Mi amigo John Welwood, el psicólogo que acuñó el término evasión espiritual.
Debo admitir que al principio yo también me servía de la meditación para escapar del enredo del conflicto relacional en mi pasado.
Ponía mucho esmero en mis sesiones de meditación. Desarrollé amplias facultades de concentración, lo que en retiros intensivos daba origen a estados de increíble paz y arrobamiento. Me sentía orgulloso de mis logros.
Pero cuando los retiros terminaban, pronto me daba cuenta de que no era más feliz. Me desilusionaba descubrir que las heridas sin sanar, los traumas sin explorar y los conflictos de mi vida continuaban esperándome cuando volvía a casa.
La concentración intensa no produce lucidez por sí misma.
Durante los retiros, me agradan los encuentros individuales con participantes en los que ellos comparten sus experiencias de meditación. La personalidad de Margie juzga con aspereza su práctica de meditación e insiste en que nunca nadie había meditado tan mal como ella. Barry tiene una evidente sensación de superioridad e intenta hacerlo todo con un poco más de atención que los demás. Jasón llena sus diarios de brillantes ideas, pesadas anécdotas humorísticas y una “cadena dorada” de percepciones, en lugar de meditar caminando. Jeanette se pierde en la indecisión, en el pensamiento de todo o nada. Charlotte admite que se escabulle del retiro para ir a comprar helado, ya que su personalidad insiste en que necesita una pausa. Jeremiah se queja de que la meditación no le ayuda a resolver las dificultades de relación con su esposa.
Yo soy todos ellos.
Yo he tenido que equilibrar la práctica espiritual con una buena psicoterapia, trabajo somático, orientación del dolor y otros medios de exploración.
Hoy en día me refiero a mi práctica de conciencia plena como “una práctica de intimidad”. A nosotros mismos, a los demás y a la muerte no podemos conocerlos de lejos; esta tarea es próxima y personal.
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