El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

El Zen de Dogen.
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Roberto
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El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Roberto »

En el artículo cuya traducción y publicación en castellano iniciamos hoy, Language against its own mystifications: Deconstruction in Nagarjuna and Dōgen (aparecido por vez primera en el Vol. 49 de Philosophy East and West, Honolulu, 1999. Posteriormente ha sido republicado en el sitio online Thezensite) su autor, David Loy, confronta y compara las diversas maneras de abordar y desmontar una serie de dualidades ilusorias, y en buena medida intrínsecas al uso del lenguaje, siendo el paradigma de todas ellas la división entre sujeto y objeto, de dos de los más grandes pensadores del Budismo Mahayana como son Nāgārjuna y Dōgen.

David Loy es un conocido practicante budista zen y estudioso del Budismo, siendo muchas de sus obras accesibles en castellano. Su práctica del Budismo Zen comenzó en 1971, en Hawai con Robert Aitken, mudándose posteriormente a Kamakura, Japón, para proseguir sus estudios con Yamada Koun roshi, director por aquel entonces de la escuela Sambo Kyodan, con quien completó el estudio formal de koan vigente en aquella escuela. Posteriormente ha trabajado como académico en la Universidad nacional de Singapur, en la Universidad Bunkyo en Chigasaki, en la Universidad Xavier en Cincinnati, Ohio, etc., siendo uno de sus principales campos de interés el diálogo entre el Budismo y la modernidad; especialmente en lo que se refiere a las cuestiones sociales y ecológicas. Simultaneamente, en tanto que practicante zen, ha animado numerosos talleres y retiros por numerosas partes del mundo.

Para esta traducción hemos recurrido a diversos traductores online, especialmente Deepl, así como también a herramientas de inteligencia artificial como Gemini; posteriormente hemos revisado y corregido manualmente los diversos borradores. Iré presentando el documento por fragmentos, en este hilo, para después aportar el texto unificado en formato pdf a la Biblioteca Mahayana. En este primer fragmento introductorio, David Loy nos expone los objetivos de aquello que pretende desarrollar a lo largo del artículo.
El lenguaje contra sus propias mistificaciones:
Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen (1)


... nos encontramos en medio de un fetichismo grosero cuando recordamos los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, es decir, de la razón. Es ésta la que ve en todas partes el hecho y el hacedor; la que cree en la voluntad como causa en general; la que cree en el «yo», en el yo como ser, en el yo y la sustancia, y la que proyecta su creencia en el yo-sustancia sobre todas las cosas - sólo así crea el concepto «cosa»- .... La «razón» en el lenguaje: ¡oh, qué vieja tan engañosa! Me temo que no nos libramos de Dios porque seguimos creyendo en la gramática....
Nietzsche - El ocaso de los ídolos, o cómo se filosofa a martillazos (1889)

¿Por qué Nagarjuna y Dōgen? Tal comparación es tentadora porque ambas figuras son a la vez obvias y difíciles. Por un lado, son posiblemente los dos más grandes pensadores Mahayana, vinculados por su compromiso con su comprensión del mundo y (si aceptamos el relato tradicional) por una línea de transmisión que se extiende desde Sakyamuni y a través de Nāgārjuna hasta Dōgen y sus sucesores. Por otro lado existen, sin embargo, vastas diferencias culturales, no solo debido a la geografía y al milenio que los separa, sino también a la disparidad entre sus muy diferentes idiomas, el sánscrito y el japonés.

Estas diferencias lingüísticas se reflejan todavía más en sus extraordinariamente diferentes, incluso diría opuestos, estilos textuales. El sánscrito ha sido a veces considerado el lenguaje filosófico arquetípico, ya que sus sustantivos fácilmente formados han alentado una preponderancia de universales abstractos. Ciertamente, Nāgārjuna es un filósofo de filósofos, famoso por una lógica lacónica y afilada como una navaja que maneja distinciones que nadie había notado antes y que muchos aun no comprenden. En contraste, el chino y el japonés tienen un sabor mucho más concreto, con abundancia de símiles y metáforas. La obra principal de Dogen, el Shōbōgenzō, escrita en su propio japonés muy peculiar, es tan poética y alusiva como el Mūlamadhyamakakārikā de Nāgārjuna es dialéctico y seco. El texto de Dōgen está compuesto mayoritariamente de metáforas mientras que el de Nāgārjuna casi no las tiene. Mientras Nāgārjuna parece obsesionado con dividir lo que algunos consideran detalles insignificantes, Dōgen se preocupa por explorar las posibilidades semánticas de los textos budistas para descubrir nuevos significados, dispuesto e incluso ansioso por "tergiversar" ciertos pasajes para expresar su punto de vista.
¿Qué se puede ganar, entonces, comparándolos? Mi argumento es, en primer lugar, que Nāgārjuna y Dōgen, a pesar de todo, apuntan a muchas de las mismas ideas budistas porque deconstruyen el mismo tipo de dualidades, la mayoría de las cuales pueden entenderse como versiones de nuestra distinción, de sentido común pero ilusoria, entre sustancia y atributo, sujeto y predicado. Esto se demostrará analizando el enigmático capítulo 2 (sobre movimiento y reposo) del Mūlamadhyamakakārikā y examinando la transgresión de Dōgen de las enseñanzas budistas tradicionales en su Shōbōgenzō. Sin embargo, la segunda parte de este ensayo se centrará en determinar los límites de esta similitud; porque, aunque ambos textos trabajan para socavar nuestra forma dualista de entendernos a nosotros mismos "en" el mundo, llegan a conclusiones bastante diferentes sobre la posibilidad del lenguaje de expresar una comprensión "verdadera" del mundo - un desacuerdo que puede reflejar las diferentes posibilidades de sus diferentes idiomas.
Continuará ada123123
Junonagar
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Junonagar »

Roberto escribió: 09 Oct 2024 20:13
En el artículo cuya traducción y publicación en castellano iniciamos hoy, Language against its own mystifications: Deconstruction in Nagarjuna and Dōgen (aparecido por vez primera en el Vol. 49 de Philosophy East and West, Honolulu, 1999. Posteriormente ha sido republicado en el sitio online Thezensite) su autor, David Loy, confronta y compara las diversas maneras de abordar y desmontar una serie de dualidades ilusorias, y en buena medida intrínsecas al uso del lenguaje, siendo el paradigma de todas ellas la división entre sujeto y objeto, de dos de los más grandes pensadores del Budismo Mahayana como son Nāgārjuna y Dōgen.

