El elefante en la habitación del Dharma

Propuestas budistas más allá del tercer giro de la rueda del Dharma.
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Junonagar
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El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

Llevamos unas semanas muy tranquilas por el foro. Vamos a echarle un poquito de pimienta al foro con este artículo de John Peacock.

El elefante en la habitación del Dharma

Ha llegado el momento de que el budismo occidental contemporáneo examine su conciencia ética. Permítanme tomar como punto de partida un comentario del filósofo esloveno Slavoj Zizek .
Aunque el budismo se presenta como el remedio para la tensión estresante de la dinámica capitalista, permitiéndonos desvincularnos y conservar la paz interior… en realidad funciona como el complemento ideológico perfecto del capitalismo… El camino meditativo del “budismo occidental” es posiblemente la manera más eficiente de participar plenamente en la dinámica capitalista manteniendo al mismo tiempo la apariencia de cordura mental.
Cuando leí por primera vez este libro, hace unos ocho años, junto con otros comentarios suyos sobre el budismo occidental y la atención plena, me sentí ligeramente indignado. Me pregunté cómo podía un filósofo académico, que claramente no es un erudito budista, hacer comentarios tan generales, que sólo podían surgir de la “ignorancia” de alguien que nunca ha estudiado ni practicado el budismo. Habiendo justificado aparentemente mi reactividad, dejé de lado en silencio la de Zizek.

En el verano de 2022, impartí un retiro de atención plena en Irlanda. Fue uno de los veranos más calurosos registrados en Europa occidental, con temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados, una temperatura inaudita en Irlanda. Una noche, mientras daba la charla obligatoria sobre el dharma en la sofocante capilla católica que nos servía de sala de meditación, las conocidas palabras del Sermón del Fuego del Buda me impresionaron de una manera que nunca antes me habían hecho. “Monjes, todo está ardiendo… ardiendo con el fuego de la codicia, con el fuego de la aversión, con el fuego del engaño”.

En varias partes de Europa, incendios incontrolados arrasaban paisajes antiguos y preciosos, destruyéndolo todo. Antes de viajar a Irlanda, recordé haber visto una fotografía en un diario de una escena que parecía un desierto, con una figura solitaria vagando por él. Ese desierto devastado y de color pajizo resultó ser Hyde Park en el centro de Londres. El mundo, al parecer, estaba ardiendo por los efectos provocados por los cambios climáticos y ambientales, una consecuencia directa de las formas en que se organizan nuestras sociedades consumistas , junto con las políticas que alimentan y fortalecen a estas sociedades. Y, sin embargo, allí estaba yo, sentado con un grupo grande de personas, principalmente de clase media, hablando sobre la psicología de la atención plena y los efectos beneficiosos de participar en su práctica.

El elefante en el Salón del Dharma eran las dimensiones sociales, políticas y éticas incuestionables de las estructuras que todos habitamos. A pesar de su presencia amenazante, este elefante es ignorado en su mayoría. Hay una negativa a reconocer su existencia, y mucho menos a abordarlo de manera significativa. Me pareció entonces, como me parece ahora, que a menos que reconozcamos plenamente nuestra implicación en la devastación del mundo a través de nuestra complicidad no examinada en las estructuras capitalistas y consumistas que provocan esa devastación, entonces algo está terriblemente mal con el budismo contemporáneo y los movimientos de atención plena que tienen sus orígenes en el budismo. Si nuestra búsqueda de la prosperidad personal en este mundo, a través del estudio y la práctica del “budismo”, no nos lleva a cuestionar las estructuras que dan lugar al hambre, la desigualdad, el prejuicio y la injusticia, entonces nuestro “budismo” existe en una atmósfera enrarecida, divorciada de la lucha por la existencia de miles de millones de seres en este planeta.

