Estimado:
Espero que te encuentres bien. Voy a darte una respuesta un poco diferente a las anteriores, ajustándome lo más posible a la enseñanza.
Partir primero contándote que hace unos diez años fui diagnosticado con un trastorno obsesivo-compulsivo, del cual no seguí un tratamiento médico, sino que opté por dedicarme principalmente al estudio y práctica del Dhamma. No quiero extenderme en mi experiencia personal, sino más bien darte una orientación desde lo que he vivido.
Desde la perspectiva del Dhamma, es perfectamente posible practicar sin medicación teniendo TDAH. El diagnóstico es una categoría moderna, pero eso no significa que las condiciones mentales que describe no existieran en tiempos del Buddha. La agitación, la dispersión y la dificultad para controlar ciertas tendencias mentales son fenómenos humanos que el Dhamma ya contempla.
La práctica consiste precisamente en trabajar con las condiciones que tenemos. La dispersión puede dificultar la concentración, pero no impide desarrollar sīla, sati y paññā.
Lo fundamental es reconocer las acciones perjudiciales, comprender las condiciones que las originan y esforzarse por abandonarlas, cultivando acciones beneficiosas. Si existen hábitos compulsivos, no se trata de justificarlos por el diagnóstico ni de castigarse por ellos, sino de comprender cómo surgen el deseo y el apego, y desarrollar gradualmente la capacidad de no alimentarlos.
La medicación no es un requisito para practicar el Dhamma, aunque tampoco es necesariamente incompatible con él. El esfuerzo correcto no consiste en sufrir innecesariamente, sino en cultivar las condiciones para abandonar lo perjudicial y desarrollar lo beneficioso.
Por último, creo importante distinguir los objetivos de la salud mental moderna de los objetivos del Dhamma. Un profesional de la salud mental puede ayudarte a comprender y manejar determinados patrones psicológicos, pero su función no es conducir a la extinción de dukkha en el sentido en que lo plantea el Buddha. El Dhamma apunta a una comprensión mucho más profunda de las causas del sufrimiento y de su cesación.
Por eso, mi consejo sería que prestes especial atención a las acciones perjudiciales que puedan estar ocurriendo en tu vida cotidiana. Más que preguntarte constantemente cuánto de lo que experimentas corresponde al diagnóstico, observa qué estados mentales conducen a acciones perjudiciales y cuáles conducen a acciones beneficiosas.
El diagnóstico puede servir, a lo sumo, para comprender ciertas condiciones que favorecen determinados comportamientos. Pero conocer la etiqueta no pone fin al sufrimiento. Lo que importa, desde el Dhamma, es comprender las condiciones, abandonar lo perjudicial, cultivar lo beneficioso y desarrollar progresivamente una mente libre.
No pienses, entonces, que tienes que esperar a que tu mente deje de ser dispersa, inquieta o difícil para comenzar a caminar. **El camino comienza exactamente donde estás ahora.** Cada vez que reconoces una acción perjudicial antes de realizarla, cada vez que abandonas una conducta que sabes que te hace daño, cada vez que observas el deseo sin alimentarlo y eliges una acción beneficiosa, ya estás practicando el Dhamma.
No necesitas convertirte primero en otra persona para practicar. **Empieza hoy, con la mente que tienes, con las condiciones que tienes y con aquello que puedes hacer ahora.** Ahí comienza el camino.
A mí me ha funcionado de esta manera.
Un abrazo!