David Loy es un conocido practicante budista zen y estudioso del Budismo, siendo muchas de sus obras accesibles en castellano. Su práctica del Budismo Zen comenzó en 1971, en Hawai con Robert Aitken, mudándose posteriormente a Kamakura, Japón, para proseguir sus estudios con Yamada Koun roshi, director por aquel entonces de la escuela Sambo Kyodan, con quien completó el estudio formal de koan vigente en aquella escuela. Posteriormente ha trabajado como académico en la Universidad nacional de Singapur, en la Universidad Bunkyo en Chigasaki, en la Universidad Xavier en Cincinnati, Ohio, etc., siendo uno de sus principales campos de interés el diálogo entre el Budismo y la modernidad; especialmente en lo que se refiere a las cuestiones sociales y ecológicas. Simultaneamente, en tanto que practicante zen, ha animado numerosos talleres y retiros por numerosas partes del mundo.

Para esta traducción hemos recurrido a diversos traductores online, especialmente Deepl, así como también a herramientas de inteligencia artificial como Gemini; posteriormente hemos revisado y corregido manualmente los diversos borradores. Iré presentando el documento por fragmentos, en este hilo, para después aportar el texto unificado en formato pdf a la Biblioteca Mahayana. En este primer fragmento introductorio, David Loy nos expone los objetivos de aquello que pretende desarrollar a lo largo del artículo.
Un tema muy interesante y que promete mucho. Lo seguiré con atención.

ada123123
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Carl Sagan
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Carl Sagan »

Los vitandines tuvieron una conciencia clara “de que hay un lenguaje y de que, en las innumerables palabras pronunciadas por los hombres —sean razonables o insensatas, demostrativas o poéticas— ha tomado cuerpo un sentido que cae sobre nosotros, y conduce nuestra ceguera.

(Del libro: La palabra frente al vacío. Filosofía de Nagarjuna. Autor: Juan Arnau).

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Roberto
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Roberto »

Veamos el siguiente fragmento, en el que David S. Loy expone el punto de vista de Nagarjuna. En la medida de mis posibilidades he intentado aportar el sentido de algunos de los frecuentes términos sánscritos que aparecen en el texto.
El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen (2)

¿Qué deconstruye Nāgārjuna?


No sólo designamos las cosas con ellas [con las palabras y los conceptos], sino que originalmente pensamos que a través de ellas captamos lo verdadero de las cosas. A través de las palabras y los conceptos nos engañamos continuamente imaginando que las cosas son más simples de lo que son, separadas unas de otras, indivisibles, cada una existiendo en sí misma y para sí misma. En el lenguaje se esconde una mitología filosófica que se desata de nuevo a cada instante, por muy cuidadoso que uno sea.

Nietzsche - El caminante y su sombra, en Humano, demasiado humano

Pocos estudiosos budistas, si es que hay alguno, discutirían que Nāgārjuna (¿siglo II de nuestra era?) sería el filósofo budista más importante y ninguno de ellos negaría que la Mūlamadhyamakakārikā es su obra más importante. Es escandaloso, por tanto, que el significado básico de ese difícil texto siga siendo tan oscuro. No es por falta de intérpretes -ningún pensador budista ha recibido más atención-, sin embargo hay poco acuerdo entre sus expositores occidentales. Es curioso, y bastante sospechoso, que Nāgārjuna normalmente acabe exponiendo algo bastante similar a lo que dice el filósofo o la filosofía favorita de cada uno: El Hegel de Shayer, el Kant de Stcherbatsky, el Vedanta de Murti, el Wittgenstein de Gudmundsen, el Derrida de Magliola, el empirismo y el pragmatismo de Kalupahana, etcétera. ¿Significa esto que la Mūlamadhyamakakārikā es demasiado ajena a nuestras formas habituales de entender el mundo como para ser entendido en sus propios términos?

El problema básico no es la naturaleza de los argumentos de Nāgārjuna en sí, sino su objetivo, ya que, a pesar de (o debido a) las diversas opiniones de los comentaristas tradicionales y contemporáneos sobre este tema, los textos de Nāgārjuna no dejan claro exactamente a qué o a quién está criticando. Dado que no tenemos otro acceso confiable a las intenciones de Nāgārjuna, esta es una cuestión que tal vez nunca se resuelva. Desde una perspectiva posmoderna, la oportunidad que brinda esta ambigüedad no es completamente negativa, pero entonces recae sobre cada intérprete la responsabilidad no sólo de ofrecer una explicación plausible de los motivos de Nāgārjuna, sino también de justificar la importancia continuada de estas motivaciones para nosotros.

Recientemente, por ejemplo, David Kalupahana planteó sólidamente que el oponente en el capítulo 2 es la teoría atómica compartida por los sustancialistas Sarvāstivāda y los presentistas Sautrāntika [dos escuelas budistas tempranas. N.t.es.]. Esto perfectamente podría ser cierto, pero eso por sí solo no es suficiente para explicar la importancia de los argumentos de Nāgārjuna hoy: ¿por qué deberíamos preocuparnos por debates metafísicos entre oscuras escuelas budistas que prosperaron hace dos mil años?

Sin embargo, la importancia de esas opiniones filosóficas aumenta para nosotros si son intentos de resolver una inconsistencia que contamina nuestra forma habitual, de “sentido común”, de entender el mundo. Sin embargo, si esto es cierto, puede que no sea necesario o incluso que no valga la pena dedicar tiempo y energía a exponer esos sistemas metafísicos particulares; podría ser más útil para nosotros recurrir inmediatamente a esa comprensión del sentido común y abordar su supuesta aporía de manera más directa. En consecuencia, el objetivo de este ensayo no es ninguna posición filosófica desarrollada (como la teoría atómica del budismo Abhidharma), sino las dificultades más básicas que contaminan nuestra distinción habitual de sentido común entre (lo que los filósofos llaman) sustancia y atributo, y que, según Nietzsche, se puede remontar a nuestra distinción lingüística entre sujeto y predicado. En el capítulo 2, Nāgārjuna ataca esta distinción en términos de la dualidad que normalmente establecemos entre un caminante y su caminar.

