La meditación zen experimentada paso a paso

Budismo zen, budismo tibetano...
Daido
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La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

Ateniéndome a la sugerencia del mantenedor de estos foros, el muy venerable @Ananda clap2 , a quien todos debemos más de lo que nunca pagaremos (porque a la hora de pagar, todo el mundo mira para otro lado, y hace como que no ha oído), me propongo empezar (que no acabar) un tema que, tal vez (solo tal vez) puede servir de algo a alguien, y ese tema, no se me ocurre que sea otro que el título del foro: La meditación zen experimentada paso a paso.

Ese título es precisamente el título del libro que publiqué (hubo otros, pero ese es el que parece que tuvo más acogida en su momento, hoy está bajo mínimos, aunque es normal, los libros se pasan de moda, y dejan de venderse, como no sean los de alguien que pega el pelotazo de su vida y vende millones, que no suele haber término medio: o miseria pura, o millones). Con todo, y bromas a parte: de decir algo sobre la meditación zen, más vale decirlo todo, y como eso es lo que conté en ese libro, lo que haré estará basado en ese libro.

Esto no es un sitio para publicar un libro, lo sé. Además, el libro está publicado, y no necesita republicarse (curiosa palabreja LOL ) Lo que haremos será ir colgando cosas de ese libro, dado que, como lo tengo en formato Word, puedo ir haciendo con solo cogerlo y mirarlo. No tengo por qué escribir de nuevo lo que tengo ya escrito, ¿verdad? Mis ideas sobre la práctica del zen han quedado más o menos fijas desde que lo escribí, y no veo que haya nada con lo que no esté de acuerdo. Y lo que ya está pensado y escrito, no vamos a volverlo a pensar y escribir: ¡Qué paliza sería! :( .

A si que, he llegado a la conclusión de que podemos ir poniendo un capítulo (son cortos) y esperar, hasta que el artículo pase de moda. Y entonces, ponemos otro, y así sucesivamente. Esto me dará ocasión de contrastar mi visión de la meditación con la de los demás, puesto que yo solo pondré aquí aquello que, tras décadas de práctica, llegué a contemplar como MI forma de practicar. Y lo escribí, (como muchos otros que han escrito sus historias sobre el zen), como una manera de poner ahí lo que había aprendido, por si (¿Quién sabe?), podía servir a otros a aclararse un poco. De modo que así queda dicho. Y si nos aburrimos, con dejarlo, todos contentos. ¡Y yo el primero! :D

Bueno, empezaremos el próximo día. Esto es solo la declaración de intenciones.

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Ananda
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Ananda »

Muy agradecido amigo @Daido por la iniciativa. Es un privilegio que alguien con DÉCADAS de práctica budista en su haber se decida a compartir su experiencia. Precisamente la mejor contribución al mantenimiento del foro es la que hacéis los foreros, compartir vuestros conocimientos en beneficio de los usuarios y lectores presentes y futuros thumbsupp

En gassho ada123123
Citta, éstas son simples designaciones, el mundo de las expresiones, el mundo de las formas de hablar con las cuales el Tathagata se expresa pero sin asirse a ellas. Buda, DN 9 Potthapāda Sutta.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

Prefacio

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Tras escribir el libro que titulé Más Allá del Satori, escribí a un gran número de editoriales, aunque solo dos se interesaron por el manuscrito. Pero después de enviárselo, no contestaron siquiera, de modo que decidí publicarlo en Kindle, donde está con ese nombre y por el módico precio de 2,99 euros (no podía ponerlo gratis, por motivos que ignoro) Lo cierto es que el libro está allí muerto de risa, y no creo que se convierta en un best seller, pero debo decir que, hasta cierto punto, encuentro cierta satisfacción en saber que se encuentra en un lugar “seguro”.

Tengo que decir algo aquí, acerca de esa copia que envié a Kindle: no es la que yo pretendía enviar. En realidad quería enviar la copia revisada para una de las editoriales, cuyo manager manifestó un interés aparente en publicar el libro, pero con la condición de que no excediera las 150 páginas. Yo envié esa copia a Kindle, pero por extraños motivos recibí un email diciendo que el libro que pretendía publicar tenía cosas que se encontraban en Internet ya publicadas, por lo que debía demostrar mis derechos de autor o retirarlo (de lo contrario se me borraría la publicación, y se me impediría que publicase nada más en el futuro) Dadas las circunstancias, envié la copia original, que tiene la nada desdeñable cifra de 230 páginas. Realmente, creo que los posibles lectores tendrán que hacer un esfuerzo para terminarlo, pero ¡qué caramba!, quizás valga la pena. Y al fin y al cabo, la primera idea es la que vale, de modo que prefiero haber puesto la primera copia, la que corresponde a mi idea original.

