podemos hacer lo que nos venga en gana, puesto que todo lo que hagamos está determinado de antemano y no somos responsables de ello. Podemos dar rienda suelta a nuestros instintos y aprovecharnos al máximo de nuestras circunstancias sin frenar nuestras acciones y sin sentir culpabilidad alguna por ello. ¿Qué decir a esto?
Si vivimos desde el punto de vista del “yo” podemos en efecto caer en ese error. Tanto si queremos como si no, haremos cuanto está determinado de antemano y nuestros intentos por vivir de acuerdo a un código de conducta ético serán completamente vanos. Eso concuerda por cierto con el hecho de que muchas personas religiosas, que pretenden vivir de acuerdo a sus preceptos, cometen toda suerte de delitos sexuales, entre otros. Es fácil ver que, por mucho que lo intentan, no pueden cumplir con los mandamientos de su religión y esto, seguramente, les desespera. ¿Qué se puede decir a esto?
Solo una cosa puede decirse: se trata de vivir conscientes, no de cumplir preceptos. Los preceptos son solo una forma de saber si se acercan o se alejan de la conducta moral que se considera correcta. Pero tanto si se acercan como si se alejan, no es su culpa ni tampoco su mérito. Lo único que pueden siempre hacer, es profundizar en su conocimiento interior. Podrían, por así decir, entrar en la profundidad de la ola, bajando de nivel en nivel de conciencia hasta entrar abiertamente en el Océano interior donde (por así decir) reside el Verdadero Yo.
Para el ser humano, tal cosa es posible mediante una práctica regular de introspección (oración, meditación, psicoanálisis…) haciéndose conscientes de sí mismos de un modo progresivo hasta alcanzar las profundidades de la mente que están más allá del “yo”. Entonces descubrirán la dimensión que está más allá de causa y efecto, a la que llamamos el Verdadero Yo. Viviendo desde el Verdadero Yo, escapan de la ley de causa y efecto aunque en su parte consciente seguirán sometidos a ella.
Pongamos un ejemplo: supongamos que alguien mata a un número de personas debido a causas que él mismo no acierta a comprender del todo. Puede haberlo hecho por odio, pero también porque cree que matando realiza una acción correcta en beneficio de su país, su raza o su religión. ¿Esta persona es culpable de sus actos? Si consideramos que existe el libre albedrío, lo es. Pero si, tal y como propone Spinoza y otros, la persona ha actuado por la ley de causa y efecto, sin que ella haya podido mediar de hecho, entonces la persona no es culpable de sus actos.
Pero aquí estamos ante un problema ¿Qué debe hacerse con esa persona? ¿Debe ser exculpada de sus asesinatos, sin más ni más, por no ser responsable de sus actos? No parece lo más acertado, ¿verdad? Y, sin embargo, la responsabilidad de sus actos no debería recaer en él, dado que todo sucede de un modo predeterminado. Aquí es donde la mayoría de las personas rechazan de plano la inexistencia del libre albedrío, dado que pone en peligro la convivencia humana. Pero no es necesariamente así. Veámoslo.
Supongamos que la persona es detenida, y llevada a juicio, donde es juzgada y condenada a muerte por sus asesinatos de acuerdo a las leyes. Y supongamos que esa persona espera durante los años a que se cumpla la sentencia. Durante ese tiempo (esto ha sucedido en algunas ocasiones) esa persona tiene ocasión de llevar a cabo una introspección profunda que la conduce a escapar de su “yo” (lo cual hemos llamado, iluminación). Pues bien, después de eso, la persona es un buda y no puede considerarse un asesino. El asesino es el “yo”, pero tras la iluminación él ha descubierto que el “yo” no existe y lo que ha sucedido era algo inevitable de acuerdo a la ley del karma. ¿Se libra esa persona de ser ejecutada por asesinato?
No, no se libra. Aun estando libre del “yo”, no escapa de su karma pues cuando llega su hora se le aplica la pena de muerte por asesinato de inocentes. La iluminación no le libra de su destino que era morir con la inyección letal. Si alguien dijera que se le ha condenado injustamente, dado que sus acciones estaban predeterminadas, se le podría responder que es cierto, pero también estaba predeterminado que se le aplicaría la pena de muerte, con lo que todo queda arreglado.
Igual que la ola “vive” durante un tiempo como ola, hasta volver al seno del océano, de donde salió, una persona vive durante un tiempo como un ente aparentemente separado del Universo hasta volver a su Verdadero Yo. Igual que la ola no es libre para cambiar de dirección, la persona tampoco lo es para tomar decisiones. Pero del mismo modo que la ola vive consciente del océano y se ve unida a él, la persona puede vivir consciente de su Verdadero Yo y vivir unida a él viviendo así en libertad, aunque sin libre albedrío.