Desde cualquier punto de vista, "El análisis del ir y venir" es un texto peculiar y difícil. Después del primer capítulo, que demuestra nuestra incapacidad para comprender la relación entre las cosas y sus relaciones causales, el capítulo 2 pretende evidentemente ejemplificar el argumento general presentado anteriormente, ofreciendo un ejemplo más concreto del enfoque deconstructivo de Nāgārjuna sobre la relación entre las cosas (en este caso, los motores) y sus predicados/atributos (el movimiento). En el proceso, sin embargo, Nāgārjuna parece involucrarse en una especie de manipulación lógica que es difícil de seguir y cuyo significado no está claro: ¿qué es exactamente lo que se está deconstruyendo? Este capítulo parece ejemplificar la objeción de Frederick Streng al método de Nāgārjuna, de que es "un análisis que parece ser más bien árido y ser, a menudo, simplemente un juego de palabras". L. Stafford Betty señala en particular la reificación de gamana ("acto de ir"): dado que el término "no tiene sentido empíricamente" y no necesitamos conceder que exista en el mundo empírico algo así como un mero “acto de ir” sin alguien que vaya, el argumento falla. Sin embargo, ¿no sería esto buscar en el lugar equivocado? Las Kārikā no ofrecen un análisis del mundo en sí, sino que analizan nuestras formas de entender el mundo. Son estas formas de pensar (que, según Nāgārjuna, son inconsistentes) las que hacen que el mundo sea “empírico” para nosotros. Si es así, deberíamos buscar un gamana en nuestras categorías de pensamiento, y lo encontraremos en nuestra tendencia arraigada (quizás debida a, y ciertamente consagrada en, la naturaleza sujeto-predicado del lenguaje) de distinguir nuestra experiencia en entidades autoexistentes y sus actividades. Nos pensamos, por ejemplo, como personas distinguibles de nuestras acciones, y esto implica algún tipo de cosificación no sólo de nosotros mismos sino también del acto, como revelan nuestros sustantivos “acto”, “acción” y “actividad”.

La prueba de este enfoque es la luz que pueda arrojar sobre el capítulo, cuyo conjunto puede resumirse como sigue.

Versículos 1-7. ¿Dónde se produce el movimiento? Evidentemente, no sobre lo que ya ha pasado, ni sobre lo que aún no ha pasado, pero no puede ser sobre lo que ya ha pasado, porque eso implicaría dos motores: que hay un “ser que ha pasado” distinto del “ser que pasa por encima”.

Versículos 8-11. ¿Quién va? No podemos decir «va el que va», porque eso implicaría dos que van: que el que va es un que va incluso sin ir.

Versículos 12-14. ¿Dónde empieza el ir? No en lo que ya ha pasado, ni en lo que está pasando (en cuyo caso el ir ya debe haber comenzado). Pero no podría comenzar en lo que aún no ha pasado (porque comenzar allí lo convertiría en algo que ya ha pasado).

Versículos 15-17. Se hacen argumentos similares sobre el llegar al reposo (volverse estacionario): ¿quién llega al reposo? Ni un caminante (eso sería una contradicción) ni un no caminante (que no puede volverse estacionario). ¿Y dónde ocurre el llegar al reposo? No en lo ya recorrido, y no en lo aún no recorrido, y no puede ocurrir en lo que se está recorriendo (lo que sería una contradicción). Así que nuestras comprensiones usuales de ir, comenzar a ir y llegar al reposo tienen problemas similares.

Versículos 18-21. No tiene sentido decir que el caminante va, porque entonces no podríamos distinguir (como normalmente lo hacemos) entre el agente y la acción. Pero tampoco puede ser el caminante diferente del ir, porque entonces cada uno podría existir sin el otro. En resumen, describir lo que sucede en términos de alguna relación entre un caminante y su ir es ininteligible.

Versículos 22-25. (En resumen:) Un caminante no existe antes de ir, porque eso implicaría dos ir. Un caminante no puede ir en los tres lugares del ir (mencionados anteriormente), un no caminante no puede ir en ellos, ni alguien que tanto es como no es un caminante (una contradicción) puede ir en ellos. "Por lo tanto, el ir, el caminante y el lugar del ir no existen."

Tal vez podamos entender por qué algunos consideran que los argumentos anteriores son un “juego de manos lógico” que “se asemeja al juego de los trileros”, pero esa conclusión no obstante no tiene sentido. La importancia de los argumentos anteriores es que nuestra forma habitual de entender el movimiento -que distingue al que va del que va y del lugar del que va- no tiene sentido cuando se examina con cuidado, porque la interdependencia de los tres muestra que cada uno es irreal cuando se lo considera separado de los otros. La lógica de Nāgārjuna aquí (y en muchos otros capítulos) procede demostrando que una vez que los hemos distinguido de esta manera -como lo hacen el lenguaje ordinario y el “sentido común”- entonces se vuelve imposible entender su relación; una dificultad bastante familiar para los estudiantes del problema mente-cuerpo. Como señala Candrakirti en su comentario al verso 23, el mismo argumento también refuta nuestras nociones habituales de que un hablante dice algo y que un agente realiza una acción (este último dualismo es el tema del capítulo 9). Se emplean argumentos muy similares en los capítulos 4, 5 y 8 para deconstruir nuestra comprensión habitual de un perceptor que percibe un objeto perceptivo; en el capítulo 6 para deconstruir la dualidad entre las personas y sus afectos; y en el capítulo 5 para deconstruir la dualidad en sus términos más generales, entre las cosas y sus atributos.

En el capítulo 2, quizás veamos el problema más claramente al indagar en el estado de aquello que se mueve: en sí mismo, ¿es un movido o no? Ninguna respuesta tiene sentido. El hecho de que lo que se mueve se mueva sería redundante («un segundo movimiento»), y un no movido moviéndose es una contradicción. En términos analíticos contemporáneos, podríamos decir que Nāgārjuna está señalando un defecto en el lenguaje ordinario que usamos para describir (y por lo tanto en nuestras formas de pensar sobre) el movimiento y el reposo: nuestra atribución de predicados de movimiento a objetos sustantivos es en realidad ininteligible. En la vida cotidiana, constantemente arreglamos esto, asumiendo a veces que las cosas existen aparte de sus predicados y otras veces identificando las cosas con sus predicados (un buen ejemplo es la relación entre yo y "mi" cuerpo). Las dialécticas de Nāgārjuna demuestran esta inconsistencia simplemente distinguiendo claramente entre las posibilidades. Puede ser que esta tendencia a distinguir la sustancia del atributo refleje el dualismo inherente del lenguaje: una declaración predica algo sobre algo, pues aprender un lenguaje es aprender qué cosas hay (los sustantivos corresponden a las cosas) y qué hacen estas cosas (los verbos corresponden a acciones y procesos) o tienen (los adjetivos corresponden a atributos). Pero que tal dualismo sea generalizado e incluso en cierto sentido necesario ("la verdad inferior") no lo convierte en una descripción correcta de cómo son realmente las cosas ("la verdad superior"), según Nāgārjuna.

