Daido escribió: ↑12 Abr 2026 18:51Sin embargo, tampoco era determinista en el sentido mecanicista. La individuación, tal como él la entendía, es precisamente el proceso mediante el cual la conciencia amplía su margen de acción. No se trata de una libertad absoluta, sino de una libertad ganada: cuanto más se ilumina el funcionamiento de los propios complejos, más espacio aparece para actuar de otro modo.
Además, su teoría de la sincronicidad lo sitúa fuera del determinismo causal clásico. Jung sostenía que no todo en la psique y en el mundo se explica por cadenas lineales de causa y efecto; también existen conexiones a-causales significativas. Esto rompe con la idea de un universo completamente cerrado bajo leyes deterministas.
En resumen, Jung no afirmaba un determinismo rígido ni un libre albedrío pleno. Reconocía la fuerza condicionante del inconsciente, pero también la posibilidad de ampliar la conciencia y, con ello, el campo de acción. Su visión se mueve en un punto intermedio: no hay un “yo” totalmente libre, pero tampoco estamos completamente determinados.
Me parece interesante la perspectiva de Carl Jung. Creo que tiene cierto punto de contacto con la propuesta budista de que la liberación depende de la erradicación de la ignorancia.
Me parece interesante la perspectiva de Carl Jung. Creo que tiene cierto punto de contacto con la propuesta budista de que la liberación depende de la erradicación de la ignorancia.
Desde mi experiencia, el libre albedrío parece pertenecer al yo psicológico, no al Yo profundo. En los momentos de verdadera paz y ausencia de auto‑referencia, no hay sensación de elegir: la acción surge por sí misma, sin un “yo” que la reclame. En ese estado, la voluntad personal y la voluntad de lo Real no están en conflicto; son lo mismo.
Por eso, desde ese nivel, el libre albedrío deja de ser necesario.
Daido escribió: ↑14 Abr 2026 19:22Desde mi experiencia, el libre albedrío parece pertenecer al yo psicológico, no al Yo profundo. En los momentos de verdadera paz y ausencia de auto‑referencia, no hay sensación de elegir: la acción surge por sí misma, sin un “yo” que la reclame. En ese estado, la voluntad personal y la voluntad de lo Real no están en conflicto; son lo mismo.
Por eso, desde ese nivel, el libre albedrío deja de ser necesario.
Nu sé profesor Daido, desconozco el significado de esos conceptos, sólo sé acerca de la insatisfacción y cómo atenuarla mediante el desapego. Te sigo leyendo mon ami
Daido escribió: ↑14 Abr 2026 19:22Desde mi experiencia, el libre albedrío parece pertenecer al yo psicológico, no al Yo profundo. En los momentos de verdadera paz y ausencia de auto‑referencia, no hay sensación de elegir: la acción surge por sí misma, sin un “yo” que la reclame. En ese estado, la voluntad personal y la voluntad de lo Real no están en conflicto; son lo mismo.
Por eso, desde ese nivel, el libre albedrío deja de ser necesario.
Nu sé profesor Daido, desconozco el significado de esos conceptos, sólo sé acerca de la insatisfacción y cómo atenuarla mediante el desapego. Te sigo leyendo mon ami
El yo psicológico no es otra cosa que lo que llamamos yo, comunmente. ¿Cuando dices yo, que viene a tu mente? Ese es el "yo psicológico". En cuanto al yo profundo, es el verdadero Yo. Es lo que comunmente se llama la "experiencia de la iluminación". La experiencia, cuando sucede, sucede por sí misma, no porque se la busque. Pero comunmente, la experiencia se rechaza por miedo. La práctica de la meditación es para eso, para saber que debemos morir al pequeño yo (el yo psicológico). Desde el verdadero Yo, no hay libre albedrío sencillamente porque no hay nadie que lo tenga. Y, entonces, la acción surge por si misma.