En la búsqueda de un budismo apolítico que abarque a todos, reforzamos la percepción de que el budismo es “de otro mundo” y que no se interesa ni se compromete con los problemas más urgentes de nuestro tiempo. Al adoptar esta postura, los diversos “budismos” del mundo occidental adquieren un rostro pacífico que se opone firmemente a las formas de parcialidad política, lo que los vuelve incapaces de criticar el statu quo sociopolítico actual. Se podría argumentar que esto es una abnegación de la responsabilidad ética que tenemos, no solo como budistas sino como seres humanos, de encontrar formas de vivir en el mundo que beneficien a todos y que reconozcan y denuncien la injusticia, la desigualdad, la explotación y las causas de la devastación ambiental. Adoptar una línea de “menor resistencia”, concentrándose en objetivos más blandos asociados principalmente con el individuo, en lugar de las estructuras sociales y políticas que habitamos como individuos, es un fracaso de la responsabilidad ética.

Cuando observamos nuestro mundo –el mundo occidental– y observamos la fragilidad actual de nuestras estructuras democráticas y la venta generalizada de nuestras instituciones políticas a los intereses corporativos y comerciales, ¿no nos obliga esto al menos a mencionar estos hechos, junto con los peligros éticos que plantean? ¿No es necesario destacar la absoluta mendacidad de gran parte del discurso político que escuchamos? ¿No nos llaman las desigualdades e injusticias patentes de nuestras sociedades a responder, no solo con una compasión distante sino también con un activismo práctico y comprometido ?

En el pensamiento budista estamos más acostumbrados a plantearnos preguntas sobre la manera correcta de vivir en la esfera de la acción individual, pero tendemos a evitar examinar cuestiones sociales y políticas en contextos dharma. El hecho de no hacerlo puede atribuirse únicamente a una incapacidad para captar la compleja visión ética del Buda, que no sólo abarcaba al individuo sino también la experiencia vivida de nuestras realidades sociales. Yo diría que es mucho más fácil abordar los problemas psicológicos individuales que las cuestiones sociopolíticas. Sin embargo, al evadir lo sociopolítico nos exponemos a la acusación de cobardía ética que prioriza lo individual sobre lo social. A menudo justificamos esta negligencia con la afirmación generalizada de que deseamos evitar ofender y posiblemente alienar a las personas. Hay algo de falso en tales afirmaciones, y pueden verse como una cortina de humo para ocultar el miedo a no tener todas las respuestas.

(Continuará)
Daido
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Daido »

Comprendo. Ese artículo parece cuestionar la práctica de la meditación (que debe ser mindfulness, o como se ha traducido al español, atención plena). Es cierto que muchas peersonas practican mndfulness como un modo de hiegiene psicofísica, por así decir. Es una manera de alcanzar una cierta tranquilidad interior, lo que está muy bien, y no hay nada criticable en ello. Esto correspondería al primer tipo de zen (creo que se llama bompu zen) en el que se practica para sentirse mejor, sin ningún interés en ir más lejos del propio bienestar. Esta experiencia de bienestar sucede porque se despierta energía espiritual, que en el zen se llama joriki. Es frecuente que las personas que empiezan a practicar mindfulness sientan esta energía, al poco de empezar, y se sientan atraidos a practicar durante un tiempo, debido a ello. Lo frecuente, sin embargo, es que pasada esa luna de miel, llegue la noche oscura, y muchos abandonan entonces la práctica de la meditación. Si se hace solo para estar bien, entonces la meditacion es un fracaso: el bienestar y la noche oscura se alternan periodicamente, y no puede haber lo uno sin lo otro.