Esto nos ayuda a comprender el sentido de la crítica general Madhyamika, al revelar lo que está siendo criticado: nuestra comprensión habitual y de sentido común del mundo, que lo ve como una colección de entidades discretas (una de ellas yo mismo) interactuando causalmente «en» el espacio y el tiempo. Sin embargo, Nāgārjuna ataca algo más que las fantasías filosóficas de los metafísicos indios, ya que hay una metafísica, aunque inconsistente, inherente a nuestra visión cotidiana -más personal y dolorosamente en la contradicción entre mi sentido de mí mismo como algo no temporal e inmutable (es decir, como algo distinto de mis atributos, como el cuerpo) y la conciencia de que envejezco y estoy sujeto a la muerte (indistinguible de atributos como «mi» cuerpo). Es uno u otro aspecto de esta visión dualista el que se absolutiza en la metafísica sistemática. Esta comprensión de sentido común es lo que hace que el mundo sea samsara para nosotros, y es este samsara lo que Nagarjuna se ocupa de deconstruir.

Como consecuencia de la distinción que damos por sentada entre las cosas y sus atributos, ahora percibo la habitación en la que estoy escribiendo no de manera no dual, sino como una colección de libros, sillas, bolígrafos, papel y yo, cada uno de los cuales se considera irreflexivamente distinto de todos los demás y que persiste inalterado hasta que algo más lo afecta. La relación causal (el principal ejemplo de atributo de Nāgārjuna) es lo que utilizamos para explicar la interacción entre cosas que son distintas entre sí. Si la causalidad explica la interacción entre las cosas, entonces estas cosas en sí mismas deben ser no causales y, no por casualidad, esta es precisamente nuestra noción de sentido común de lo que es un objeto: una cosa cuya existencia continua no necesita ser explicada, ya que una vez creada “existe por sí misma”. La objetividad del mundo (incluida la “subjetivación” de mí mismo como una cosa en él pero separada de él) depende de este dualismo entre las cosas y sus atributos/relaciones causales. Esto constituye el samsara porque es al hipostatizar esa "cosidad" a partir del flujo de la experiencia que nos apegamos a las cosas (de nuevo, el apego primordial es al sentido del yo). Sin embargo, lo que experimentamos como esos objetos autoexistentes (svabhava) son cosificaciones construidas por el pensamiento, una forma abreviada de recordar que nuestras percepciones tienden a tener cierta estabilidad, que nos permite relacionarlas entre sí y formar expectativas. Esto puede ser un hábito necesario para nosotros (por eso es una verdad inferior), pero esas cosificaciones crean una bifurcación engañosa entre los objetos y sus atributos (por eso es una verdad inferior).

Este punto sobre la manera en que percibimos el mundo es importante porque sin él se podría concluir que la crítica de Nāgārjuna a la autoexistencia svabhava es una refutación de algo en lo que de todos modos nadie cree. No se puede escapar de su crítica definiendo las entidades de una manera más sensata como entidades que entran y salen de la existencia. La lógica de las Karikas demuestra que no hay un punto medio sostenible entre la autoexistencia independiente de todas las condiciones -un conjunto vacío- y la condicionalidad completa de los fenómenos śūnya. Los argumentos de Nagarjuna contra la autoexistencia muestran la inconsistencia de nuestra manera cotidiana y dada por sentada de "tomar" el mundo: si bien aceptamos que las cosas cambian, también asumimos que siguen siendo las mismas -ambas condiciones son necesarias para que sean cosas que tengan relaciones causales-. Reconociendo esta inconsistencia, los filósofos indios anteriores trataron de resolverla haciendo que uno de estos dos aspectos sea absoluto a costa del otro. Pero la visión Satkāryavāda de la sustancia, del Advaita y el Sāṃkhya [escuelas ortodoxas de filosofía hindú. N.t.es.], enfatiza la permanencia al precio de no poder explicar el cambio, mientras que la visión modal asatkaryavada [la creencia de que el efecto no es real hasta que existe manifiestamente, y por lo tanto no está implícitamente presente en la causa. N.t.es.] del budismo Sautrantika [una escuela budista temprana. N.t.es.] tiene el problema opuesto de no poder proporcionar el hilo conector necesario para la continuidad. El capítulo 1 de las Karikas sostiene, en efecto, que cualquier comprensión de la causa y el efecto que intente conectar estas dos cosas separadas puede reducirse a la contradicción de afirmar y negar la identidad. Nagarjuna concluye que su “relación” es incomprensible y, por lo tanto, desde el punto de vista más elevado, irreal.

En suma, hay algo confuso y engañoso en nuestra comprensión ordinaria del mundo, porque dualiza la sustancia del atributo, el sujeto del predicado, la permanencia del cambio. Sin embargo, en lugar de intentar proporcionar la “visión correcta”, el Madhyamika simplemente deconstruye esta comprensión del sentido común, una eliminación que permite que se manifieste algo más, obvio pero hasta ahora pasado por alto.

Sin embargo, con la ventaja de la retrospectiva, podemos observar que la crítica de Nagarjuna a tales dualismos genera otro dualismo, que durante el siguiente milenio se volvería cada vez más problemático: el dualismo entre el lenguaje y el silencio. Este dualismo se volvió muy importante porque refleja un dualismo esencial y tal vez ineludible en el corazón del budismo: entre el engaño (del cual el lenguaje es un vehículo) y la iluminación (a la que se cree que apunta el silencio).