La "voluntad de lo real" no es un nombre demasiado apropiado, pero no se me ocurre otro. No es la voluntad del pequeño yo, sino la voluntad de Dios, por así decir. ¿No has oído hablar nunca de la voluntad de Dios, que había que hacer la voluntad de Dios y todo eso? Bueno, pues no es Dios, sino el verdadero Yo. En ese estado, se hace siempre la voluntad de Dios. No hace falta ser cristiano para entender eso. Es la forma de hablar común en estas latitudes y todo el mundo lo entiende. La voluntad del pequeño yo y la del verdadero Yo son la misma en ese estado, por lo que no hay ninguna necesidad de libre albedrío. El libre albedrío es la voluntad del pequeño yo solamente. Así pues, si no hay pequeño yo, solo hay la voluntad de Dios. Puedes llamarlo determinismo, si quieres.
Por otro lado, ¿Qué es la insatisfacción? ¿Y, por qué dices que sabes como atenuarla con el desapego? ¿Quién es el que sabe? Tendrías que responder eso lo primero.
Daido escribió: ↑16 Abr 2026 22:15El yo psicológico no es otra cosa que lo que llamamos yo, comunmente. ¿Cuando dices yo, que viene a tu mente? Ese es el "yo psicológico". En cuanto al yo profundo, es el verdadero Yo. Es lo que comunmente se llama la "experiencia de la iluminación". La experiencia, cuando sucede, sucede por sí misma, no porque se la busque. Pero comunmente, la experiencia se rechaza por miedo. La práctica de la meditación es para eso, para saber que debemos morir al pequeño yo (el yo psicológico). Desde el verdadero Yo, no hay libre albedrío sencillamente porque no hay nadie que lo tenga. Y, entonces, la acción surge por si misma.
La "voluntad de lo real" no es un nombre demasiado apropiado, pero no se me ocurre otro. No es la voluntad del pequeño yo, sino la voluntad de Dios, por así decir. ¿No has oído hablar nunca de la voluntad de Dios, que había que hacer la voluntad de Dios y todo eso? Bueno, pues no es Dios, sino el verdadero Yo. En ese estado, se hace siempre la voluntad de Dios. No hace falta ser cristiano para entender eso. Es la forma de hablar común en estas latitudes y todo el mundo lo entiende. La voluntad del pequeño yo y la del verdadero Yo son la misma en ese estado, por lo que no hay ninguna necesidad de libre albedrío. El libre albedrío es la voluntad del pequeño yo solamente. Así pues, si no hay pequeño yo, solo hay la voluntad de Dios. Puedes llamarlo determinismo, si quieres.
Gracias por las explicaciones. Lo que sucede es que mi conceptualización del proceso es diferente. Si no hay apego no hay insatisfacción, sino libertad y paz. Y ya. Libre albedrío hay en todo el proceso, sin descartar la perspectiva de Jung.
Daido escribió: ↑16 Abr 2026 22:15Por otro lado, ¿Qué es la insatisfacción? ¿Y, por qué dices que sabes como atenuarla con el desapego?
La insatisfacción y su extinción mediante el desapego las explica el Buda en los suttas.
He aquí, bhikkhus, la Noble Verdad de la Insatisfacción: el nacimiento es insatisfacción, la vejez es insatisfacción, la enfermedad es insatisfacción, la muerte es insatisfacción; asociarse con lo que uno no ama es insatisfacción, separarse de lo que uno ama es insatisfacción, no obtener lo que uno desea es insatisfacción. En resumen, los cinco agregados del apego son insatisfacción.
Habiendo visto el peligro en el apego
Como origen del nacimiento y la muerte,
Siendo liberados mediante el desapego,
En la extinción del nacimiento y la muerte,
Aquellos felices han alcanzado la seguridad;
Han alcanzado el nibbana ya en esta vida.
Habiendo superado toda la enemistad y peligro,
Trascienden toda la insatisfacción.
Daido escribió: ↑16 Abr 2026 22:15¿Quién es el que sabe? Tendrías que responder eso lo primero.