Pero estamos en otro libro, ahora. El que se titula “La meditación Zen experimentada paso a paso. Vamos a ello.

(Entre paréntesis, diré aquí, que hace ya mucho tiempo que empecé a meditar (quizás treinta y cinco años, en el momento de publicar el libro, y cuarenta y pico en el momento de ponerlo en este foro) y en la actualidad (estando ya retirado de mi trabajo de profesor de Instituto) forma parte de mi modo de vida. Medito varias horas al día, habitualmente, y paso muchos meses al año solo, en una cabaña en los Pirineos, por lo que estoy ciertamente habituado a la práctica de la meditación. Todo lo que escribo aquí, está por tanto corroborado por mi experiencia personal, y no digo nada que no haya comprobado por mí mismo)

(Continuará)
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Upasaka
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Upasaka »

Daido escribió: 11 Jun 2021 21:50 Ateniéndome a la sugerencia del mantenedor de estos foros, el muy venerable @Ananda clap2 , a quien todos debemos más de lo que nunca pagaremos (porque a la hora de pagar, todo el mundo mira para otro lado, y hace como que no ha oído), me propongo empezar (que no acabar) un tema que, tal vez (solo tal vez) puede servir de algo a alguien, y ese tema, no se me ocurre que sea otro que el título del foro: La meditación zen experimentada paso a paso.

Ese título es precisamente el título del libro que publiqué (hubo otros, pero ese es el que parece que tuvo más acogida en su momento, hoy está bajo mínimos, aunque es normal, los libros se pasan de moda, y dejan de venderse, como no sean los de alguien que pega el pelotazo de su vida y vende millones, que no suele haber término medio: o miseria pura, o millones). Con todo, y bromas a parte: de decir algo sobre la meditación zen, más vale decirlo todo, y como eso es lo que conté en ese libro, lo que haré estará basado en ese libro.

Esto no es un sitio para publicar un libro, lo sé. Además, el libro está publicado, y no necesita republicarse (curiosa palabreja LOL ) Lo que haremos será ir colgando cosas de ese libro, dado que, como lo tengo en formato Word, puedo ir haciendo con solo cogerlo y mirarlo. No tengo por qué escribir de nuevo lo que tengo ya escrito, ¿verdad? Mis ideas sobre la práctica del zen han quedado más o menos fijas desde que lo escribí, y no veo que haya nada con lo que no esté de acuerdo. Y lo que ya está pensado y escrito, no vamos a volverlo a pensar y escribir: ¡Qué paliza sería! :( .

A si que, he llegado a la conclusión de que podemos ir poniendo un capítulo (son cortos) y esperar, hasta que el artículo pase de moda. Y entonces, ponemos otro, y así sucesivamente. Esto me dará ocasión de contrastar mi visión de la meditación con la de los demás, puesto que yo solo pondré aquí aquello que, tras décadas de práctica, llegué a contemplar como MI forma de practicar. Y lo escribí, (como muchos otros que han escrito sus historias sobre el zen), como una manera de poner ahí lo que había aprendido, por si (¿Quién sabe?), podía servir a otros a aclararse un poco. De modo que así queda dicho. Y si nos aburrimos, con dejarlo, todos contentos. ¡Y yo el primero! :D

Bueno, empezaremos el próximo día. Esto es solo la declaración de intenciones.

eq341
ada123123
Gracias Daido. Quería al menos mostrar sumar agradecimiento a tus palabras de la introducción.
Y como no, también a tus aportes fundados en la gran experiencia que procesas y te avalan.
Los leeré con sumo interés respetuosamente apartado a un lado, no dudando sacar fruto de tal sabiduría.
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...Aquellos que están atentos no mueren,
los desatentos son como si ya estuvieran muertos. V. 21 Cap.II Dhp
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

Bueno @Upasaka , se agradece, pero no hay que exagerar :D :D :D

eq341
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

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¿Espalda derecha…?




Durante cuarenta y pico años he venido sentándome en meditación, al estilo budista. Siempre lo he hecho sentado en un cojín, con las piernas cruzadas, en una postura que intentaba aproximarse al loto, o, al menos, al medio loto. La postura del loto es hoy una postura muy difundida en occidente, por lo que no es necesario comentar mucho sobre ella, y la del medio loto es como la anterior, pero con una pierna reposando en el suelo, y la otra sobre la primera. Hay otras posibles posiciones de meditación, con ambas piernas reposando en el suelo (conocida como la postura birmana) o bien, sentados de rodillas, con las nalgas sobre uno o varios cojines (postura que se aproxima a la llamada postura seiza, en japonés, con la diferencia de que ellos se sientan sobre los talones sin la ayuda de ningún cojín)