Nagarjuna, por supuesto, es muy sensible al dualismo del samsara y el nirvana, y su deconstrucción en el capítulo 25 constituye el clímax de las Karikas: no hay la más mínima diferencia entre ellos, pues los límites (kotih) del uno son los límites del otro (versos 19-20); aquello que surge y desaparece (es decir, el samsara), cuando se toma de manera no causal y sin dependencia, es el nirvana (verso 9). Su beatitud (sivah) es el llegar al reposo de todas las formas de considerar las cosas (sarvopalambhopasamah), el reposo de las cosas nombradas (prapancopasamah), razón por la cual ningún Buda ha enseñado jamás ninguna verdad a nadie en ningún lugar (verso 24).

El problema, sin embargo, es que esta solución al dualismo de ilusión e iluminación resuelve la tensión entre ellos sólo desplazándola hacia otro dualismo entre el mundo múltiple de las cosas nombradas (prapanca) y su llegada al reposo en el silencio (prapancopasamah). Si el nirvana implica la realización de la śūnyatā de sarisara [sinónimo de samsara. N.t.es.], para Nagarjuna ese “vacío” implica el cese de la construcción del pensamiento. Algunas traducciones de 25:24 restan importancia a este cese, pero muchos otros pasajes en las Karikas no dejan dudas en cuanto a la perspectiva de Nagarjuna sobre este asunto: desde el punto de vista último, no es posible ninguna predicción. Los versos dedicatorios que comienzan las Karikas también enfatizan que prapancopasamah es la manera como las cosas realmente son (pratityasamutpāda), una afirmación que se repite en 18:9 (donde tattva "talidad" se caracteriza por la falta de fabricación mental), en 13:8 (sunyata es sarvadrstinam prokta nihsaranama “el abandono de todos los puntos de vista”), y nuevamente incluso en el verso final de las Karikas, 26:30, donde el autor se inclina ante Gautama, cuya compasión “enseñó la verdadera doctrina que conduce al abandono de todos los puntos de vista”.

Nagarjuna es muy consciente de la tensión intrínseca a la afirmación de que la verdadera caracterización de la naturaleza de las cosas es que las cosas no pueden caracterizarse conceptualmente. Su solución, por supuesto, es la doctrina de las dos verdades. Toda predicación es parte de la verdad inferior. El comentario de Candrakirti sobre 13:8 cita el Sutra Ratnakuta para señalar que la sunyata es una medicina que debe ser expulsada para que el paciente se recupere completamente. Dado que la sunyata es en sí misma sunya, uno usa esa verdad inferior para subir una escalera que, finalmente, es empujada hacia afuera. La analogía de Wittgenstein es apropiada porque Nagarjuna también estaría de acuerdo con la conclusión del Tractatus: “Sobre lo que no podemos hablar debemos callar”. Sin embargo, para la tradición budista, tal como se desarrolló posteriormente, esta solución al dualismo del samsara y el nirvana dejó un legado que se bifurcaba demasiado bruscamente entre las verdades inferiores y las superiores, entre los medios y los fines, entre el pensamiento/lenguaje y la paz que supera el entendimiento. En los siglos que siguieron, estas bifurcaciones reaparecieron en diversas formas doctrinales, especialmente en las controversias del este de Asia sobre nuestra “naturaleza búdica”. Es significativo que el quid de estos debates también pueda expresarse en términos de sustancia y atributo, sujeto y predicado: ¿La mente iluminada es intrínseca o adventicia, algo que ya tenemos o algo que debemos obtener?

No es casualidad que esta sea precisamente la cuestión de la dialéctica entre la iluminación original (hongaku, 本覺) ​​y la iluminación adquirida (shikaku, 始覺) que, según se dice, preocupaba al joven Dōgen: si estamos dotados de la naturaleza del Dharma por nacimiento, ¿por qué todos los budas se esforzaron por alcanzar la iluminación mediante la práctica espiritual? El hongaku parece alentar un quietismo autocomplaciente con las ilusiones, mientras que el shikaku es una división autosatisfactoria entre medios y fines, mientras nos esforzamos por convertirnos en lo que somos. Veremos que la solución de Dōgen a este dilema no sólo transformó la comprensión de la relación entre la práctica y la iluminación, sino que también condujo a una apreciación radicalmente nueva de cómo el lenguaje puede combatir sus propias mistificaciones.
Continuará ada123123
Última edición por Roberto el 17 Oct 2024 17:21, editado 1 vez en total.
Junonagar
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Junonagar »

Gracias @Roberto , por el interesante texto. De lo mejor que he leido en los ultimos meses.

Como apoyo del texto unas simples notas recogidas de internet sobre las escuelas Sarvāstivāda y Sautrāntika. (ambas de budismo temprano).

Los Sarvāstivāda son conocidos por su defensa de la idea de que los dharmas (las unidades más fundamentales de la realidad) existen en los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Por el contrario los Sautrāntika defendían que solo los dharmas presentes existen realmente. Según esta escuela, el pasado ya no existe y el futuro aún no existe. Por lo tanto, solo el presente es real. Ambas escuelas sin embargo coincidian en un punto relevante: su concepción metafísica sobre la naturaleza de la realidad que postula que todo fenómeno puede reducirse a unidades mínimas e indivisibles llamadas dharmas. Por tanto ambas escuelas, como se comenta en el texto de D.Loy defendian la teoria atómica.

Del texto en sí me surgen diversas reflexiones, pero hoy solo quiero mencionar una. ¡¡Como de especial debió de ser aquel tipo que llamamos Nagarjuna y del que tan poco sabemos, para pensar de esa forma tan contraintuitiva y certera de esa manera que hoy llamariamos "out of the box"!!

ada123123
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Carl Sagan
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Carl Sagan »

Según la escolástica del abhidharma, contra la que Nagarjuna apuntala el edificio de su discurso, los seres y las cosas están compuestos de dharmas sustanciales. Para alcanzar el nirvana se deben seguir los métodos antiguos: eliminar los dharmas asociados al deseo para evitar que generen nuevos dharmas, e insertar en su lugar los dharmas del conocimiento que destruyen el deseo y que impiden la reproducción de estos dharmas. Pero, razona Nagarjuna, así no se libera uno de la existencia, pues la existencia carece de realidad en sí misma, dado que esos dharmas no existen con una naturaleza propia. Así se pone fin a un proceso de dharmas vacíos que reproducen otros dharmas vacíos. Saber esto es importante pues reconocer la vacuidad de los dharmas es esencial para detener su renovación. Advertir ésta su falta de realidad, su falta de naturaleza propia se convierte en condición necesaria para la liberación. (Juan Arnau).
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Roberto »

Gracias por comentar, @Junonagar y @Carl Sagan. He leído el texto de Martín Sevilla Rodríguez (de El sofisma de los tres tiempos...) y creo que el problema aquí, en el que también cae en cierta manera David S. Loy, es considerar que Nagarjuna sería un filósofo (como es el propio Martín Sevilla) y que por tanto el alcance y la intención de Nagarjuna están en ese plano. En realidad el concepto "filosofía" es ajeno al Oriente antiguo, no es ese el propósito de Nagarjuna, que es un practicante budista, sino que su objetivo es de carácter soteriológico (como es el "decir" de todo practicante budista que tengan... algo que decir; serán después los otros -filósofos- los que pondrán allí lo que no estaba allí, es decir sus propia filosofías).