El yo de la verdad convencional, que tú denominas 'psicológico'. Un yo que es transitorio, cambiante, pero no inexistente, y por tanto sujeto de derechos y merecedor de la máxima dignidad y consideración. Precisamente los tiranos de este mundo son los más interesados en reducir al ser humano a simple hojarasca arrastrada por el viento, sin existencia ni voluntad propia, para degradarlo como denunciaba Hans Küng a "pasto de bombas, fertilizante de la evolución o simple medio de producción para la sociedad."
Justo ayer un conocido me enviaba su ensayo académico, no directamente sobre este tema, pero que lo trata. Me ha parecido que la sincronicidad me pedía ponerlo aquí y es interesante ver como se alinea con al idea de atman y anatman:
1.2. La Modernidad y la Disolución Sistemática de la Excepción Humana
Con el advenimiento de la modernidad, esa sospecha se convierte en un diagnóstico sistemático y
geométrico. Baruch Spinoza, en su Ética demostrada según el orden geométrico, disolvió cualquier
excepción humana. Dios o la Naturaleza es una única sustancia infinita, eterna e indivisible, cuyas
modificaciones (los modos finitos, entre ellos el ser humano) siguen leyes necesarias e inmutables. La
voluntad no es una facultad autónoma; es solo un modo particular de esa sustancia, determinado por
causas previas que se extienden hasta el infinito. La ilusión de libertad nace simplemente de la
ignorancia: el hombre cree ser libre porque desconoce las causas que lo determinan, igual que una
piedra lanzada al aire creería que vuela por su propia voluntad si fuera consciente. Spinoza no niega la
experiencia de deliberar, pero la reduce a un efecto más dentro de la cadena causal, sin privilegio
ontológico alguno.
Arthur Schopenhauer, en el siglo XIX, llevó esta lógica al terreno de la psicología y la introspección
con una crudeza inolvidable. Examinando la conciencia desde dentro, concluyó que “el hombre puede
hacer lo que quiere, pero no puede elegir lo que quiere”. Los motivos actúan sobre la voluntad con
la misma necesidad con que la gravedad actúa sobre una piedra; la conciencia solo registra el resultado
una vez que la decisión ya se ha formado en niveles más profundos, inconscientes. La voluntad no es
racional ni libre: es un impulso ciego, un querer originario que precede a toda razón. La deliberación
consciente es un epifenómeno, no una causa primera.
1.3. El Cierre Experimental del Siglo XX y el Colapso Final
El siglo XX cerró el círculo con evidencia experimental que parecía irrefutable. Benjamin Libet y
sus sucesores midieron, mediante electroencefalogramas, que la actividad cerebral preparatoria (el
potencial de preparación) precede en varios cientos de milisegundos a la toma de conciencia de la
intención de actuar. Daniel Wegner, analizando una amplia gama de estudios psicológicos y
neurocientíficos, argumentó que la sensación de voluntad consciente es una narración retrospectiva
que el cerebro construye después de que la acción se ha iniciado en circuitos subcorticales.6 Sam Harris
sintetizó estos hallazgos con claridad: los pensamientos y deseos simplemente surgen en el campo de
la conciencia, sin que exista experiencia directa del acto mismo de “crearlos”; la voluntad consciente
es una ilusión útil, pero ilusión al fin.
Bajo el peso de este empirismo radical, todas las posturas tradicionales —libertaristas,
compatibilistas y deterministas duras— colapsan. Conceptualmente sigue siendo posible imaginar una
voluntad que interfiere en la cadena causal, pero no hay experiencia directa de esa interferencia. La
conciencia llega siempre tarde: registra el resultado, nunca el origen. En la práctica, la situación es
indistinguible de una cadena causal que se despliega sin intervención voluntaria alguna. Lo más
revelador es que este colapso pone al descubierto que toda la discusión previa presuponía de antemano
la existencia de un agente sustancial que sería el portador de esa voluntad. Sin ese presupuesto tácito,
la pregunta misma por el libre albedrío pierde su punto de apoyo. La duda empírica obliga, pues, a
desplazar la mirada hacia ese supuesto agente y a preguntarse si alguna vez ha sido encontrado o
simplemente asumido.
El autor es Pablo Delgadillo y el texto completo es muy interesante.