Pero muchas personas que se interesan hoy en día por la meditación, no pueden tampoco sentarse de esa manera, por lo que existe la posibilidad de usar un banquito de meditación, el cual permite estar sentado de rodillas con relativa comodidad. Esta manera de sentarse, se ha hecho bastante popular entre los monjes cristianos, tanto católicos como ortodoxos, y yo mismo he visto a algunos sentarse de ese modo cuando oran. Pero a los que no pueden sentarse así, no les queda otro remedio que recurrir a una silla ergonómica, o a una silla normal. No puedo decir nada ni a favor ni en contra de los banquitos o sillas, pues nunca los he usado para meditar. Por regla general, yo me siento en la postura del medio loto (a veces me siento en la del loto, que puedo hacer con bastante comodidad)

Dogen, el maestro zen japonés del siglo XIII, especifica como sentarse de un modo muy detallado, en un texto llamado el Fukanzazenji:

En el sitio donde tenéis la costumbre de sentaros, extended una alfombrilla de paja y poned el zafu encima. Sentaos en loto o en medio loto. En la postura del loto, poned primero el pie derecho sobre el muslo izquierdo y el pie izquierdo sobre el muslo derecho. Cuidad de aflojar vuestra ropa y vuestro cinturón, arreglándolos convenientemente. Poned entonces la mano derecha sobre el pie izquierdo y la mano izquierda dirigida hacia arriba sobre la mano derecha; los extremos de los pulgares se tocan. Sentáos bien rectos, en la actitud corporal correcta, ni basculada a la izquierda, ni basculada a la derecha, ni hacia delante, ni hacia atrás. Tened cuidado de que las orejas estén en el mismo plano que los hombros y que la nariz esté en la misma línea vertical que el ombligo. Poned la lengua pegada al paladar; la boca está cerrada; los dientes se tocan. Los ojos deben quedar siempre abiertos, y debéis respirar suavemente por la nariz.

Continúa luego diciendo:

Los ojos deben quedar siempre abiertos, y debéis respirar suavemente por la nariz. Cuando habéis conseguido la postura correcta, respirad profundamente una vez, inspirad y expirad. Basculad el cuerpo de derecha a izquierda e inmovilizaros en una posición sentada estable. Pensad el no pensar. ¿Cómo se piensa el no pensar? Más allá del pensamiento (Hishiryo). Esto es en sí mismo el arte esencial del Zazen.

Las últimas palabras, pensad el no pensar, han sido y son un completo misterio para mí (y creo que para casi todo el mundo). Pero no es este el tema que me preocupa, hoy en día, pues carece por completo de interés para mí, actualmente, encontrar un modo para ir más allá del pensamiento. (Tal método no existe, y estoy convencido de ello). Por tanto, ¿en qué consiste el zen, después de todo, si una de las mayores autoridades reconocidas hoy en día, Dogen, nos pide que hagamos algo que nadie ha sido ni será jamás capaz de realizar? Si uno lo considera honestamente, estará conmigo en que pensar el no pensar, es algo que está más allá de nuestros esfuerzos. Ningún ser humano, haga o no haga zazen, puede ir más allá del pensamiento voluntariamente. Por tanto, el zazen queda seriamente puesto en entredicho (al menos, tal y como lo describe Dogen)

Pero no es mi intención ir tan lejos, al menos en este momento. Quisiera quedarme en la postura de zazen. “Sentaos bien rectos” dice Dogen. ¿Qué significa esto exactamente? La espalda tiene una forma natural que no es recta, pues tiene una curvatura hacia dentro en la zona lumbar, y otra al contrario en la cervical. No es una línea recta, sino más bien una S de suave curvatura. No podemos sentarnos rectos, por ello. También en este punto, Dogen deja las cosas sin aclarar.

Si uno desea realizar una pequeña investigación sobre lo que hoy en día se dice sobre la postura de zazen, puede ir a la red y encontrará expresiones como esta (tomada de las instrucciones para sentarse en el Kyoto Kokusai Zendo, que es un templo Rinzai que conozco, en Japón, pues he pasado allí varias temporadas cortas): “Se mantiene la espalda recta y se sienta uno como una torre de piedra” La idea de una torre de piedra, sin embargo, no me parece la más adecuada pare referirnos a la espalda de alguien que se sienta a meditar. Es evidente que no estamos hechos de piedra, sino de carne y hueso, y además, no somos torres. Por ello, estas instrucciones se me antojan bastante inapropiadas.

Continuando con este pequeño estudio, me fijo ahora en las instrucciones para el zazen que se dan en la escuela de Taishen Desimaru (un centro zen Soto). En ellas se dice:

“La pelvis se bascula hacia delante a nivel de la quinta vértebra lumbar y a partir de este punto la columna vertebral se endereza con la espalda bien recta y los hombros que caen naturalmente”

La idea básica es empujar las vértebras lumbares hacia adentro, y entonces la espalda se endereza a partir de ahí. La idea no me parece mala, y es el modo en que siempre he intentado sentarme. Las posturas de los budas de metal, son más o menos todas así: figuras totalmente derechas. La diferencia entre un buda y nosotros, sin embargo, es evidente: Nosotros, no estamos hechos de metal. No podemos quedarnos inmóviles como un buda de metal. Las instrucciones continúan así:

“La nuca y la cabeza están rectas, el mentón entrado. Las orejas están en el mismo plano que los hombros y la nariz en el eje del ombligo”.

