A pesar de su origen, no obstante, varias puntos entran en cuestión, de manera simultánea, a través del plano independiente del "sentimiento" de Fromm. En primer lugar, el lenguaje se extiende mucho más allá del terreno del pensamiento. Los sentimientos, al igual que los pensamientos, se forman y moldean por el lenguaje que nosotros - instrumentalmente - usamos, meramente, para "expresarlos." Los sentimientos y el lenguaje de los sentimientos siempre interactúan entre sí. Conocer el uno es tener algún tipo de familiaridad con el otro. Si tuviéramos sentimientos que ningún conjunto de palabras pudiera llegar a transmitir o describirlos en ningún sentido, tampoco seríamos capaces de saber qué son ni de tenerlos siquiera. Segundo, la "racionalización" y el "afecto" no son planos independientes entre sí, hasta el punto que puedan yuxtaponerse fácilmente. Los sentimientos están inevitablemente asociados con los pensamientos y los pensamientos con los sentimientos. El lenguaje, los conceptos y los sentimientos se interpenetran entre sí, dado que ninguno es independiente de los demás, incorporando cada uno los efectos de los demás en su propia "esencia."
Sin embargo, a medida que el ensayo avanza, Fromm se aparte de la postura que ha estado desarrollando. Cambiando las metáforas, afirma que el despertar implica a "la totalidad de la persona", lo cual, presumiblemente, incluiría otras dimensiones de la experiencia humana, además de los sentimientos, en una relación más compleja que la presupuesta por Fromm. Si tal tipo de interrelación prevalece entonces, no existe el "plano" que pudiera ser completamente inocente de los efectos del lenguaje y de los efectos formadores de la cultura y la historia.
[n. del t.]: las negritas y subrayados son míos.
Continuará...