Carlos escribió: ↑17 Abr 2023 00:59
Si bien por fuera pueden llegar a generar cierta confusión, desde un punto de vista budista, mirando en la dirección adecuada, es decir, hacia el interior, la indiferencia y el desapego son diametralmente opuestos.
El desapego consistiría en el movimiento en el que,
soltándome a mí mismo, es decir la idea de un yo separado e independiente del resto del origen co-dependiente, voy soltando, al mismo tiempo, todo aquello que aparece en mi caminar cotidiano, a cada instante.
Por otro lado, la indiferencia consistiría en el movimiento en el que,
sin dejar de soltar dicha idea de un yo separado e independiente del resto del origen co-dependiente, mantener una actitud lo más neutra posible ante las posibles circunstancias del devenir cotidiano.
En teoría es como dices. Tal vez añadiendo, a la primera opción, para despejar malentendidos, el mátiz que señala Dogen en el Genjokoan, el cual, donde dice que:
"Aprender de sí mismo es olvidarse de sí mismo. Olvidarse de sí mismo es ser confirmado por todas las cosas. Ser confirmado por todas las cosas es libertad al abandonar el cuerpo y espíritu de sí mismo y el cuerpo y espíritu de los demás. Es despertar que descansa de todo rastro de sí mismo, es despertar que perpetúa el no dejar rastro de sí mismo.", o igualmente, un poco antes, en el mismo texto: "
Sin embargo, aun siendo así las cosas, las flores caen, precisamente cuando por afecto las querríamos conservar, las malas hierbas crecen, precisamente cuando nosotros con desagrado las rechazamos. Hacer reales las cosas poniendo delante a sí mismo, esto es la ilusión; partiendo de las cosas verificarse a sí mismo, esto es despertar.".
Pero sí, el movimiento primario, como señalas, es soltar, no-aferrar (tanto en lo que se refiere a
prajñā, como a
sīla, como a
samādhi), ni un sí mismo propio, ni un sí mismo de las cosas... pero eso es solo el inicio de la vía, su fundamento

, no la meta; realizado eso hay que seguir expresando eso en el mundo relativo.
Sin embargo, en la práctica, quiero decir en la realidad de muchos practicantes, en la interpretación que hacen del "desapego", por desgracia la pregunta que realizaba
@VuelaBajo VuelaBajo escribió: ↑17 Abr 2023 00:14
[...] siempre me pregunté y me seguiré preguntando, dónde termina el desapego y comienza la indiferencia.
Sigue siendo pertinente, la línea en la práctica es tan fina que a menudo se desdibuja. Tomar refugio en la vía de Buddha es frecuentemente interpretado como recluirse en un bunker... cuando eso es exactamente su contrario. Muchos "practicantes" podríamos decir que siguen siendo seguidores del hinayana, sin matices peyorativos (no uso aquí el término con el sentido antiguo, despreciativo y ya obsoleto), es decir en el sentido de "vehiculo pequeño,
solo para uno", lo cual puede suceder al margen de que uno se considere identificado con el Theravada o con el Mahayana (esa es otra cuestión, que no es a la que me refería usando el término "hinayana", no se confunda lo que estoy diciendo).
Por ello, volviendo al mismo texto de Dogen, preguntarse por la "propia" budeidad, o convertirla en objeto de especulación o anhelo, es absurdo: "
Aquellos que hacen de la ilusión un gran despertar, estas son las personas de la vía; aquellos que hacen del despertar una gran ilusión, estas son las personas del mundo. Además existe la persona que del despertar extrae despertar, existe la persona que de la ilusión extrae más ilusión. Cualquier persona de la vía, cuando de verdad es persona de la vía, no arrastra consigo la conciencia de que «yo soy una persona de la vía». Sin embargo manifiesta el modo de ser original, avanza dando testimonio del modo de ser original."
Lo cual es comentado-parafreseado por un maestro japonés contemporaneo, de la siguiente manera (los subrayados son mios y los comentarios entre corchetes también):
Practicar el verdadero modo de vivir es remontar más allá del origen de la comparación y de la relatividad del «existe»/«no existe» [śūnyatā/la vacuidad, solo se manifiesta a través de la existencia real del mundo ahora, de pratītyasamutpāda, no "existe" como una realidad a parte]. En concreto, observad atentamente, cuando «existe» vida, la realidad de ser vida está completamente dotada de vida y activa; en el momento en que «existe» muerte, la muerte es aceptada tal como es, sin buscar huir de ella como de una profanación [todo lo que nos sucede es buddhadharma, si lo sabemos mirar con los ojos claros, sin nuestras habituales gajas coloreadas por nuestros pequeños deseos]. Observad, si se pierde de vista la realidad fundamental, si existe el reconocimiento honesto y sincero del hecho de haberla perdido de vista, cuando se ha adquirido una profunda comprensión y aclarado la verdadera forma, sin estancarse ahí, entonces «existe» el hacerla resplandecer cada vez más llena de vida[reconocer la ilusión es liberarse de la ilusión, es en el mismo reconocimiento de nuestros límites que podemos liberarnos de esos límites, es a través de la humildad que nos hacemos grandes]. En el proteger y respetar el grandioso límite que nos ha sido dado, no buscando convertirse en un «buddha» ideal y tomar posesión de una «iluminación» (satori) construida por el pensamiento [no hay porque perder ni un minuto en esto, eso es simplemente alejarse de la vía, ahora], existe el poner efectivamente en práctica el modo de ser original, el verdadero modo de vivir. Existe también el venerar, en tanto que señales sobre la vía, a aquellos que en el pasado, dedicados a la verdadera realidad, han vivido obedeciéndola [es ahí, a nuestra realidad concreta, evidente ante nosotros, a donde hay que volver cada vez, no a nuestras ilusiones sobre cómo nos gustaría que fuese esa realidad]. Entonces, ir más allá de lo relativo consiste en poner en práctica la vía en cada una de las realidades individuales con las que yo me encuentro ahora, instante tras instante.