Es la idea básica que proviene de Dogen, y no hay nada nuevo por tanto.

Otro punto importante, es el de las manos:

“Reunimos las manos contra el vientre a la altura del ombligo, con las palmas hacia arriba, la mano izquierda sobre la mano derecha. Los dos pulgares están en contacto y forman una línea recta. Los antebrazos y los codos no están pegados al cuerpo”.

En la escuela Rinzai dan la posibilidad de poner la mano izquierda sobre la derecha, de una manera en que los dedos pulgares no se tocan, la cual, desde mi punto de vista tiene la ventaja clara sobre la otra, de que los pulgares pueden relajarse, lo que (como veremos enseguida) es una parte esencial de la meditación: el relajarse.
¿Es posible relajarse del modo en que se describe la postura en el Zen? No, no es posible relajarse completamente. En la postura que se recomienda, se dice que la espalda esté completamente recta, partiendo de la quinta vértebra lumbar. Aunque luego se dice que los hombros deben relajarse, la zona lumbar no está en absoluto relajada. Si así fuera, la espalda se encorvaría, y eso es considerado en el Zen como algo muy poco conveniente.
De hecho, la persona que pasa con el kyosaku, el bastón con el que se pega en los hombros a los practicantes (cuando lo piden, por regla general) usa el bastón para enderezar la espalda de aquellos que se han encorvado. Una vez que el kyosaku se pone en vertical, la espalda adquiere en efecto la forma indicada, con las lumbares empujando hacia dentro (lo que produce de inmediato una salida del vientre hacia afuera) Pero en esa postura no podemos permanecer por largo tiempo, por más que nos esforcemos. Es completamente imposible que, lo hagamos, y además, sería muy poco beneficioso para la meditación, y veremos por qué en los próximos capítulos.

(Continuará)
Última edición por Daido el 14 Jun 2021 09:57, editado 1 vez en total.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

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¿…o espalda relajada?




Lo cierto es que en occidente se ha generalizado la idea de que sentarse a hacer zazen implica una espalda derecha, casi rígida. Se ha generalizado hasta el punto de que, decir lo contrario, parece herético. Todo esto proviene de la descripción que da Dogen en el Shobogenzo, que cité anteriormente. Sin embargo, Dogen comete un enorme error al decir que la espalda tiene que estar totalmente derecha. La espalda debe estar relajada, la mitad del tiempo, y solo la otra mitad, debe enderezarse hasta la verticalidad. Si uno pretende quedarse completamente vertical, todo el tiempo que dura la sentada, comete un error serio, pues de ese modo, al tener los músculos tensados todo el tiempo, la relajación se hace imposible, y la meditación es un mero ejercicio físico.

Pero la relajación es muy importante, durante la meditación. Sin relajación, la sensación que se tiene es, algo así, como estar empujando un muro. Lo único que conseguimos es cansarnos, pues el muro no se mueve ni un milímetro. Muchos maestros de la escuela Soto (especialmente los occidentales) toman las palabras de Dogen en el Fukanzazenji (“Sentáos bien rectos, en la actitud corporal correcta”) de un modo literal. Hablan, por ejemplo, de tono muscular justo, refiriéndose a que la postura debe tener cierta tensión muscular. Insisten fuertemente en que los pulgares deben estar tocándose en línea recta, y las manos colocadas en contacto con el vientre.

Tengo que decir aquí claramente, que la idea de que los pulgares deben estar tocándose de manera que estén en línea recta, es contraria a la práctica de la meditación. Los pulgares pueden estar en cualquier posición, siempre que estén relajados. Las manos se colocan sobre el regazo, eso es correcto, pero los pulgares deben estar totalmente relajados, al igual que el resto del cuerpo. Por supuesto, las manos no estarán necesariamente en contacto con el vientre, sino ligeramente alejadas de él. No hay el menor problema en ello. Las manos tienen que estar relajadas, insisto.

También la espalda tiene que relajarse gran parte del tiempo, y eso implica que los músculos lumbares no están en tensión. Estos músculos, al igual que el resto, se relajan completamente, y deben permanecer de ese modo durante la mitad del tiempo (la otra mitad, de manera intercalada, estos músculos se tensan, como explicaré más tarde). La postura, por tanto no adquiere la verticalidad de una torre de piedra, en modo alguno, ni nos pareceremos a una estatua de buda. Esto no significa, sin embargo, que debamos permitir que la espalda se derrumbe completamente, y que la cabeza cuelgue hacia delante. Si tuviésemos un libro sobre ella, el libro no debería caerse en ningún momento.

