Zen samurai. Hakuin.
Publicado: 17 Feb 2025 17:33
A la escuela Rinzai del zen se le denomina el general, y a la escuela Soto el campesino.
Entre los que practicamos zen es muy conocido el “Canto de alabanza del zazen”, de Hakuin. Pero Hakuin tiene también otras instrucciones para sus discípulos en la onda del dicho de los maestros rinzai de “gran fe, gran duda, gran determinación”, como esta:
“En todo momento en tu estudio del Zen, pelea contra los engaños y pensamientos mundanos, batalla contra el demonio negro del sueño, ataca a los conceptos activos y pasivos, orden y desorden, bien y mal, odio y amor, y súmate al combate contra todo lo mundanal. Entonces, si prosigues con la verdadera meditación y luchas con fiereza, inesperadamente irrumpirá la verdadera iluminación”.
Pero Hakuin aún fue más allá y llegó a la conclusión (esto está extraído del libro “Zen and War”, de Brian Victoria) de que el estilo de vida del guerrero era, en realidad, superior al de un monje para la práctica del zen. Lo más importante para él era la oportunidad que se le presentaba al guerrero mientras “cabalgaba para enfrentarse a una horda incontable de enemigos”. En una carta escrita a unos de sus mecenas guerreros, Hakuin continuó desarrollando esta idea de la siguiente manera:
“Meditando de esta manera (es decir, a caballo), el guerrero puede lograr en un mes lo que le tomaría al monje un año; en tres días puede abrir para sí mismo beneficios que le tomarían al monje cien días”.
No es de extrañar que a los samuráis les atrajera esta versión del zen.

Entre los que practicamos zen es muy conocido el “Canto de alabanza del zazen”, de Hakuin. Pero Hakuin tiene también otras instrucciones para sus discípulos en la onda del dicho de los maestros rinzai de “gran fe, gran duda, gran determinación”, como esta:
“En todo momento en tu estudio del Zen, pelea contra los engaños y pensamientos mundanos, batalla contra el demonio negro del sueño, ataca a los conceptos activos y pasivos, orden y desorden, bien y mal, odio y amor, y súmate al combate contra todo lo mundanal. Entonces, si prosigues con la verdadera meditación y luchas con fiereza, inesperadamente irrumpirá la verdadera iluminación”.
Pero Hakuin aún fue más allá y llegó a la conclusión (esto está extraído del libro “Zen and War”, de Brian Victoria) de que el estilo de vida del guerrero era, en realidad, superior al de un monje para la práctica del zen. Lo más importante para él era la oportunidad que se le presentaba al guerrero mientras “cabalgaba para enfrentarse a una horda incontable de enemigos”. En una carta escrita a unos de sus mecenas guerreros, Hakuin continuó desarrollando esta idea de la siguiente manera:
“Meditando de esta manera (es decir, a caballo), el guerrero puede lograr en un mes lo que le tomaría al monje un año; en tres días puede abrir para sí mismo beneficios que le tomarían al monje cien días”.
No es de extrañar que a los samuráis les atrajera esta versión del zen.