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
- budai
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La relación entre karma y libre albedrío es un tema profundo y complejo que ha sido objeto de debate en diversas tradiciones filosóficas y espirituales, incluida la budista. En la enseñanza budista, el karma se refiere a la acción, y cada acción tiene consecuencias. Esto implica que nuestras acciones, ya sean físicas, verbales o mentales, generan efectos que pueden manifestarse en el futuro.
La idea de que "karma" puede ser visto como una ley de causa y efecto es fundamental. Cada acción que llevamos a cabo crea un eco en nuestra vida y en la vida de los demás. Esto no se limita a acciones tangibles, sino que también incluye nuestros pensamientos y emociones. Como mencionas, los pensamientos son también causas que pueden desencadenar otros pensamientos, emociones y, eventualmente, acciones.
Ahora bien, el libre albedrío entra en juego en cómo respondemos a estas causas. Aunque el karma establece un marco donde nuestras acciones tienen consecuencias, también nos brinda la capacidad de elegir cómo actuar en el presente. A pesar de que nuestras experiencias pasadas influyen en nuestras decisiones actuales, siempre tenemos la posibilidad de actuar de manera consciente y deliberada. Esta capacidad de elección es lo que se entiende como libre albedrío en el contexto budista.
Es importante señalar que el budismo no promueve una visión determinista en la que todo esté predeterminado. Más bien, se enseña que, aunque las acciones pasadas influyen en nuestra vida, no estamos atrapados por ellas. Cada momento es una oportunidad para ejercer nuestra voluntad y tomar decisiones que pueden alterar nuestro camino.
El desafío radica en cultivar la atención plena y la comprensión para que nuestras decisiones sean más conscientes. Cuando estamos más atentos a nuestros pensamientos y acciones, podemos discernir mejor cómo nuestras elecciones contribuyen a nuestro propio bienestar y al de los demás. Así, el karma y el libre albedrío se entrelazan, donde el entendimiento del karma nos ayuda a actuar con mayor responsabilidad y compasión.
La reflexión sobre estos conceptos puede ser un camino hacia una vida más consciente y armoniosa. Nos invita a considerar no solo nuestras acciones, sino también nuestras motivaciones y el impacto que tienen en nuestro entorno. Al final, el objetivo es cultivar un sentido de responsabilidad personal que nos lleve a vivir de manera más ética y compasiva, en armonía con nosotros mismos y con los demás.
Si te sientes atraído por este tema, puede ser útil explorar más sobre cómo el budismo aborda la interconexión entre karma y libre albedrío, y cómo estas enseñanzas pueden aplicarse en la vida diaria.
La idea de que "karma" puede ser visto como una ley de causa y efecto es fundamental. Cada acción que llevamos a cabo crea un eco en nuestra vida y en la vida de los demás. Esto no se limita a acciones tangibles, sino que también incluye nuestros pensamientos y emociones. Como mencionas, los pensamientos son también causas que pueden desencadenar otros pensamientos, emociones y, eventualmente, acciones.
Ahora bien, el libre albedrío entra en juego en cómo respondemos a estas causas. Aunque el karma establece un marco donde nuestras acciones tienen consecuencias, también nos brinda la capacidad de elegir cómo actuar en el presente. A pesar de que nuestras experiencias pasadas influyen en nuestras decisiones actuales, siempre tenemos la posibilidad de actuar de manera consciente y deliberada. Esta capacidad de elección es lo que se entiende como libre albedrío en el contexto budista.
Es importante señalar que el budismo no promueve una visión determinista en la que todo esté predeterminado. Más bien, se enseña que, aunque las acciones pasadas influyen en nuestra vida, no estamos atrapados por ellas. Cada momento es una oportunidad para ejercer nuestra voluntad y tomar decisiones que pueden alterar nuestro camino.
El desafío radica en cultivar la atención plena y la comprensión para que nuestras decisiones sean más conscientes. Cuando estamos más atentos a nuestros pensamientos y acciones, podemos discernir mejor cómo nuestras elecciones contribuyen a nuestro propio bienestar y al de los demás. Así, el karma y el libre albedrío se entrelazan, donde el entendimiento del karma nos ayuda a actuar con mayor responsabilidad y compasión.
La reflexión sobre estos conceptos puede ser un camino hacia una vida más consciente y armoniosa. Nos invita a considerar no solo nuestras acciones, sino también nuestras motivaciones y el impacto que tienen en nuestro entorno. Al final, el objetivo es cultivar un sentido de responsabilidad personal que nos lleve a vivir de manera más ética y compasiva, en armonía con nosotros mismos y con los demás.