Para evitar que esto suceda, es por lo que debemos usar uno o más cojines. Los cojines, a ser posible, deben ser firmes, rellenos de miraguano. Pero se puede usar un cojín redondo rellenado con miraguano, apoyado sobre otro cuadrado, relleno de ese mismo material u otro similar. El cojín redondo, apoyado sobre el otro, se encuentra en la inclinación que resulte la más adecuada para que nuestras nalgas reciban el apoyo necesario para que la postura adquiera la verticalidad suficiente. Para que esta verticalidad sea la adecuada, debemos tener en cuenta que la pelvis debe estar suficientemente elevada por encima de las rodillas, como para que la curvatura de la espalda no sea más que la estrictamente necesaria. No debemos sentir, en ningún caso, que la cabeza se nos “cae” hacia delante. La cabeza (y esto es importante) debe estar en la vertical.

Los hombros estarán totalmente relajados, y los brazos cayendo por su propio peso. Las manos, por supuesto, estarán en la posición que les resulte natural. Habrá casos (pocos) en que la posición natural de las manos será pegada al bajo vientre (el hara) pero lo más habitual será que las manos estén algo por delante. Los dedos estarán relajados, incluyendo los pulgares. De hecho, no deberíamos preocuparnos en lo más mínimo sobre cuál es la posición de los dedos, una vez que estos se relajen.

La forma de la espalda estará ligeramente arqueada, evidentemente. No puede ser de otro modo, por la sencilla razón de que lo único que hace que la espalda se mantenga erguida, son las piernas. La forma en que las piernas actúan del modo más efectivo para bascular la espalda sin que esta se arquee en exceso, es cuando estas se cruzan en la posición del loto. Si se cruzan en la posición del medio loto, será necesario levantar más las nalgas, con la ayuda de los cojines de meditación. Si nos sentamos en otras posturas, habrá que estudiar cuidadosamente cual es la manera más apropiada de permanecer derechos, y sin tensión.

Lo cierto es que, en cierto momento, la espalda queda perfectamente equilibrada y puede relajarse en la verticalidad, sin ninguna tensión muscular. Si uno pone la debida atención, descubrirá que el punto de equilibrio, donde se apoya ahora una parte considerable del peso corporal, son precisamente las nalgas. Esto hace que con el paso del tiempo, durante la sentada, se produzca un cierto entumecimiento en esa zona del cuerpo. También le sucede a los músculos de la espalda, que se encuentran relajados, pero sienten como si se tirase de ellos externamente, cual si de cables interiores se tratase. Esto es así, debido a que el equilibrio de todo el cuerpo, se produce estirando los músculos de la espalda, en vez de tensándolos.

Debido a esta sensación de entumecimiento, puede sentirse de vez en cuando la necesidad de tensar de manera periódica los músculos lumbares, poniéndonos en la postura completamente vertical que sugiere Dogen. Durante un tiempo que puede oscilar entre unos pocos segundos y unos minutos, uno siente la tensión de los músculos lumbares como un gran placer. Incluso siente que la tensión produce algún tipo de energía física (lo cual es así, de hecho) que tonifica todo nuestro cuerpo (y tiene efectos sobre nuestra actividad mental, también) Mientras sintamos estos efectos benéficos, es muy recomendable continuar con esa tensión muscular, pero cuando empecemos a ver que la tensión, en vez de resultarnos cómoda, nos produce cansancio y malestar, uno afloja de inmediato la tensión y vuelve a relajar completamente los músculos de la espalda.

Al hacerlo, comprobamos de inmediato una sensación de bienestar que invade todo el cuerpo (y la mente), lo que se traduce en una o varias respiraciones tranquilas, que producen un cambio en nuestro estado de ánimo, como si la relajación fuese algo delicioso. Ese estado es algo que nos trae un gran número de beneficios, sobre los cuales hablaré en los próximos capítulos.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

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La concentración como un obstáculo




Habrá personas que, con razón, se preguntarán ¿con que autoridad escribe este, sobre algo que concierne únicamente a los maestros? ¿No son ellos los encargados de decidir sobre la postura? ¿Es acaso un maestro, este que escribe aquí? No, no lo soy. En el pasado estuve años siguiendo el llamado entrenamiento zen, como se concibe en ciertas escuelas (casi todas occidentales), pasando las colecciones de koans, y cosas por el estilo. El supuesto entrenamiento me empujó hacia un modo de práctica, hoy veo, que no es ni necesario, ni conveniente siquiera. El “entrenamiento” zen es en Occidente una especie de programa de estudios, donde el que lo recibe se coloca en una posición de total sumisión frente al que lo dirige. El programa incluye, por supuesto, incontables horas de meditación o zazen. En todo ese tiempo, no hay un solo momento en el que el estudiante zen pueda relajarse. Es imposible relajarse cuando se está corriendo una interminable carrera de obstáculos.