John Peacock, sin embargo, va más lejos en su planteamiento. Parece custionarse esta práctica de meditación, que solo sirve para sentirse mejor, dado que vivimos en un mundo que parece deshacerse a marchas agigantadas. Plantea, por ejemplo, el hecho del cambio climático, los incendios terribles que suceden cada verano que destruyen miles de hectáreas de bosque:
Y, sin embargo, allí estaba yo, sentado con un grupo grande de personas, principalmente de clase media, hablando sobre la psicología de la atención plena y los efectos beneficiosos de participar en su práctica.
Esto, al parecer, le hace custionarse si esa práctica de la atencion plena es correcta o no, porque si nos lleva a vivir en medio de este caos aparente, metidos en esta práctica de atencion mental, cayendo en una especie de adormilamiento, entonces, ¿esta práctica, es buena o no lo es? Parece más bien un narcótico, se diría. Algo que nos aisla del dolor que hay a nuestro alrededor en este mundo. ¿Tiene sentido una cosa así?, es su duda. Y entonces, dice:
Si nuestra búsqueda de la prosperidad personal en este mundo, a través del estudio y la práctica del “budismo”, no nos lleva a cuestionar las estructuras que dan lugar al hambre, la desigualdad, el prejuicio y la injusticia, entonces nuestro “budismo” existe en una atmósfera enrarecida, divorciada de la lucha por la existencia de miles de millones de seres en este planeta.
Y tiene razón. Por supuesto que esa práctica "budista" es una práctica que no es correcta, puesto que está centrada solo en el bienestar personal. Entonces, el autor se pregunta:
¿No nos llaman las desigualdades e injusticias patentes de nuestras sociedades a responder, no solo con una compasión distante sino también con un activismo práctico y comprometido ?
Aquí es donde debemos pararnos y pensar. ¿Compasión distante? Eso no sirve. Y ahora veamos, ¿Sirve el activismo práctica y comprometido? Ahí es donde yo no sé responder, porque no sé realmente en qué consiste el activismo práctico y comprometido. No lo sé, porque he estado en los tiempos que me tocó vivir, cuando era joven, involucrado en ese tipo de activismo, y no estoy seguro de que eso haya servido para algo concreto. Es posible que haya servido para cosas buenas, pero también para cosas malas. Porque la palabra "activismo" lo dice todo: se trata de actuar. Y normalmente, esto se entiende de un modo político. Etonces entrarmos en un activismo que puede desembocar en enfrentamiento, lo cual complica las cosas mucho más. Así, cuando dice John Peacock:
tendemos a evitar examinar cuestiones sociales y políticas en contextos dharma.
Tal vez sea verdad, pero no siempre. Así, por ejemplo, yo estoy metido en dos grupos que se reunen a meditar a diario: uno por la mañana y otro por la tarde. (Las reuniones se hace por Zoom, que es como se hacen hoy muchísimas, pero no por ser reuniones virtuales, dejan de ser reuniones reales). Son dos grupos muy distintos. El de la mañana, es un grupo que tiende a plantear cuestiones que implican activismo social (especialmente ahora que Trump ha ganado las elecciones). Hay personas en ese grupo que parecen muy implicadas en actividades "reales", es decir no solo virtuales. Una de esas personas, hoy, decía por ejemplo que no había dormido por la noche, porque no hacía sino pensar en las deportaciones que se iban a hacer en su país (USA). Otras contestaban en la misma línea. Cuando terminan esas reuniones, yo no veo que nadie tenga claro que es lo que hay que hacer, ni siquiera si hay algo que hacer. Lo más seguro es que al final no se haga nada, porque la mayoría tenemos ya los 60 cumplidos y nadie va ir por ahí en manifestación (tampoco tengo claro que salir en manifestación sea lo apropiado)

El grupo de la tarde, no tiene esa orientación, es un grupo mucho más espiritual. Místico, incluso. Ahi no se plantean normalmente ese tipo de cuestiones. La mayoría pasa también de los 60, y parece que tienen más asumida la edad en este caso, y parecen sobre todo interesados, no en el bienestar solamente, sino en llegar verdaderamente a un tipo de conocimiento místico de Dios o de Cristo (la mayoría son cristianos). Los vi afectados por la victoria de Trump, al diá siguiente de las elecciones, pero ninguno planteo la cuestión del activismo. Hay sin embargo personas que están implicadas en algún tipo de activismo (una por ejemplo es una activista contra le pena de muerte). Lo cierto es que la mayoría no plantea públicamente ninguna cuestión de este tipo. ¿Significa esto que están centrados en sí mismos, más que en lo que ocurre alrededor? A mí no me lo parece. Lo que yo veo es que están centrados en su búsqueda, pero su búsqueda no es el bienestar propio y pasota. Su búsqueda en más profunda que eso, y me maravillo de ello a diario.

No estoy seguro, por tanto, de que el activismo sea algo que deba considerarse en las reuniones de meditación. Lo que sí creo que hace falta, es plantear que la meditación no se enfoque solo en la búsqueda del bienestar propio, sino en la búsqueda de la trascendencia. Quizás la meditación que propone John Peacock sea un tanto superficial, y por eso se siente desilusionado. Esperaremos a ver los aportes que siguen.

