SER UN ERMITAÑO EN EL SIGLO XXI (EL INCREIBLE CASO DE C. KNIGHT)
Publicado: 28 Dic 2022 10:02
Esta noticia de medios generalistas me llamó la atención, da que pensar, pongo solamente fragmentos:
Era el 4 de abril de 2013 y había pasado 27 años viviendo en un campamento oculto en un paraje conocido como Little North Pond o Little Pond, a secas. Tenía 20 cuando se alejó del mundo. En todo el tiempo que pasó escondido en la vegetación, pronunció una única palabra tras un encontronazo con dos tipos: «Hola». Ese fue también el único contacto humano que mantuvo desde que dejó atrás la civilización.
Hay dos cuestiones especialmente fascinantes en esta historia. En primer lugar, Knight no ha sido capaz nunca de explicar por qué tomó la decisión de abandonar la sociedad. En segundo lugar, regresó a ella por la fuerza tras ser apresado por el sheriff sin ninguna enseñanza, nada de lo que alardear, ninguna conclusión o destilado de sabiduría con el que poner la guinda narcisista a un encierro tan prolongado, el más largo sin contacto humano del que se tiene conocimiento. Cuando Mike le preguntó qué clase de verdad profunda se le manifestó en el bosque, Knight «se sentó en silencio, pensativo, furioso o ambas cosas» y, como si fuera un gran místico a punto revelar el contenido de una epifanía, dijo: «Duermes suficientes horas».
Knight no supo explicarle nunca al periodista qué le ocurrió en el bosque. Probablemente ni se lo preguntó a sí mismo y, si en verdad se interrogó acerca de ello, no parecía especialmente interesado en hablar sobre sus conclusiones. «Es complicado —le dijo a Finkel—. La soledad favorece las cosas valiosas. No puedo descartar esa idea. La soledad aumentó mi percepción. Pero aquí se complica el asunto: cuando me apliqué a mí mismo esa percepción mejorada, perdí mi identidad. No tenía público, nadie para quien actuar. No necesitaba definirme. Me volví irrelevante. Mis deseos se desvanecieron. No deseaba nada. Ni siquiera tenía nombre. Por decirlo de forma romántica, era completamente libre«.
«Prácticamente todo el mundo que ha escrito sobre la soledad profunda ha dicho una versión de lo mismo», sostiene el reportero norteamericano. «Estando solo, la percepción del tiempo y las fronteras se desdibujan. Estas sensaciones las han descrito los ascetas del cristianismo temprano, los monjes budistas, los trascendentalistas y los chamanes, los startsy rusos, los hijiri japoneses, los aventureros solitarios, los nativos americanos y los inuit en las búsquedas de visión», afirma.
«Merton escribe que el verdadero solitario no se busca a sí mismo, se pierde. Esta pérdida del yo es precisamente lo que Knight experimentó en el bosque. En público, siempre llevamos una máscara social, una presentación al mundo. Incluso cuando estamos solos y nos miramos al espejo, estamos actuando, y esa es una de las razones por las que Knight no tenía espejos en el campamento. Se desprendió de todo artificio; se convirtió en nadie y en todos», añade.
De hecho, no usaba un espejo ni tan siquiera para afeitarse, de modo que cuando el sheriff consiguió atraparle, el ermitaño no sabía ni qué rostro tenía; había perdido el sentido de la autoimagen. «Definitivamente, coincido contigo en que alcanzó una especie de estado de budeidad y de disolución del ego», añade Finkel. «Aunque, si se lo preguntáramos a él, diría que no debido a las connotaciones de divinidad de una afirmación así».
«El ser humano ha buscado la soledad en todas las épocas y culturas, y por ese afán algunos han sido venerados y otros repudiados», afirma Finkel. «Ninguno de estos ermitaños estuvo retirado durante tanto tiempo como Knight, al menos no sin la ayuda de asistentes o sin recluirse en un convento o monasterio, como hicieron los padres y madres del desierto», añade. «Puede que hayan existido, o que aún existan ermitaños que estén más escondidos que Knight, pero, de ser así, nunca se han encontrado. Capturar a Knight fue el equivalente humano a atrapar un calamar gigante. Se podría decir que Christopher es la persona más solitaria que se conoce en la historia de la humanidad», reflexiona.