Por tanto, no, no soy un maestro, a pesar de los innumerables obstáculos que superé. Sin embargo, tengo a mis espaldas algo así como 30 o 40.000 horas de meditación sentada, (bastantes más en el momento de escribirlo aquí) realizadas durante treinta y cinco, cuarenta o más años, de enorme dedicación a la práctica del Zen. En todo ese tiempo que pasé sobre el cojín, podría haberme dado cuenta de muchas cosas, relacionadas con el ejercicio de la meditación (y de hecho me di cuenta, pero no le di importancia ninguna a ese tipo de realizaciones, porque mi mayor anhelo eran las experiencias de éxtasis). Sin embargo, la mayor parte del tiempo lo pasaba pensando. O más bien, siendo pensado. El pensamiento era, salvo excepciones, como una niebla que impedía ver el paisaje. La cháchara mental jamás cesaba.

Como escribí en mi primer libro (Más Allá del Satori), hubo momentos en que la cháchara cesó de un modo completo. Tales momentos son los que han quedado grabados con más fuerza en mi memoria. En el capítulo donde describo mi realización de la mente, mientras trabajaba con el koan MU, aparece este párrafo:

"Quizás por concentrarme demasiado, no podía ir más allá de mí mismo. Llegó un momento en que la misma fuerza de concentración era un obstáculo. Lo intentaba demasiado, por así decir. Y entonces en la mente surgió un pensamiento que provenía de una dimensión profunda. “No lo intentes tanto"

La fuerza de concentración era un obstáculo, (sigue diciendo), lo cual se hizo evidente por sí mismo en aquel momento. Y, sí, además es totalmente cierto que el hecho de intentarlo era el obstáculo principal para poder entrar en el significado del koan, que no es otro que la naturaleza misma de la mente, y el propio Yo, por tanto. Concentrarse, aquí significa básicamente tensar la postura, tal y como dice Dogen que se haga. Ciertos maestros Zen (los occidentales, especialmente) han tomado tan en serio las palabras de Dogen en el Fukanzazenji, que piensan que fuera de eso no hay camino posible. Y sin embargo, la experiencia demuestra claramente lo contrario.


Entonces, cuando la experiencia y las palabras de Buda (o Dogen) difieren con la experiencia personal de uno mismo, ¿Cuál es el camino que debe elegirse? Pregunto. Bien, el mismo Shakyamuni Buda, el fundador del budismo (incluido el zen), dice en cierto momento a sus discípulos, que no tomen sus palabras como una verdad absoluta, sino que se analicen y se pongan en práctica y, solo cuando se haya llegado a ver que son válidas, se tomen en cuenta. ¿No es ese el camino a seguir también aquí? No podemos decir que la postura que propone Dogen es válida, sin antes analizarla y ponerla en práctica. Solo después de hacerlo, estaremos en condiciones de decir “sí, Dogen tenía razón”

Que la postura de meditación es importante, está fuera de duda. Que la postura de meditación sea lo más importante, todavía tenemos que comprobarlo. Pero, que la postura de meditación sea lo UNICO importante, parece un presupuesto excesivo para el sentido común. Y sin embargo… hoy me atrevo a afirmar sin gran riesgo a equivocarme, que sí, que la postura de meditación es realmente lo único que importa. ¿Por qué?

Jesús decía: “Buscad el reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura” Buscar el reino de Dios para un budista, es sentarse a meditar, por lo que esas palabras podría muy bien tomarse de este modo: Siéntate a meditar, y lo demás se te dará por añadidura” Por eso, es por lo que debemos considerar que sentarse sea lo primordial. Sentarse correctamente, con la actitud adecuada, es sin duda lo único que importa para un budista (entendiendo por budista aquel que practica la meditación, no un miembro de una iglesia) Y por eso, entendemos que sentarnos adecuadamente sea esencial.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Maestro Taisen Deshimaru, sentado en zazen. ¿Postura perfecta?

Equilibrio perfecto




Recapitulando, después de todo lo dicho hasta ahora: Podemos considerar que la postura de meditación tiene dos posiciones, una la que Dogen explica en el Fukanzazenji (y que todos sus seguidores ciegos toman como la verdad absoluta) y otra aquella en que la postura se relaja completamente. Esta última, tiene unas características casi insólitas, como ya hemos dicho, ya que en ella podemos entregar todo el cuerpo a la fuerza de la gravedad, sin que tengamos que tensar un solo músculo para mantenerla. Alguien podría argüir (y con razón) que la mejor postura de relajación encontrada hasta la fecha, es estar tumbados en el suelo boca arriba, con los brazos ligeramente separados del cuerpo, y las piernas ligeramente abiertas. Y, efectivamente, esa sencilla postura es la mejor que podríamos encontrar para relajarnos, siendo tan fácil que cualquiera, (incluso un invalido) se puede poner en ella. Sin embargo (salvo excepciones) no es la postura mejor para meditar.