Saludos
Junonagar
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

Daido escribió: 15 Nov 2024 21:47 Comprendo. Ese artículo parece cuestionar la práctica de la meditación (que debe ser mindfulness, o como se ha traducido al español, atención plena). Es cierto que muchas peersonas practican mndfulness como un modo de hiegiene psicofísica, por así decir. Es una manera de alcanzar una cierta tranquilidad interior, lo que está muy bien, y no hay nada criticable en ello. Esto correspondería al primer tipo de zen (creo que se llama bompu zen) en el que se practica para sentirse mejor, sin ningún interés en ir más lejos del propio bienestar. Esta experiencia de bienestar sucede porque se despierta energía espiritual, que en el zen se llama joriki. Es frecuente que las personas que empiezan a practicar mindfulness sientan esta energía, al poco de empezar, y se sientan atraidos a practicar durante un tiempo, debido a ello. Lo frecuente, sin embargo, es que pasada esa luna de miel, llegue la noche oscura, y muchos abandonan entonces la práctica de la meditación. Si se hace solo para estar bien, entonces la meditacion es un fracaso: el bienestar y la noche oscura se alternan periodicamente, y no puede haber lo uno sin lo otro...
Interesante reflexión. Yo evidentemente no tengo las respuestas que rondan alrededor de este artículo. En todo caso tengo más reflexiones. La visión y búsqueda mística que planteas en tu respuesta como solución tal vez sea un opción para una generación educada en el cristianismo. Para las personas que dentro del budismo tienen una visión más laica, secular, esta opción está mucho más limitada. De hecho estoy convencido que la necesidad psicológica de transcender lo individual opera tanto en el nivel de visión religiosa como ideológica. La visión de una humanidad unida y en paz bajo alguna utopía ideológica es también una visión religiosa en cierto sentido.

Lo que comparto del articulo no es tanto pensar que el activismo político es una solución, sino la idea de que utilizar el budismo como una especie de burbuja para protegernos de un mundo en llamas es un camino equivocado. Si practicamos el budismo como un medio para anestesiarnos del dolor propio y ajeno, o para estar más integrados en un mundo enfermo y en descomposición tal vez no sea el camino correcto. Participar activamente en el samsara, ser parte del problema, echar más gasolina a la locura destructiva del mundo no puede ser el camino. ¿Cuál es el camino? No lo sé. Pero ahora mientras escribo, pienso en la figura de Thich Nhat Hạnh, un faro moral para muchos.

ada123123
Junonagar
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

Seguimos con el artículo de John Peacock, destacado profesor del Bodhi College y una de las referencias del budismo secular:


Pero el impacto social y político nos afecta a todos. Es el escenario en el que se desenvuelven nuestras vidas. Dar la espalda a este aspecto de la vida es volverse cómplice de las acciones de los gobiernos y las corporaciones que nos afectan a todos, aunque no necesariamente por igual. Algunos, los ricos y las clases medias, son más capaces de protegerse de los estragos provocados por el mal gobierno y la desigualdad económica.

Esto nos lleva a la pregunta que debemos hacernos: “¿Nuestra práctica del dharma, sea cual sea la forma que adopte, nos da simplemente una mayor capacidad, como sugiere Zizek, para hacer frente a la explotación, la desigualdad y la devastación del medio ambiente, mientras nos centramos en nuestro desarrollo “espiritual”?” Más importante aún es la pregunta de hasta qué punto el budismo contemporáneo fomenta activa o implícitamente el status quo al desviar nuestra atención de los asuntos “externos” para concentrarnos en la vida “interior” de la mente y en el despertar y florecimiento del individuo.

En su crítica, Zizek subraya que el budismo occidental ayuda al individuo a desarrollar estrategias que contrarresten los efectos desagradables de la vida moderna. Sugiere que, al practicar el budismo (y la atención plena), podemos de algún modo anestesiarnos frente a los efectos nocivos que genera vivir en un mundo capitalista que ha institucionalizado la codicia como su sello distintivo. El budismo se convierte en el complemento perfecto del capitalismo al centrarse en el individuo y alejarse de lo sociopolítico.