Tras su detención, Knight aseguró que su escapada no debería tomarse como una crítica a la vida moderna. «No estaba juzgando conscientemente a la sociedad o a mí mismo. Solo elegí un camino diferente». Una vez ya en la cárcel, al ermitaño le preocupaba que le llamaran loco, porque esa es la clase de etiqueta que imposibilita una respuesta. Un psicólogo forense del Estado de Maine ofreció tres diagnósticos: síndrome de Asperger, depresión y un posible trastorno esquizoide de la personalidad. Jocosamente, un experto en autismo, Stephen M. Edelson, aventuró algo más osado. «Le diagnostico eremitismo», dijo.
Knight fue condenado a siete meses de prisión, que ya había cumplido en preventiva para cuando fue hecha pública su sentencia. Luego regresó a la casa de su familia. Finkel logró hablar con él en una ocasión, pero, tras la publicación del libro, desconoce qué ha sido de su vida. «¿Crees que fue feliz mientras anduvo solo por los bosques?», le pregunto. «Yo no diría que fue feliz», me dijo. «Esa es la clase de palabra que a él no le gustaría usar. En cierta ocasión, me corrigió y me dijo que estaba contento» [quizá es content en inglés que es más bien satisfecho, contenido]
Jamás sintió el impulso de escribir para ensanchar su ego. Puestos a compararse con alguien, él se ve más reflejado en Robinson Crusoe, aunque este tuviera a Viernes y no batiera su marca temporal de aislamiento. La ocupación en la vida del ermitaño de Little Pond era vivir. Él nunca lo expresó de una manera explícita y Finkel aparcó deliberadamente en su libro cualquier forma de especulación pero, con los datos que tenemos, bien podría aventurarse que Knight se fue a vivir al bosque porque no tenía nada mejor que hacer fuera de él.
Knight no era un santo, vivió 27 años robando casas del bosque pero sin contacto con la humanidad y jamás dañó a nadie.
Era el 4 de abril de 2013 y había pasado 27 años viviendo en un campamento oculto en un paraje conocido como Little North Pond o Little Pond, a secas. Tenía 20 cuando se alejó del mundo. En todo el tiempo que pasó escondido en la vegetación, pronunció una única palabra tras un encontronazo con dos tipos: «Hola». Ese fue también el único contacto humano que mantuvo desde que dejó atrás la civilización.
Hay dos cuestiones especialmente fascinantes en esta historia. En primer lugar, Knight no ha sido capaz nunca de explicar por qué tomó la decisión de abandonar la sociedad. En segundo lugar, regresó a ella por la fuerza tras ser apresado por el sheriff sin ninguna enseñanza, nada de lo que alardear, ninguna conclusión o destilado de sabiduría con el que poner la guinda narcisista a un encierro tan prolongado, el más largo sin contacto humano del que se tiene conocimiento. Cuando Mike le preguntó qué clase de verdad profunda se le manifestó en el bosque, Knight «se sentó en silencio, pensativo, furioso o ambas cosas» y, como si fuera un gran místico a punto revelar el contenido de una epifanía, dijo: «Duermes suficientes horas».
Knight no supo explicarle nunca al periodista qué le ocurrió en el bosque. Probablemente ni se lo preguntó a sí mismo y, si en verdad se interrogó acerca de ello, no parecía especialmente interesado en hablar sobre sus conclusiones. «Es complicado —le dijo a Finkel—. La soledad favorece las cosas valiosas. No puedo descartar esa idea. La soledad aumentó mi percepción. Pero aquí se complica el asunto: cuando me apliqué a mí mismo esa percepción mejorada, perdí mi identidad. No tenía público, nadie para quien actuar. No necesitaba definirme. Me volví irrelevante. Mis deseos se desvanecieron. No deseaba nada. Ni siquiera tenía nombre. Por decirlo de forma romántica, era completamente libre«.