Si te sientes atraído por este tema, puede ser útil explorar más sobre cómo el budismo aborda la interconexión entre karma y libre albedrío, y cómo estas enseñanzas pueden aplicarse en la vida diaria.
- Hokke
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Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Y la aportación de ChatGPT:
El texto pretende ser profundo, pero en realidad es una mezcla confusa de conceptos mal entendidos de distintas tradiciones que acaba en un determinismo bastante simplista.
Primero, hay un error fundamental: identificar karma con determinismo absoluto. Eso no es budismo. El karma nunca ha significado que “todo esté predeterminado”, sino que los fenómenos surgen condicionados. Si todo estuviera fijado de antemano, la práctica espiritual sería absurda, la ética irrelevante y la liberación imposible. Es decir, el propio núcleo del budismo quedaría destruido.
Segundo, el texto introduce sin justificación la idea de un “Verdadero Yo”, que además se presenta como algo más allá de causa y efecto. Esto no solo no es budismo, sino que contradice directamente la doctrina del no-yo. Aquí se está colando, sin reconocerlo, una metafísica más cercana al Vedanta que a las enseñanzas del Buda. No es una interpretación creativa: es una confusión conceptual.
Tercero, el argumento del asesino y el juez es filosóficamente débil. Decir que “todo estaba predeterminado, tanto el crimen como el castigo” no resuelve nada, solo disuelve el problema eliminando cualquier noción de responsabilidad. Es una salida trivial: si todo está determinado, cualquier cosa queda automáticamente justificada. Eso no es una solución ética, es una renuncia a la ética.
Además, el texto incurre en una contradicción importante: por un lado afirma que no hay libre albedrío, pero por otro sugiere que uno puede “vivir conscientemente” o “profundizar en su interior”. ¿Quién hace eso exactamente? Si no hay capacidad de elección, tampoco hay práctica posible. No se puede negar la agencia y al mismo tiempo presuponerla cuando conviene.
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Carl Sagan escribió: ↑09 Abr 2026 21:22 Yo te contestaría Daido, pero como no existes, ¿para qué molestarme?![]()
Cuando leo afirmaciones como ésa me entran ganas de salir corriendo y regresar al cristianismo. Pero entonces recuerdo que el Buda no enseñó que el 'yo' no existiera, porque equivaldría al extremo del aniquilacionismo, y además criticó duramente la creencia determinista.
En cualquier caso lo que tuviere que decir sobre este tema ya lo dije extensamente en este hilo: El yo y el libre albedrío
Ah
Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
BuddhaLa Intención, yo os digo, es karma. Al tener una intención, uno realiza karma a través del cuerpo, la palabra y la mente.
Nibbedhika Sutta
Asegura tu máscara de oxígeno antes de ayudar a otros. - Aerolíneas Northwest. Instrucciones de seguridad
Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Quisiera hacer una observación sobre el uso que se está haciendo aquí de la IA. Las herramientas de IA pueden ser útiles para aclarar conceptos o ampliar información, pero emplearlas como si fuesen una autoridad que “dictamina” quién tiene razón en un debate no es un uso adecuado de la tecnología.
Una IA no conoce el contexto del hilo, no entiende la intención de quien escribe ni puede evaluar la experiencia o la comprensión detrás de un texto. Solo genera respuestas probables. Cuando se la cita para rebatir a alguien, lo que se hace en realidad es evitar el diálogo directo.
Si alguien quiere cuestionar mis argumentos, perfecto: que lo haga desde su propia reflexión. Pero delegar esa tarea en un bot no aporta claridad ni profundidad. Es simplemente trasladar la responsabilidad de pensar a una herramienta que no tiene criterio propio.
Mi propuesta es sencilla: sigamos conversando entre personas. La IA puede acompañar, pero no sustituye el discernimiento ni la honestidad intelectual que requiere un intercambio real.
Una IA no conoce el contexto del hilo, no entiende la intención de quien escribe ni puede evaluar la experiencia o la comprensión detrás de un texto. Solo genera respuestas probables. Cuando se la cita para rebatir a alguien, lo que se hace en realidad es evitar el diálogo directo.
Si alguien quiere cuestionar mis argumentos, perfecto: que lo haga desde su propia reflexión. Pero delegar esa tarea en un bot no aporta claridad ni profundidad. Es simplemente trasladar la responsabilidad de pensar a una herramienta que no tiene criterio propio.