Al tomarme en serio las observaciones de Zizek, he comenzado a abordar algunas cuestiones importantes que me han preocupado durante mucho tiempo en relación con “el elefante en la sala del Dharma”. La política, la economía y las estructuras socioéticas son temas que generalmente están ausentes o, en el mejor de los casos, se abordan de manera indirecta en la mayoría de los discursos sobre el dharma que he escuchado. Ahora, creo, ha llegado el momento de encontrar una manera de abordarlos.

Sin embargo, hay que tener presente que la psicología individual siempre refleja, hasta cierto punto, una psicología social. Si la codicia y el deseo son, por ejemplo, los principales impulsores de la acción individual, entonces también serán fuerzas importantes en el sistema social. Además, puede ser el sistema social el que dicte los tipos de deseos que tenemos y cómo se manifiestan en nuestra conducta. Un sistema capitalista tiene, cabe añadir, un interés personal en generar ciertos tipos de deseos que tienen como objetivo vender bienes y aumentar las ganancias. La máxima aquí es que si el deseo no existe, entonces lo creamos.

¿Por qué nos encontramos en la posición de centrarnos casi exclusivamente en el individuo en lugar de en lo sociopolítico? La respuesta a esta pregunta se encuentra en la forma en que el budismo occidental ha sido definido por las diversas técnicas de meditación derivadas de las tradiciones históricas. El “budismo” para el practicante individual a menudo se define por el “tipo” de meditación que se practica: zazen, vipassana, dzogchen, etc.

La “meditación” se convierte en el tropo dominante de gran parte del budismo occidental, y su centralidad refleja un deseo de desarrollar una mente menos reactiva a la agitación del mundo. Vivimos en medio de una agitación política, económica y social, todo lo cual crea una sensación de inseguridad y de no sentirse del todo a gusto. Si bien es difícil criticar el deseo de una mente menos reactiva, esto no debería hacerse a costa de un desapego con la sociedad y el mundo. El hecho de que, no obstante, debamos aceptar el “tal como es” de la manera en que nos encontramos en el mundo –que habitamos estructuras dominadas por ideas y políticas capitalistas, libertarias y consumistas– no descarta el compromiso con esos sistemas y la crítica de ellos. Centrar la atención principalmente en el florecimiento humano individual es perder de vista el lugar donde ese florecimiento puede o no ocurrir. El florecimiento de la mayoría, en contraposición a la de unos pocos, es una cuestión política que ignoramos con el riesgo de simplemente reforzar el statu quo. Vivimos en sociedades permeadas por un ethos sociopolítico dominante que inevitable e ineludiblemente impregna y excluye cualquier alternativa que deseemos realizar.

Las estructuras capitalistas y consumistas acechan nuestras expectativas y horizontes de comprensión de maneras que a menudo quedan ocultas, a menos que se saquen a la luz mediante una reflexión sostenida. Puede que en algunas áreas sea obvio que nuestras sociedades actuales sostienen la desigualdad, la represión, la codicia y el odio, pero su omnipresencia solo se revela cuando esas estructuras se someten a un escrutinio intenso. Ineludiblemente, las formas de prejuicio, odio, codicia y engaño alimentadas en esas sociedades tienen un efecto directo en quiénes somos y en quiénes creemos ser. Lo individual y lo social están, por lo tanto, inextricablemente entrelazados.

(Continuará)
JLZaragoza
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por JLZaragoza »

Muy interesante el tema que planteas. Yo también creo, como se afirma en el artículo, que el budismo institucionalizado poco se ha implicado, sobre todo en los países de origen, en cuestionar la destrucción ambiental y las desigualdades que genera el consumismo exacerbado fomentado por la sociedad capitalista en la que vivimos.
En occidente sí que ha habido alguna figura destacada, como Gary Snyder (el Jaffy Ryder de la novela “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac), uno de esos intelectuales ganados al budismo (pasó nueve años en dos monasterios zen de Japón), que ya en 1969 publicó un famoso artículo donde criticaba las instituciones budistas que aceptaban o ignoraban las desigualdades en las que vivían y por esto incluso afianzaban las tiranías. En él decía: "La revolución social ha sido la misericordia de Occidente; el despertar personal en el sí mismo fundamental, la vacuidad, la misericordia de Oriente. Necesitamos ambos."
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Última edición por JLZaragoza el 17 Nov 2024 16:49, editado 1 vez en total.
Junonagar
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

