Aunque, probablemente, la tradición que más destaca a lo largo del artículo sea la Yogâcâra, tanto los aspectos como las visiones analizadas en torno a la cuestión del artículo, abarcan las perspectivas de las principales tradiciones budistas.
El pensamiento budista concibe el lenguaje como la herramienta principal con la que construir y articular la realidad fenoménica. El cuarto eslabón en la cadena del origen co-dependiente (pratityasamutpada), nama-rupa, representa la inextricable interdependencia de los procesos cognitivos y la realidad objetiva, de los fenómenos y la mente discriminatorio, de los nombres y las cosas del mundo común del sufrimiento.
Las descripciones lingüísticas del mundo no tienen un valor de verdad absoluta. El lenguaje es un instrumento de conocimiento falaz, puesto que crea la realidad percibida, en estados convencionales de conocimiento, mediante la categorización y la conceptualización de la información percibida y su articulación semántica.
La epistemología yogâcâra standard, que adopta la forma de un constructivismo radical, atribuye al lenguaje la función de articular un mundo ilusorio a través de la capacidad de las "semillas" (bîja) semióticas. Las personas confundidas consideran sus propias imágenes habituales del mundo como ciertas, así como la correspondiente realidad, dado que atribuyen a los objetos las características propias de las expresiones lingüísticas (autonomía, inmutabilidad y homogeneidad).
Tal clase de confusión entre ontología y epistemología, de la realidad con sus descripciones lingüísticas e imágenes mentales, es conocida como avidyâ, "ignorancia". La ignorancia epistemológica es la primera causa del sufrimiento existencial. Por lo tanto, hay un desfase absoluto entre lenguaje y verdadera realidad. La tradición del gran filosófo indio Nagarjuna (ca. 150 - 250), en particular, desarrolló de manera sistemática dicha postura filosófica.
Continuará...