Mi propuesta es sencilla: sigamos conversando entre personas. La IA puede acompañar, pero no sustituye el discernimiento ni la honestidad intelectual que requiere un intercambio real.
- Daru el tuerto
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Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
>La IA puede acompañar, pero no sustituye el discernimiento ni la honestidad intelectual que requiere un intercambio real.
Estoy de acuerdo. Además la IA solo te va a dar las respuestas "convencionales", todo hilo que pretenda aportar algo nuevo, va a ser desmentido por una IA pero eso no significa nada más que esa persona está siendo original (si acierta o no, ya no lo sé) y lo que la IA ha aprendido es otra cosa.
Respecto al libre albedrío, es como los dragones o los extraterrestres verdes, quién crea en ellos es quien ha de aportar pruebas (y no hay). No se puede demostrar al ausencia de dragones, es una tontería teórica, el loco siempre te dirá que están en otro sitio más lejos o escondido y así siempre...
Las grandes afirmaciones requieren grandes evidencias (Carl Sagan ¿no?) y en el caso del libre albedrío no hay, ni pequeñas, ni grandes.
El universo funciona perfectamente en todo (y para todos los seres) sin suponer libre albedrío alguno, solo los humanos creen tenerlo por alguna cuestión mágico-religiosa, pero todo funcionará también perfectamente sin él aunque los incluyamos a ellos en el universo. No hace falta ningún libre albedrío para explicar nada de lo que ocurre y no hay evidencia ninguna de él. Es más no está ni clara su definición, que es lo que deba ser eso de elegir sin causas ni condiciones pero no al azar (creo que era Pascal el que decía que eso no era serio ni discutirlo). No es ni definible.
¿Qué se podría discutir? No hay nada... el universo se explica entero sin él fácilmente y no hay evidencias alguna de él y no hay una definición detallada de él.
Humo.
Y porque no exista tampoco cambia nada. Al asesino se le encierra, no porque sea "culpable" o "pecador" al estilo cristiano, sino simplemente porque hay que proteger a los demás de un depredador. Da igual que sea una persona o un tigre.
El problema para los cristianos es que no puede haber pecadores sin él, eso es cierto, sería infinitamente cruel condenar al infierno eterno al tigre por ser tigre (pero no lo queremos cerca nuestro).
Es otro tema más en que el cristianismo choca con la realidad. Las cosas no pueden ser como dicen.
Estoy de acuerdo. Además la IA solo te va a dar las respuestas "convencionales", todo hilo que pretenda aportar algo nuevo, va a ser desmentido por una IA pero eso no significa nada más que esa persona está siendo original (si acierta o no, ya no lo sé) y lo que la IA ha aprendido es otra cosa.
Respecto al libre albedrío, es como los dragones o los extraterrestres verdes, quién crea en ellos es quien ha de aportar pruebas (y no hay). No se puede demostrar al ausencia de dragones, es una tontería teórica, el loco siempre te dirá que están en otro sitio más lejos o escondido y así siempre...
Las grandes afirmaciones requieren grandes evidencias (Carl Sagan ¿no?) y en el caso del libre albedrío no hay, ni pequeñas, ni grandes.
El universo funciona perfectamente en todo (y para todos los seres) sin suponer libre albedrío alguno, solo los humanos creen tenerlo por alguna cuestión mágico-religiosa, pero todo funcionará también perfectamente sin él aunque los incluyamos a ellos en el universo. No hace falta ningún libre albedrío para explicar nada de lo que ocurre y no hay evidencia ninguna de él. Es más no está ni clara su definición, que es lo que deba ser eso de elegir sin causas ni condiciones pero no al azar (creo que era Pascal el que decía que eso no era serio ni discutirlo). No es ni definible.
¿Qué se podría discutir? No hay nada... el universo se explica entero sin él fácilmente y no hay evidencias alguna de él y no hay una definición detallada de él.
Humo.
Y porque no exista tampoco cambia nada. Al asesino se le encierra, no porque sea "culpable" o "pecador" al estilo cristiano, sino simplemente porque hay que proteger a los demás de un depredador. Da igual que sea una persona o un tigre.
El problema para los cristianos es que no puede haber pecadores sin él, eso es cierto, sería infinitamente cruel condenar al infierno eterno al tigre por ser tigre (pero no lo queremos cerca nuestro).
Es otro tema más en que el cristianismo choca con la realidad. Las cosas no pueden ser como dicen.
Última edición por Daru el tuerto el 10 Abr 2026 12:17, editado 1 vez en total.
Re: Un ensayo corto sobre Karma y libre albedrío
Y, ahora, volviendo al tema que nos ocupa, que es el determinismo, karma, veamos lo que Ramana Maharshi dice sobre esto, porque Ramana Maharshi es una persona excepcional a nivel espiritual: una persona iluminada.