He de confesar que, no siendo yo tampoco un filósofo sino un simple y modesto practicante, los "procedimientos" expresivos de Nagarjuna a menudo me marean, no siendo por otra parte imprescindibles para orientar mi práctica. Por ello, leyendo a Nagarjuna a menudo voy directamente a su conclusiones.

Como dice David S. Loy, la intención de las Kārikā no es ofrecer "un análisis del mundo en sí, sino que analizan nuestras formas de entender el mundo". El mundo en sí es "en realidad" incomprensible, en el sentido de que no se puede reducir a una construcción realizada con el lengüaje. Nagarjuna, proponiendo el abandono de los puntos de vista (incluído el suyo), es decir proponiendo el silencio, lo que está ofreciendo es una puerta de acceso a esa Realidad irreductible a las palabras (pero también a la "experiencias", entendidas como "experiencias" de "alguien", como atributos adquiridos o añadidos a un, supuesto, sujeto concreto)

Creo que la "crítica" de Martín Sevilla, cuando dice: "Los términos de la relación de dependencia son descritos en sincronía, pero no son sus referentes, que lógicamente surgen en diacronía. Esta confusión sitúa en un mismo plano hechos y palabras, siendo así que los hechos tienen una diacronía que no reflejan las palabras", pasa estrepitosamente por alto un punto, que ese "decir", y todos su componentes ("relación de dependencia", "diacronía", "sincronía", "referentes", "hechos vs. palabras", etc.) son evidentemente también una construcción de lenguaje, realizada con palabras.., no es un decir que sea un hecho en sí mismo de algo "ahí fuera".

Los "hechos" son construcciones que requieren que se determine primero (como hecho de lenguaje, incluida la cesación del lenguaje) el campo y las reglas con las que se constituirán esos "hechos"; y esto será diferente cuando nuestro enfoque, en ese momento, sea el de un científico (que aborda la "realidad" de una manera), un músico (que la aborda de otra) o un caminante espiritual (que, más bien, la de-construye o, diciéndolo de otra manera, la aborda, sin separaciones creadas por la mente, como pratītyasamutpāda).

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Carl Sagan
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Carl Sagan »

Roberto escribió: 12 Oct 2024 19:56 Como dice David S. Loy, la intención de las Kārikā no es ofrecer "un análisis del mundo en sí, sino que analizan nuestras formas de entender el mundo". El mundo en sí es "en realidad" incomprensible, en el sentido de que no se puede reducir a una construcción realizada con el lengüaje. Nagarjuna, proponiendo el abandono de los puntos de vista (incluído el suyo), es decir proponiendo el silencio
Era muy joven cuando leí a Nagarjuna y ahora me resulta imposible desgranar toda su perspectiva, aunque me quedó el poso de que todas las cosas son condicionadas, un bluff a lo que no merece la pena apegarse con obstinación, puntos de vista incluidos.

“Todas las cosas son vacías” no es una proposición, sino un tipo de afirmación religiosa que, de forma paradójica, expresa lo inexpresable con la ayuda de la verdad convencional. El lenguaje real, ese que apunta a la verdad última, sería aquí el silencio”. (Juan Arnau).

Lo cual no significa que debamos rechazar el lenguaje y permanecer impertérritos en silencio. Como dice Juan Arnau en otra parte:

Esta dialéctica de lo inefable, en muchas de sus formas (no sólo budistas), tiene una actitud ambigua hacia el lenguaje y el razonamiento lógico. Por un lado reconoce su incompetencia para dar testimonio de la verdad, para expresar lo que, en su propia naturaleza, es inefable, y en ese sentido desconfía de él; por el otro, esas sospechas no llegan a convertirse en un rechazo del lenguaje, pues hay una conciencia muy clara de que tanto el lenguaje como el razonamiento son herramientas indispensables para avanzar en el camino hacia el despertar. (Juan Arnau).

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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Roberto »

Continúo con la traducción de otro fragmento de este texto de David R. Loy, en el que pone ahora el foco sobre en Dogen. En este fragmento y los siguientes veremos algunas de la técnicas de manipulación del lenguaje y de os discursos de la tradición, realizadas por Dogen, para forzar a las palabras a decir aquello que va más allá de las palabras. En este sentido es importante señalar que cuando Dogen "reinterpreta" por ejemplo las palabras de un antiguo koan o de algún sutra se está dirigiendo a una audiencia que normalmente conocía ya esos koan o esos sutra (no eran iletrados al respecto, como nosotros, occidentales, somos); no es por tanto la intención "tergiversar" lo dicho sino desvelar en sus oyentes una capa más profunda del sentido de aquellos textos, que estaba oscurecida tras la interpretación habitual que dichos oyentes tenían pre-aprendida.
El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen (3)

¿Qué deconstruye Dogen?


El lenguaje y los símbolos delimitan; pero como fuerzas vivas son lo suficientemente dinámicos como para abrirse, reexpresarse constantemente renovándose y desprendiéndose, de modo que se desplieguen nuevos horizontes de su propia vida. De esta manera, el lenguaje y los símbolos no conocen límites en cuanto a cuán lejos pueden penetrar, tanto conceptual como simbólicamente. Ningún pensador budista se dedicó de manera más intensa y meticulosa a la exploración de todas y cada una de las posibilidades lingüísticas de los conceptos y símbolos budistas, incluso de aquellos olvidados y desplazados, como Dōgen, el cual se esforzó por apropiarse de ellos dentro del funcionamiento dinámico de la realización del Camino.
(Hee-Jin Kim)

Los argumentos dialécticos de Nāgārjuna son ajenos a Dōgen. De hecho, el Shōbōgenzō no se interesa por la filosofía budista como tal, sino por el análisis semántico de pasajes de los sūtra budistas y de los textos Ch'an. Estos análisis no están inspirados por ninguna piedad convencional hacia tales escrituras, pues Dōgen ofrece muchas “interpretaciones erróneas”, deliberadas y a menudo brillantes, de estos pasajes. Por su disposición a transgredir las lecturas tradicionales y contradecir las enseñanzas ortodoxas, Dōgen es capaz de desafiar nuestra comprensión habitual y generar una nueva forma de “tomar” el mundo liberada de nuestros dualismos lingüísticos habituales, incluidos los budistas convencionales, como aquel que existe entre el lenguaje y el silencio.