La razón hay que buscarla en un sentido práctico, y no es otra que esta: si nos tumbamos en el suelo para relajarnos, pasar de esa posición a la que describe Dogen, resultaría del todo ineficaz. Además sería caer en una relajación excesiva. Por otro lado, la oscilación entre la tensión y la relajación es algo continuo durante la meditación, e insisto en este hecho, dado que la oscilación entre ambas posiciones es algo permanente, hasta llegar a ser un movimiento natural. El cambio entre tensión y relajación, en efecto, no depende de nuestra decisión personal (ahora me tenso, ahora me relajo otra vez) El cambio de posición sucede por sí mismo, de un modo en el que nosotros no intervenimos conscientemente (del mismo modo que no intervenimos, o no deberíamos intervenir, en el modo en que respiramos)

Es por esto que, cuando nos sentamos en la postura de zazen, la posición de las nalgas tiene una importancia tan grande. El mismo Buda Shakyamuni, se dice, tuvo necesidad de una gavilla de paja, que le entregó una campesina. Es de suponer que tomó la paja y la arregló convenientemente hasta que encontró la posición óptima en que su espalda podía permanecer relajada en la vertical, con un arqueamiento mínimo. (Porque existe, efectivamente, una posición de la espalda en la que, está relajada y derecha al mismo tiempo) Naturalmente, estar derecha no es lo mismo que estar rígida.

La espalda de una persona que medita en la posición, vamos a llamarla, relajada, está ligeramente arqueada, en efecto. Esa postura, vista de perfil, nos permite asegurar que la persona está relajada, precisamente por el leve arqueamiento que en ella existe. Ese arqueamiento no impide, sin embargo, que la cabeza esté razonablemente derecha, y si se pusiese un objeto sobre ella, este no caería. Incluso la barbilla está recogida y la nuca derecha. Los hombros, evidentemente, caen por su propio peso, y las manos adoptan la posición que le resulta natural. La mano izquierda reposará normalmente sobre la derecha, pero los pulgares no se tocarán cuanto apenas (si es que llegan a tocarse), y en todo caso estarán en completo relax, como el resto de los dedos.

Existe la posibilidad de que las manos reposen juntas, en contacto con el bajo vientre, y es usando algo parecido a una faja liada en torno al cuerpo. Los japoneses tienen una prenda de vestir, que se llama obi, el cual es una faja precisamente, de variados colores, que se tiene enrollada para hacer que la prenda de vestir (un kimono, por ejemplo) quede perfectamente colocado. En nuestro caso, el obi (o una prenda similar, como una bufanda), no busca otra cosa que permitir que las manos reposen en él, quedando sin esfuerzo, pegados al vientre, y con los pulgares unidos. Sugiero que se use este método, si es que se quiere tener las manos perfectamente recogidas, y sin el menor problema. Pero no es realmente necesario. Las manos pueden reposar tranquilamente en el regazo.

Entonces, ¿es esta postura, una postura verdaderamente relajada?, cabe preguntarse, pues la persona, con todo, sigue sentada y tiene la espalda derecha (si bien, con un arqueamiento suave) Si la persona se relajase del todo, podría pensarse que la postura se derrumbaría, y que la espalda se desplomaría, al igual que la cabeza y el resto del cuerpo. Esto ocurriría, en efecto, si la pelvis estuviese en un nivel por debajo de las rodillas y, si uno prueba a sentarse directamente en el suelo, con las piernas cruzadas en lo que antes se llamaba “postura india”, comprobará que no es posible estar en esta postura, erguido y relajado al mismo tiempo.

Si el lector quiere comprobar esto de un modo evidente, no tiene que hacer gran cosa, solo sentarse ahora mismo en el suelo, sin cojín alguno, con las piernas cruzadas de un modo “natural”, es decir, con las rodillas elevadas por encima de la pelvis. En esta postura, la relajación del cuerpo es imposible, pues relajarse implicaría desplomar la espalda, el cuello y la cabeza hacia delante. Mantenerse en esta postura, erguido, exige una enorme tensión corporal. Pero tensarse continuamente, es contrario a la práctica en la que estamos comprometidos, por tanto esa postura debe dejarse de lado, por inadecuada.