«Prácticamente todo el mundo que ha escrito sobre la soledad profunda ha dicho una versión de lo mismo», sostiene el reportero norteamericano. «Estando solo, la percepción del tiempo y las fronteras se desdibujan. Estas sensaciones las han descrito los ascetas del cristianismo temprano, los monjes budistas, los trascendentalistas y los chamanes, los startsy rusos, los hijiri japoneses, los aventureros solitarios, los nativos americanos y los inuit en las búsquedas de visión», afirma.
«Merton escribe que el verdadero solitario no se busca a sí mismo, se pierde. Esta pérdida del yo es precisamente lo que Knight experimentó en el bosque. En público, siempre llevamos una máscara social, una presentación al mundo. Incluso cuando estamos solos y nos miramos al espejo, estamos actuando, y esa es una de las razones por las que Knight no tenía espejos en el campamento. Se desprendió de todo artificio; se convirtió en nadie y en todos», añade.
De hecho, no usaba un espejo ni tan siquiera para afeitarse, de modo que cuando el sheriff consiguió atraparle, el ermitaño no sabía ni qué rostro tenía; había perdido el sentido de la autoimagen. «Definitivamente, coincido contigo en que alcanzó una especie de estado de budeidad y de disolución del ego», añade Finkel. «Aunque, si se lo preguntáramos a él, diría que no debido a las connotaciones de divinidad de una afirmación así».
«El ser humano ha buscado la soledad en todas las épocas y culturas, y por ese afán algunos han sido venerados y otros repudiados», afirma Finkel. «Ninguno de estos ermitaños estuvo retirado durante tanto tiempo como Knight, al menos no sin la ayuda de asistentes o sin recluirse en un convento o monasterio, como hicieron los padres y madres del desierto», añade. «Puede que hayan existido, o que aún existan ermitaños que estén más escondidos que Knight, pero, de ser así, nunca se han encontrado. Capturar a Knight fue el equivalente humano a atrapar un calamar gigante. Se podría decir que Christopher es la persona más solitaria que se conoce en la historia de la humanidad», reflexiona.
Tras su detención, Knight aseguró que su escapada no debería tomarse como una crítica a la vida moderna. «No estaba juzgando conscientemente a la sociedad o a mí mismo. Solo elegí un camino diferente». Una vez ya en la cárcel, al ermitaño le preocupaba que le llamaran loco, porque esa es la clase de etiqueta que imposibilita una respuesta. Un psicólogo forense del Estado de Maine ofreció tres diagnósticos: síndrome de Asperger, depresión y un posible trastorno esquizoide de la personalidad. Jocosamente, un experto en autismo, Stephen M. Edelson, aventuró algo más osado. «Le diagnostico eremitismo», dijo.
Knight fue condenado a siete meses de prisión, que ya había cumplido en preventiva para cuando fue hecha pública su sentencia. Luego regresó a la casa de su familia. Finkel logró hablar con él en una ocasión, pero, tras la publicación del libro, desconoce qué ha sido de su vida. «¿Crees que fue feliz mientras anduvo solo por los bosques?», le pregunto. «Yo no diría que fue feliz», me dijo. «Esa es la clase de palabra que a él no le gustaría usar. En cierta ocasión, me corrigió y me dijo que estaba contento» [quizá es content en inglés que es más bien satisfecho, contenido]
Jamás sintió el impulso de escribir para ensanchar su ego. Puestos a compararse con alguien, él se ve más reflejado en Robinson Crusoe, aunque este tuviera a Viernes y no batiera su marca temporal de aislamiento. La ocupación en la vida del ermitaño de Little Pond era vivir. Él nunca lo expresó de una manera explícita y Finkel aparcó deliberadamente en su libro cualquier forma de especulación pero, con los datos que tenemos, bien podría aventurarse que Knight se fue a vivir al bosque porque no tenía nada mejor que hacer fuera de él.
Knight no era un santo, vivió 27 años robando casas del bosque pero sin contacto con la humanidad y jamás dañó a nadie.