JLZaragoza escribió: 16 Nov 2024 16:02 Muy interesante el tema que planteas. Yo también creo, como se afirma en el artículo, que el budismo institucionalizado poco se ha implicado, sobre todo en los países de origen, en cuestionar la destrucción ambiental y las desigualdades que genera el consumismo exacerbado fomentado por la sociedad capitalista en la que vivimos.
En occidente sí que ha habido alguna figura destacada, como Gary Snyder (el Jaffy Ryder de la novela “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac), uno de esos intelectuales ganados al budismo (pasó nueve años en dos monasterios zen de Japón), que ya en 1969 publicó un famoso artículo donde criticaba las instituciones budistas que aceptaban o ignoraban las desigualdades en las que vivían y por esto incluso afianzaban las tiranías. En él decía: "La revolución social ha sido la misericordia de Occidente; el despertar personal en el sí mismo fundamental, la vacuidad, la misericordia de Oriente. Necesitamos ambos."
Estoy convencido de que el budismo combinado con la visión social occidental (libertades civiles, respeto por los derechos humanos, racionalismo secular...) podría sobre el papel ofrecer un contexto adecuado para el florecimiento del ser humano. A Gary Snyder, como precursor (tardío) del budismo en occidente sólo podemos mostrarle gratitud. Si bien es cierto que su visión se demostró bastante utópica y la realidad evolucionó de forma bastante más gris que la visión que tenía él del futuro. Hemos creado entre todos un monstruo sin control (el sistema económico actual) donde el ser humano ya es apenas su mero alimento. Si alguien tiene alguna duda, pensemos por un momento en el bitcoin, la moneda criptográfica menos eficiente a nivel energético, cuyo consumo ronda los 95 y 150 teravatios-hora (TWh) al año. Un cifra comparable al consumo de países como Argentina, Noruega o Países Bajos.
Junonagar
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

Para terminar el artículo de John Peacock aqui tenemos la última entrega:

Cuestionar y someter a crítica los “datos” de nuestras sociedades sin optar por soluciones rápidas y sencillas nos anima a involucrarnos en un pensamiento ético mucho más amplio que el meramente asociado con ideas de liberación individual. “ Despertar ” se convierte no sólo en una tarea para el individuo sino en una tarea para toda la estructura sociopolítica. Comprometerse exclusivamente con la búsqueda individual es abordar sólo una pequeña parte del “elefante” que acecha a plena vista en la Sala del Dharma.

En primer lugar, debemos empezar a enfrentarnos activamente y luego hablar sobre las injusticias creadas por el sistema en el que vivimos. Como dijo la filósofa Hannah Arendt: “Humanizamos lo que sucede en el mundo y en nosotros mismos al hablar de ello, y al hablar de ello aprendemos a ser humanos”. Permanecer en silencio no es una opción, porque hacerlo es perder algo de nuestra humanidad al aceptar el status quo y volverse cómplice de las iniquidades del sistema: todos somos éticamente responsables incluso por nuestras omisiones. El camino del dharma consiste sobre todo en volverse humanos al participar en una conversación, hablar sobre lo que podría significar “despertar” y luego poner en práctica los frutos de esa deliberación. “Despertamos” no solo individualmente sino colectivamente al explorar una visión imaginativa de la forma que podrían adoptar nuestras sociedades. Pero también debemos ver claramente cómo las estructuras actuales nos fallan tanto individual como colectivamente: estamos “llorando” y “clamando por” una nueva visión de lo que puede significar vivir ética y colectivamente.

En segundo lugar, debemos actuar. No basta con hablar, porque el mundo sólo puede cambiarse si actuamos sobre él; hablar es una condición necesaria, pero no suficiente, para que se produzca el cambio. Hay poco tiempo para planteamientos pasivos que retrasen la acción. Sin embargo, no subestimemos la necesidad vital de que se produzca la conversación. Para que nuestras sociedades avancen hacia una mayor igualdad, debe analizarse el origen de las desigualdades y otras violaciones de la justicia humana y ambiental que aquejan al sistema actual. Después, y sólo entonces, podrá seguirse de una acción positiva que restablezca el equilibrio de la sociedad. Una vez más, no se trata simplemente de un problema individual, sino de una cuestión política y ética que sólo puede abordarse colectivamente por el cuerpo político (usted, yo y la miríada de otros que componen ese cuerpo). Una nueva sociedad sólo puede surgir de una forja colectiva de la forma que esa sociedad podría adoptar. No participar es simplemente seguir formas de vida no examinadas, tanto colectiva como individualmente, y dejarse llevar ciegamente por las poderosas fuerzas del interés propio.

