Damos vueltas con nuestra mente alrededor del nirvana, intentamos fijarlo, atraparlo, reducirlo convirtiéndolo en presa de nuestro pensamientos. Hacemos así de el nirvana un objeto de estudio, relativo a un supuesto estado "mental", un “algo” que una vez atrapado, aferrado mentalmente, escaparía de la ley de la impermanencia. Soñamos con él como si fuese un salvavidas que nos mantendría a salvo para siempre, supuestamente estático e inmutable, de las garras del devenir. Sin embargo, obrando así, intentando delimitarlo y dominarlo, lo hemos reducido a una pequeña cosa mental, a una fantasía, lo hemos despojado de su poder liberador. Hemos hecho del vacío una “cosa”, con la cual, en vez de liberarnos, quedamos atrapados, en el peor de los extravíos, error del que ya nos advertía Nagarjuna.
Leyendo este hilo, y otros, me ha venido a la cabeza un fragmento del
Fukanzazengi, las reglas para la práctica de la meditación sentada, de Dōgen. He añadido, como notas al texto, algunas reflexiones con objeto de aclarar aquello de lo que nos está hablando Dōgen, respecto a la vía de liberación del sufrimiento inherente a la existencia humana (o nirvana) en la que consiste el budismo, que es precisamente el propósito explícito del
Fukanzazengi.
[...] ¿De qué sirven los pasos en puntillas del entrenamiento? (1)
Sin embargo, si existe una milésima o una centésima de separación, la brecha es tan grande como aquella entre el cielo y la tierra (2).
Si se manifiesta la menor preferencia o la menor antipatía, el espíritu se pierde en la confusión. Imaginad a quien se pavonea de comprender y que se hace ilusiones de su propio despertar. Orgullosos de nuestra comprensión y ricamente dotados con la realización, logramos estados especiales de discernimiento; alcanzamos la verdad; esclarecemos la mente; adquirimos el fervor que atraviesa el cielo; erramos por remotas esferas intelectuales, entrando con la cabeza (3):
Y sin embargo, hemos perdido casi por completo el vigoroso camino de liberarnos del cuerpo. (4)
1) Se refiere a una práctica ardua, mantenida.
2) Esto es una cita del
Shinjimei (Xinxin Ming, en chino), atribuido a Jianzhi Sengcan (En jap.: Kanchi Sosan; ?-606), considerado por la tradición sucesor del segundo patriarca chino del zen, Huike (del que se dice que se cortó el brazo para ser aceptado como discípulo por Bodhidharma). El
Shinjimei es uno de los textos fundamentales del zen presectario, donde se nos advierte sobre el pensamiento discriminativo como principal obstáculo para alcanzar la vía (expresión, en el zen chino que es de carácter dinámico, equivalente a
satori,
nirvana y otros términos que son fundamentales alusivos, no designan tanto un “algo” como la ausencia de aferramiento de todo “algo”). En el
Shinjimei encontramos varias expresiones significativas respecto a los intentos de aferrar con nuestra mente... cualquier cosa, incluido el
nirvana:
- Aunque nuestras palabras sean justas, aunque nuestros pensamientos sean exactos, esto no es aún conforme a la verdad. El abandono del lenguaje y del pensamiento nos conducirá más allá de todo. Si no se puede abandonar el lenguaje ni el pensamiento ¿cómo resolver la Vía?
- Queremos atrapar o rechazar, en verdad, ésta es la razón por la que no somos libres.
- En el dharma no hay ninguna diferenciación, pero el hombre estúpido se encadena él mismo.
Es, dicho sea de paso, en el
Shinjimei, en donde aparece por primera vez la expresión “
hishiryo” (非思量, de difícil traducción, estas son algunos de los intentos de traspasarla a lenguas occidentales: “no-pensamiento”, “más allá del pensamiento”, “impensamiento”, “ni pensar ni no pensar”). Dōgen, en el mismo Fukanzazegi, retomará el término “hishiryo” como clave del zazen que es iluminación, liberación o
nirvana.
3) Dōgen, desarrollando ideas que estaban ya en la tradición zen anterior, por ejemplo en el antiguo poema antes citado, vuelve a advertirnos de la inutilidad de una comprensión intelectual o mental del nirvana, no es ahí donde hay que buscar, sino más allá. ¿Dónde, de qué más disponemos para “buscar”?
(4) Aquí encontramos la respuesta, una indicación fundamental, para la práctica budista, para acceder al nirvana, a la visión de la Realidad (de lo que es tal como es) con los ojos claros (es decir, libres de los velos del apego, la aversión y la ignorancia que los empañan); disponemos de un camino que está más allá de nuestro intelecto, se trata de nuestro cuerpo, que es la
interfaz entre nuestra mente y el mundo (obviamente cuando, por exigencias del lenguaje, los consideramos separados mente-cuerpo-mundo, en la Realidad sin discriminaciones, esas diferencias desaparecen y los tres son uno. Como demuestra el experimento mental del astronauta meditador cuya escotilla se abre de repente)
