Acusar a Teresa de Ávila de tener makyos, me parece un tanto audaz, además de anacrónico.Daido escribió: ↑01 Feb 2024 11:55Santa Teresa de Ávila es mi mística preferida. Ella no habla de anonadamiento, que yo sepa. Tampoco yo sé lo que es. Obviamente, si persiste un Él, eso no es una experiencia mística, es un makyo. En cuanto a Hui Neng o Dogen, no soy especialista en ellos. Pero creo que el segundo dice en algún momento "za zen le permite al hombre despertar a su fuerza espiritual y morar en el ámbito del origen. Se le llama a esto dejar que brille la luz original". El cristianismo, añadiria que eso es Amor. En el budismo el Amor no se nombra con frecuencia.Roberto escribió: ↑31 Ene 2024 23:32 El anonadamiento del mistico cristianó (la kenosis), para que en el silencio Dios nos hable, diálogo en el que persiste un Él y mi propia alma (y que es solo posible por su gracia, como un don de Él); y el más allá del pensamiento, el impensar de Hui Neng, o de Dogen, en el que olvidado el yo somos realizados por las diez mil cosas (una puesta en evidencia de la interrelacion de todas las cosas, de pratityasamutpada); son operaciones interiores muy diferentes, sus similitudes son solo aparentes.
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No es posible encorsetar todas las vías espirituales dentro de los mismos parámetros. Intentar reducir el discurso, la experiencia, de quien recorre otra vía a la propia es un tanto reduccionista. El diálogo parte de aceptar los presupuestos del otro, aunque uno pueda tener otros, sino: ¿Qué diálogo es?
La vía de cada cual puede ser la mejor para él, pero pretender que lo sea para todos, es un salto que intenta, metafóricamente hablando, aniquilar al otro, a su diversidad.
El cristianismo, las religiones abrahamicas en general, son dualistas por naturaleza... y esta bien así si, a su vez, no intentan imponernos esa visión a los demás (cosa que, históricamente, han hecho a menudo(.
En estos tiempos pienso que el diálogo interreligioso (y también el intrarreligioso) es una necesidad histórica, pero no ha de ser su objetivo la uniformidad, ni tampoco la primacia de lo mío frente a lo tuyo, eso llevaría a muy malas consecuencias para todos, espirituales y de toda indole.