Es un error separar las cuestiones éticas de las políticas como si fueran dos esferas distintas. Podemos hablar de ética en el Dharma Hall pero no enfatizar cómo esto impacta en el mundo social/ético. Esta es una gran omisión, ya que lo ético es lo político; se trata de vivir juntos de la mejor manera posible. Si, como sugiere el pensamiento budista, la compasión, la bondad y la comprensión son valores que deben desarrollarse en el individuo, entonces estas son cualidades éticas que deberíamos desear ver cultivadas en el ámbito político. Lejos de la compasión y la bondad, lo que vemos generado es el cultivo de una gran cantidad de violencia, hipocresía, explotación, coerción y desigualdad, incluso en las sociedades más democráticas. Esta situación ha llevado, entre muchos practicantes budistas, a una progresiva desafección con lo político como el ámbito de la acción y a un repliegue en la aislada “cueva” del individuo que no quiere “tener nada que ver con la política”.

El budismo, en todas sus formas, defiende la compasión y el altruismo como preocupaciones éticas centrales, pero estas son claramente contrarias a los ideales económicos neoliberales basados ​​en supuestos darwinianos bastante crudos sobre la “supervivencia del más apto” y la primacía meritocrática del individuo. Por el contrario, una sociedad “despierta” emergente necesitaría encarnar la compasión, la bondad y el deseo de justicia social en una forma políticamente viable y colectiva. Cómo hacer que esto se manifieste es la gran pregunta que todos debemos considerar. Tenemos que dejar de lado el romanticismo y el idealismo para entrar en debates completos y francos sobre lo que es necesario abordar y lo que se puede y no se puede lograr mediante tales debates.

Cuando el ámbito humano se ve sometido y subyugado por ideologías políticas extremistas que privilegian y priorizan a los individuos y sus deseos, esto a su vez repercute en el ámbito de lo no humano. Si en el ámbito humano se practica y se sanciona brutalidad, violencia, explotación y cosificación, lo mismo se aplica a los animales no humanos que no tienen voz y al medio ambiente, con una fuerza aún mayor. Éticamente, hay que alzar la voz y proteger aquello que no tiene voz.

Podemos desesperarnos ante la codicia individual e institucionalizada que ha llevado al mundo al borde del colapso, pero no se cuestiona ni se critica con la suficiente frecuencia el silencio del mundo del dharma hacia las fuerzas políticas que nos han traído hasta aquí. Ese silencio equivale a una complicidad por omisión. Deberíamos destacar constantemente las fuerzas políticas que nos han llevado a la coyuntura crítica en la que nos encontramos. Aunque hablamos de compasión, bondad y no violencia, asumimos que basta con adoptarlas sólo a nivel individual sin necesidad de aplicarlas a la esfera política. Sin embargo, es este ámbito el que nos concierne a todos y no podemos divorciarnos por completo de él. Las estructuras económicas capitalistas no tienen mucho espacio para los valores éticos a menos que puedan ser monetizados, y sin embargo se infiltran en todas las dimensiones de nuestras vidas. Pensar que podríamos lograr un divorcio así del mundo político es extremadamente ingenuo. Incluso los centros del dharma se encuentran en medio de nuestras estructuras políticas y están subordinados a ellas.

¿Adónde nos llevan estas consideraciones? Para recuperar su conciencia ética, el pensamiento y la práctica budistas contemporáneos deben reconocer su dependencia del status quo y enfrentarse a su renuencia a abordar cuestiones de naturaleza claramente política. Este cambio sólo puede producirse cuando reconozcamos que cualquier división entre lo político y lo individual es puramente espuria, ya que los dos reinos dependen totalmente uno del otro. Si este es el caso, entonces centrarse en el individuo con exclusión de lo sociopolítico justifica el tipo de críticas dirigidas al budismo occidental por Slavoj Zizek. El budismo, según esta lectura, se convierte simplemente en una forma de nihilismo pasivo que busca crear significado para el individuo mediante el retiro social, dejando lo social y lo político en manos de las fuerzas que dominan la sociedad.