La exégesis de Hee-Jin Kim sobre los métodos analíticos de Dōgen distingue siete técnicas diferentes en el Shōbōgenzō. Aunque estas se superponen y no son exhaustivas, comenzaremos resumiendo lo que Kim dice sobre cómo funciona cada una de ellas, seguido de un intento de entender lo que estas técnicas implican sobre el lenguaje y cómo se puede utilizar el lenguaje desde un punto de vista iluminado. A continuación, solo se presentan algunos de los muchos ejemplos que podrían citarse para cada técnica.

Transposición de componentes léxicos

Un ejemplo simple es la discusión de Dōgen sobre to-higan (“llegar a la otra orilla”) en el fascículo Bukkyo, que transpone los dos caracteres a higanto, “la llegada de la otra orilla” o “la otra orilla ha llegado”. El significado original de higan (“la otra orilla”, es decir, el nirvana) dualiza entre un evento futuro y la práctica presente de uno dirigida a alcanzar ese evento. De esta forma el término transcrito ya no se refiere a un evento futuro, sino que enfatiza el evento de realización aquí y ahora.

En el fascículo Mujo-seppo, se revierte seppo (“predicación del dharma”) de la misma manera, para convertirse en ho-setsu (“la predicación del dharma”). Esto permite a Dogen decir: “Este ‘discurso sobre el Dharma’ es ‘el discurso del Dharma’.” No hay dualidad (¿trinidad?) entre el hablante, el acto de hablar y el Dharma que se habla.

Reconstrucción Semántica a través del Cambio Sintáctico

Quizás el ejemplo más conocido se encuentra en el fascículo Bussho, que cita del Sutra del Nirvana: “Todos los seres sintientes sin excepción tienen naturaleza de Buda” (issai no shujo wa kotogotoku bussho ari). Dōgen reorganiza los componentes sintácticos para hacer que signifiquen: “todos los seres sintientes, es decir, toda existencia, es naturaleza de Buda (issai shujo shitsuu-bussho). La naturaleza de Buda ya no es un atributo de los seres sintientes, algo que necesita ser actualizado. Los seres sintientes y "su" naturaleza de Buda son no-duales.
Otro ejemplo de esta reconstrucción, con el mismo propósito, se encuentra en el fascículo Juki. Juki se refiere a la predicción del Buda sobre la futura iluminación de un discípulo, pero Dōgen reconfigura la frase masani anokutara-sammyaku-sambodai o ubeshi (“Alcanzarán la iluminación suprema y perfecta”) en totokuanokutara-sammyakusambodai (“Han alcanzado ciertamente la iluminación suprema y perfecta”). La certeza de un evento futuro se transforma en un testimonio de una condición presente.

Explicación de Atributos Semánticos

En el fascículo Uji, Dōgen toma el término común arutoki (“en cierto momento”, “a veces”, “una vez”) y reinterpreta sus componentes aru o u (“ser”) y toki o ji (“tiempo”, “ocasión”) para hacer uji, “ser-tiempo”, que utiliza para significar la no-dualidad de la existencia y el tiempo, es decir, de las cosas y sus atributos temporales. En otros fascículos, Dōgen hace lo mismo al reducir cada uno de estos dos conceptos al otro, diciendo que los objetos son tiempo (los objetos no tienen existencia propia porque son necesariamente temporales, en cuyo caso no son objetos en el sentido habitual) y, viceversa, que el tiempo son los objetos (el tiempo se manifiesta no en sino como los eventos efímeros que llamamos objetos, en cuyo caso el tiempo es diferente de lo que usualmente se entiende que significa). “El tiempo que llamamos primavera florece directamente como una existencia llamada flores. Las flores, a su vez, expresan el tiempo llamado primavera. Esto no es existencia dentro del tiempo; la existencia misma es tiempo.” Si no hay sustantivos, no hay referentes para los predicados temporales. Cuando no hay cosas que tengan una existencia aparte del tiempo, entonces no tiene sentido hablar de cosas como jóvenes o viejas. Nagarjuna había llegado a la misma conclusión: “Volverse otro no es comprensible ni para la misma cosa [pues entonces no es la misma cosa] ni para otra cosa [pues entonces no es la misma cosa]. Así, el joven no envejece ni el anciano envejece”.
En un famoso pasaje del primer fascículo del Shobogenzo, "Genjo-koan", se utiliza la imagen de la leña y las cenizas para señalar el mismo punto sobre las cosas y "su" tiempo:
«La leña se convierte en ceniza y no vuelve a convertirse en leña. Sin embargo, no supongas que la ceniza es el futuro y la leña el pasado. Debes entender que la leña reside en la expresión fenoménica de la leña, que incluye completamente el pasado y el futuro y es independiente del pasado y el futuro. La ceniza reside en la expresión fenoménica de la ceniza, que incluye completamente el futuro y el pasado. Así como la leña no vuelve a convertirse en leña después de convertirse en ceniza, tú no regresas al nacimiento después de la muerte.

Siendo así, es algo establecido en el Buddha-dharma negar que el nacimiento se convierta en muerte. En consecuencia, el nacimiento se entiende como no-nacimiento. Es una enseñanza inquebrantable en el discurso de Buddha que la muerte no se convierte en nacimiento. En consecuencia, la muerte se entiende como no-muerte.