Por eso, y no por otra razón, se insiste tanto en que lo primero es cruzar las piernas en loto o medio loto, y lo segundo usar un cojín de meditación (mejor dos cojines, uno redondo y otro cuadrado, el cual permite al redondo estar inclinado, cuando está apoyado en él), haciendo que las nalgas estén lo suficientemente elevadas como para que las piernas hagan de contrapeso de la espalda. Es interesante darse cuenta, que existe un cierto parecido con una balanza, en la que toda ella descansa en un solo punto, llamado el fiel de la balanza. Los pesos situados sobre ambos brazos de la balanza, cuelgan entregados a la fuerza de la gravedad, haciendo que todo el peso se apoye en el fiel, que debe ser lo suficientemente firme como para soportarlo. No hay tensión alguna en la balanza. Es el equilibrio perfecto.

Algo así sucede con nuestra postura de meditación relajada. No es exactamente lo mismo que la balanza, sin embargo, ya que las piernas están en contacto con el suelo. Salvo ese punto, existe un equilibrio perfecto en la postura, en que todo el peso del cuerpo, desde la pelvis hacia arriba, descansa en el fiel de la balanza, que no es otro, que el punto en que las nalgas se apoyan sobre el cojín. Es por eso que se recomienda que las nalgas estén asentadas firmemente sobre el cojín (metiéndolo, lo más posible hacia dentro de los muslos) Hay que pensar que las nalgas son las que sostienen la espalda, y que no hay forma de evitar que aparezca un cierto entumecimiento en ellas, lo que puede llevar a necesitar un ligero movimiento de la mismas de vez en cuando, si no cambiásemos de posición en todo el tiempo que dura la meditación. No obstante, cambiamos de posición a menudo, de un modo nada problemático, como se verá enseguida.

Es interesante ver que en la postura de meditación relajada, uno pude dormirse incluso (no es nada inhabitual que tal cosa suceda durante algunos segundos, de vez en cuando, durante la meditación) No hay nada que impida echar una breve y sutil siesta mientras se está así sentado, porque no existe ni un solo músculo tensado. Cuando uno se duerme, destensa todos los músculos, y si uno está en una postura que no sea totalmente relajada, se despierta de inmediato, en cuento empieza a quedarse dormido. En la posición relajada de meditación, sin embargo, uno puede llegar a quedar dormido, como ya he dicho. No solo dormido, sino soñando (a mí me ha sucedido), y esos sueños son ciertamente peculiares y dignos de ser tenidos en cuenta, cuando termina la meditación.

En la escuela Rinzai, durante los sesshin, los monjes duermen de hecho sentados en la posición de zazen. Es verdad que a ratos se desploman, pero vuelven a enderezarse lo suficiente como para quedar en la posición relaja del zazen. Esos momentos de sueño (yo mismo lo he experimentado en alguna ocasión) son breves pero intensos, y uno puede descansar profundamente, sin dejar por ello de meditar. El mito de no dormir durante la meditación, debe abandonarse por tanto. Hay meditación sentada (za zen), meditación andando (el kin hin), meditación durante la actividad (como en la práctica del kyudo, el tiro con arco japonés) meditación durante el trabajo (el samu). Y, naturalmente, hay meditación durmiendo.

La posición relajada de meditación no es reconocida por Dogen, ni por supuesto, por ninguno de sus rígidos seguidores de nuestro tiempo. Si uno ve por ejemplo alguna foto del maestro Deshimaru meditando (ese maestro tiene todo mi respeto, vaya por delante), su postura es exactamente la postura de la que habla Dogen. Efectivamente, es una postura maravillosa para salir en una foto, pero aparte de eso, lo que uno observa es una persona tensa. Incluso la boca está tensa (hay una sonrisa en ella, pero se me antoja forzada) Los ojos incluso, se diría que están tensos. Y, sobre todo, la posición de las manos indica una enorme tensión. Los dedos están rígidos, los pulgares especialmente. Esa tensión en las manos es un reflejo fiel de la tensión en el resto del cuerpo. ¿Es necesaria esa tensión? No lo es, pero tampoco podemos decir de forma tajante, que esté excluida por completo. En la meditación, como digo, se da una oscilación entre la relajación y la tensión, las cuales quedan reflejadas en esas dos posiciones del cuerpo: la posición relajada y la posición que describe Dogen, y a la que me referiré de manera breve, en adelante, como la “posición de Dogen”. Nos referiremos a ello en próximos capítulos.

Imagen
Perfecta para la foto, en efecto, pero no para meditar todo el tiempo así.
Danortiz
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Registrado: 09 May 2021 22:00

Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Danortiz »

Muchas gracias Daido clap por tus texto, los seguiré con interés. No tanto por acercarme al zen, aunque seguro que aprendo de tus textos, sino por leer las opiniones, pensamientos de alguien que ha practicado tanto tiempo con sinceridad.

Es cierto que Deshimaru aparece como un tronco seco, aunque se que no era la sequedad lo que le gustaba...

En realidad solo me anuncio como un lector más, que sepas que estamos.
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