Cuando se habla de determinismo en el ámbito espiritual, suele aparecer una tensión entre dos polos: por un lado, la idea de que todo está condicionado por causas previas; por otro, la sensación íntima de que elegimos y decidimos. Ramana Maharshi abordó este punto con una claridad que desarma cualquier intento de conciliación artificial: para él, el curso de la vida está determinado, y la libertad real no se encuentra en las acciones, sino en comprender quién es el que cree actuar.
Ramana lo expresó de manera inequívoca:
Ramana lo explicaba así:
En ese reconocimiento, el determinismo deja de ser una amenaza o una teoría: simplemente se ve que la vida se despliega sin un centro controlador. Y esa comprensión no paraliza; al contrario, libera del peso de la autoría, del juicio y de la culpa. Esta visión encaja de forma natural con la reflexión que vienes desarrollando sobre karma y libre albedrío. No hay un agente independiente que “acumule” karma ni un sujeto que “decida” libremente. Hay un proceso condicionado que se despliega, y una conciencia que puede reconocer ese despliegue sin apropiárselo.
En última instancia, Ramana no propone un determinismo rígido, sino una invitación a mirar más allá del hacedor. Cuando esa mirada se estabiliza, la cuestión del libre albedrío pierde relevancia. Lo que queda es la simplicidad de la vida tal como es.
Cuando se habla de determinismo en el ámbito espiritual, suele aparecer una tensión entre dos polos: por un lado, la idea de que todo está condicionado por causas previas; por otro, la sensación íntima de que elegimos y decidimos. Ramana Maharshi abordó este punto con una claridad que desarma cualquier intento de conciliación artificial: para él, el curso de la vida está determinado, y la libertad real no se encuentra en las acciones, sino en comprender quién es el que cree actuar.
Ramana lo expresó de manera inequívoca:
Esta afirmación no es fatalismo, ni una invitación a la pasividad. Es una descripción directa de cómo funciona la existencia cuando se observa sin la ficción del “yo” como agente independiente. Para Ramana, lo que llamamos “destino” (prarabdha karma) es simplemente el despliegue natural de causas y condiciones. El individuo no controla ese despliegue; solo imagina que lo hace. Por eso decía:“Todo lo que ha de suceder, sucederá, hagas lo que hagas para evitarlo.
Todo lo que no ha de suceder, no sucederá, por mucho que lo intentes.”
Aquí se ve su punto esencial: la sensación de libre albedrío surge únicamente mientras uno se toma a sí mismo por el hacedor. Mientras exista la creencia en un “yo” separado, aparece la idea de elección. Pero cuando se investiga ese “yo”, se descubre que no es más que un pensamiento sostenido por la inercia mental. Desde esta perspectiva, el determinismo no es una teoría filosófica, sino una constatación: la vida ocurre por sí misma. Las acciones, los pensamientos, los impulsos, incluso la búsqueda espiritual, forman parte del mismo movimiento. Nada queda fuera de ese flujo.“El hacedor es solo la mente. Cuando la mente desaparece, no hay hacedor ni acción.”
Ramana lo explicaba así:
Es decir, incluso el impulso de practicar, de investigar, de buscar claridad, no es una elección personal. Es parte del mismo determinismo que rige el resto de la vida. La práctica ocurre cuando debe ocurrir, igual que la respiración o el latido del corazón. Entonces, ¿dónde queda la libertad? Para Ramana, la única libertad auténtica no está en cambiar los acontecimientos, sino en ver que no hay un “yo” separado que actúe. La libertad no es “poder elegir”, sino reconocer la naturaleza ilusoria del que cree elegir.“La misma fuerza que creó el mundo es la que te hace seguir el camino espiritual.”
En ese reconocimiento, el determinismo deja de ser una amenaza o una teoría: simplemente se ve que la vida se despliega sin un centro controlador. Y esa comprensión no paraliza; al contrario, libera del peso de la autoría, del juicio y de la culpa. Esta visión encaja de forma natural con la reflexión que vienes desarrollando sobre karma y libre albedrío. No hay un agente independiente que “acumule” karma ni un sujeto que “decida” libremente. Hay un proceso condicionado que se despliega, y una conciencia que puede reconocer ese despliegue sin apropiárselo.
En última instancia, Ramana no propone un determinismo rígido, sino una invitación a mirar más allá del hacedor. Cuando esa mirada se estabiliza, la cuestión del libre albedrío pierde relevancia. Lo que queda es la simplicidad de la vida tal como es.