El nacimiento es una expresión completa de este momento. La muerte es una expresión completa de este momento. Son como el invierno y la primavera. No llamas al invierno el comienzo de la primavera, ni al verano el final de la primavera.
»

El comienzo parece hacer eco de la deconstrucción que Nagarjuna hace de la dualidad entre el fuego y el combustible en el capítulo 10 del Mulamadhyamakakarika, pero la explicación de Dōgen lleva la cuestión aun más directamente a nuestras propias vidas. Porque la vida y la muerte, como la primavera y el verano, no están en el tiempo, son atemporales. Y si no hay nadie atemporal que nazca y muera, entonces sólo existen los acontecimientos del nacimiento y la muerte. Pero si sólo existen esos acontecimientos, sin nadie en ellos, entonces no hay nacimiento ni muerte reales. Tal es la consecuencia de la no dualidad entre yo y el atributo más incómodo de todos, "mi" nacimiento/muerte.
Continuará ada123123
Roberto
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Re: El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen - David S. Loy

Mensaje por Roberto »

Proseguimos con la traducción del artículo sobre Dogen y Nagarjuna de David. S. Loy.
El lenguaje contra sus propias mistificaciones: Deconstrucción en Nāgārjuna y Dōgen (4)

¿Qué deconstruye Dogen? (2)


Expresiones reflexivas y autocausativas

Dogen utiliza la repetición (ji-ji... “tiempo”, sho-sho... “nacimiento”, butsu-butsu... “buddha”, etc.) y las declaraciones de identidad (“las montañas son montañas” y “el vacío es el vacío”) para enfatizar y, aprovechando la facilidad con la que el idioma japonés permite que los sustantivos se conviertan en verbos añadiendo el sufijo -su, se deleita con expresiones de tipo heideggeriano como “el cielo es el cielo”. Estas técnicas se utilizan para ejemplificar su noción de ippo-gujin..., “el ejercicio total de un solo dharma”. Este término clave encarna su comprensión dinámica de la interpenetración, según la cual cada dharma en el universo es a la vez causa y efecto de todos los demás dharmas. Esta interfusión significa que la vida de un dharma se convierte en la vida de todos los dharmas, de modo que (como les gusta decir a los maestros zen), esto es la única cosa en todo el universo. La aplicación de ippo-gujin al lenguaje también permite que las palabras trasciendan el dualismo, como veremos.

La revalorización de nociones comunes y el uso de metáforas olvidadas

En la época de Dogen, ya se habían convertido en tradicionales varias metáforas que contrastaban este mundo de sufrimiento con el reino de la iluminación: por ejemplo, gabyo... (“pasteles dibujados que no pueden saciar nuestro hambre”), kuge... (literalmente, “flores del cielo”, que se ven cuando el ojo está defectuoso y, por tanto, una metáfora de las percepciones ilusorias), katt... (“enredaderas enredadas”, que significan apegos mundanos) y mu... (un sueño, en oposición a estar despierto). De esta manera, también, las enseñanzas budistas que trabajan para deconstruir dualismos crearon otros nuevos, y en los mil años transcurridos entre Nagarjuna y Dogen estas imágenes se habían osificado volviéndose problemáticas. Aquí, también, las “interpretaciones erróneas” de Dogen revitalizan estos términos depreciados al negar el dualismo implícito en cada uno. En lugar de descartar las imágenes (es decir, los conceptos), el fascículo Gabyo enfatiza su importancia al transformar gabyo wa ue ni mitazu (“los pasteles pintados no satisfacen el hambre”) en gabyo ... (“los pasteles pintados son hambre que no satisface”), escapando del dualismo del hambre y la satisfacción hacia el no dualismo de un hambre que, por ser en sí misma la realidad última, no carece de nada: “Porque el mundo entero y todos los dharmas son inequívocamente imágenes, los hombres y los dharmas se actualizan a través de imágenes, y los budas y los patriarcas se perfeccionan a través de imágenes”.

El fascículo Kuge revaloriza los kuge, habitualmente criticados como ilusiones, convirtiéndolos en “flores del vacío”; en lugar de la típica dualidad budista entre realidad e ilusión, “todos los dharmas del universo son las flores del vacío”. En lugar de la admonición habitual de cortar todas las enredaderas que nos enredan, el fascículo Katto enfatiza la importancia de las relaciones mundanas, como la conexión dhármica entre maestro y estudiante, que conducen a una comprensión cada vez mayor del Dharma. Y “todos los dharmas en el estado de sueño, así como en el estado de vigilia, son igualmente una realidad última... El sueño y la vigilia son igualmente una realidad última: no hay grandeza ni pequeñez, ni superioridad ni inferioridad que tengan nada que ver con ellos”.

El uso de expresiones homófonas

Además de emplear técnicas asociativas como entrelazar shozan... “todas las montañas” con shosui... “todas las aguas” para presentar vívidamente la no dualidad de la montaña y el agua en el fascículo Sansuikyo..., Dogen utiliza pares de palabras homófonas (juegos de palabras) para reforzar su significado. En el fascículo Gabyo, por ejemplo, la frase shobutsu kore sho naru yueni shobutsu kore sho nari...) (“Porque todos los Budas son verificación, todas las cosas son verificación”) identifica shobutsu “todos los Budas” con shobutsu “todas las cosas”.

Reinterpretación basada en el principio del vacío absoluto

Dogen “malinterpreta” algunas de las historias zen más famosas para darles un significado radicalmente diferente, a menudo diametralmente opuesto a la interpretación tradicional. En el fascículo Katto, por ejemplo, Dogen cuestiona la visión tradicional de la transmisión del dharma de Bodhidharma a sus cuatro discípulos: Tao-fu, Tsung-chih, Tao-yu y Hui-k'o. Según las diferentes respuestas de estos a su desafío, Bodhidharma dice que han alcanzado su piel, carne, huesos y médula, respectivamente, y este último porque Hui-k'o demuestra el logro más alto al no decir nada en absoluto. Así es, al menos según la visión habitual que ve estos cuatro logros como metáforas de etapas progresivamente más profundas de comprensión, lo que indica una jerarquía de rango entre los discípulos. Dogen, sin embargo, repudia esta visión común al adoptar el punto de vista absoluto: "Debemos saber que las palabras del patriarca “piel, carne, huesos y médula” no tienen relación con la superficialidad o la profundidad... El cuerpo-mente del patriarca es tal que la piel, la carne, los huesos y la médula son todos igualmente el patriarca mismo: la médula no es lo más profundo, la piel no es lo más superficial".

Kim cita muchos otros ejemplos para demostrar estas técnicas "transgresoras", pero lo que debemos hacer ahora es caracterizar su función.
Continuará ada123123
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