Lo que estoy a punto de decir, se aplica sobre todo al zen daijo, que se
dirige especialmente al satori, aunque en menor grado también abarca al
saijojo.
El primero de los tres elementos de la práctica zen, es una fe profunda
(daishinkon) que va más allá de una creencia. El ideograma de kon significa
“raíz” y el de shin, “fe”. Por lo tanto, la frase implica una fe firme y
profundamente enraizada, inamovible, como un árbol inmenso o una roca
enorme. Es una fe, además, sin los tintes de la creencia en lo sobrenatural o
en la superstición. El budismo con frecuencia ha sido descrito a la vez como
una religión racional y como una religión de sabiduría. Pero lo que hace una
religión es este elemento de fe, sin el cual sería solamente una filosofía. El
budismo comienza con la iluminación suprema del Buda, a la que llegó
después de extenuantes esfuerzos. Por lo tanto, nuestra fe es profunda en su
iluminación, en la sustancia de la proclamación de que la naturaleza humana, y
toda la existencia, es intrínsecamente completa, sin fallas, omnipotente, en una
palabra, perfecta. Sin una fe inamovible en el corazón de la enseñanza del
Buda es imposible llegar lejos con la práctica.
La segunda cualidad indispensable es una sensación de fuerte duda
(daigidan) (42). No es una simple duda, dense cuenta, sino una “masa de
duda” - que inevitablemente surge de una fe profunda. Es una duda de por qué
el mundo y nosotros parecemos tan imperfectos, tan llenos de ansiedad,
sufrimiento, dolor, cuando de hecho nuestra fe profunda nos dice que
exactamente lo contrario es cierto. Es una duda que nos deja sin tregua; es
como si supiéramos muy bien que somos millonarios sin embargo
inexplicablemente nos encontramos en extrema necesidad sin un centavo en la
bolsa. Una gran duda, entonces, existe en proporción a una fe profunda.
Puedo ilustrar este estado mental con un ejemplo muy simple. Piensen en
un hombre que está sentado fumando y de pronto ya no encuentra la pipa que
hace un momento tenía en la mano. Empieza a buscarla con la absoluta
certeza de que la hallará. Estaba allí hace un momento, nadie se ha acercado,
no pudo haber desaparecido. Cuanto mas tarda en encontrarla, mayor es su
energía y determinación de hallarla.
De esta separación de duda surge naturalmente el tercer elemento inicial:
una fuerte determinación (daifunshi). Es una determinación avasalladora de
deshacerse de esa duda con toda nuestra energía y voluntad. Al creer con
todos los poros de nuestro cuerpo en las palabras de Buda y su verdad de que
todos estamos dotados con una Mente-bodhi inmaculada, nos decidimos a
descubrir y experimentar la realidad de esta mente en nosotros.
El otro día una persona que había malentendido el estado mental que se
necesita para estos tres elementos esenciales, me preguntó: “¿Creer que
somos buda, no sería igual que aceptar que el mundo es perfecto tal cual es,
como uno acepta que los sauces son verdes y claveles rojos?” Es evidente el
error de esto. Si no nos preguntamos por qué existen la ambición y el conflicto,
por qué el hombre ordinario actúa como cualquier cosa menos un Buda, no
surgirá en nosotros determinación alguna para resolver la contradicción obvia
entre que creernos como fe y lo que nuestros sentidos nos dicen como algo
exactamente opuesto y por lo tanto nuestro zazen no tendría esa fuente poder
primordial.
Ahora relacionaré estos tres elementos esenciales al zen daijo y saijojo.
Mientras todos estos están presentes en el daijo, la duda es el acicate principal
para el satori puesto que no da tregua alguna. De modo que por medio del zen
daijo experimentamos más rápidamente la resolución de la duda y el satori.
Por otra parte, en el zen saijojo el elemento de fe es más fuerte. No existe
una duda fundamental del tipo de que ya hemos mencionado, así pues no nos
vemos impelidos a resolverla, pues nos sentamos con la fe absoluta de que
inherentemente somos buda. A diferencia del zen daijo, el zen saijojo, que
ustedes recordarán es el tipo de zen más puro que no requiere una lucha
ansiosa por la iluminación, es un zazen que al madurar naturalmente culmina
en la iluminación. Pero la vez, el saijojo es el zazen más difícil de todos, ya que
exige que os sentemos resuelta y dedicadamente.
Sin embargo, en ambos tipos de zazen los tres elementos son
indispensables y los antiguos maestros han dicho que mientras estén
presentes simultáneamente es más fácil fallar en tocar el suelo al darle un
golpe con el pie que no alcanzar la iluminación perfecta.