El hecho de que lo individual y lo político no están completamente separados se puede ver en la vida del Buda. En los textos del canon Pali, podemos ver al Buda interactuando con las estructuras sociales y políticas de su tiempo, criticando su sociedad y sus parámetros al redefinir y abordar muchos de los tropos aceptados que surgen de las fuerzas dominantes dentro de esa sociedad, así como recomendando estrategias que permitan al individuo llevar una vida ética y buena. Si reducimos el pensamiento y la práctica budistas únicamente a una tarea personal y privada, entonces perdemos algo inmensamente importante que tiene el potencial de cambiar muchos aspectos de las sociedades en las que vivimos. El Buda pareció saber esto hace 2.600 años.

Para reinaugurar lo que el Buda comenzó en su propia vida, será necesario que nos adentremos en zonas menos seguras del discurso y empecemos a hablar sobre cómo se manifiestan las estructuras políticas que dominan nuestras sociedades y qué visión tenemos para ellas. Esto sólo puede comenzar cuando tengamos el coraje de hablar y confirmar nuestra humanidad al hablar.

ada123123
Daido
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Daido »

He leido las tres partes del texto con interés y concentración, y creo haber comprendido lo esencial del mensaje, pero es imposible contestarlo punto por punto, por ello, voy a dar mi punto de vista sin entrar en detalles concretos. Su autor John Peacock, nos habla de que Buda interaccionaba con los políticos de su época, y nos conmina a imitarle. Ese tipo de de interacciones son corrientes también en el budismo, hoy en día, creo yo. Ahi tenemos al Dalai Lama, que es una autoridad política mundial, y que recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribucion. Tenemos también el caso de Thich Nath Hanh, quien actuó de un modo político en medio de la guerra de Vietnam, sin salirse de la ética del budismo. Y tenemos muchos casos de menor relevancia (entre ellos cierto "monje" de Mianmar que hizo campaña a favor del racismo). Y luego están los miles de personas de menor relevancia que, desde una optica budista, entran en el activismo politico de un modo u otro. Y otros muchos miles que, sin entrar en el activismo, contribuyen con sus opiniones y sus acciones al nivel que pueden.

Por supuesto que a cierto nivel, todos somos políticos. Cuando meditamos, no lo somos, pero al levantarnos y salir a la calle, interaccionamos con el sistema político de un modo u otro, entrando en discusiones politicas con las personas que conocemos, y hasta nos manifestamos en la calle en apoyo de posturas políticas que consideramos justas. Eso lo hemos hecho todos en mayor o menor medida, y no tenemos por qué dejar de hacerlo por habernos hecho budistas. Al contrario, podemos seguir haciéndolo, y es bueno que así sea. Ser budista no implica aislarse del "samsara" y quedarnos en una burbuja (cosa imposible, por otro lado). PERO, (y aquí, es un gran pero), si somos budistas, nuestra interaccion política debe hacerse de acuerdo a la ética budista, y esta ética no es cualquier cosa. La ética budista tiene diez preceptos (en general son solo cinco, pero si se profundiza hay más de cinco). Estos preceptos se expresan negativamente así: No matar. No robar. No hacer daño por medio del sexo. No mentir. No tomar intoxicantes. No hablar de las faltas de los demas. No alabarse a sí mismos. No dejarse arrebatar por la ira. No ser tacaño. No criticar a los tres tesoros.

Si un budista (cualquier budista), actua politicamente, sin romper esos preceptos, bienvenida sea su actuación. Lo malo es que en su actuación acabe perdiendo pie y se deje llevar por el agua y el lodo (image que he elegido, con la vista puesta en lo que acaba de sucederle a mis vecinos del otro lado del Turia, con muchos muertos por haber sido llevdo por el agua y el lodo, y que está produciendo muchisimas consecuencias políticas). En este caso, un budista que se deje arrastrar por el lodo del odio, las críticas destructivas, usando la violencia como medio de protesta, haría mejor en quedarse en su burbuja de silencio, porque su actuación sería menos dañina. Por el contrario, si es capaz de actuar de forma ética, lo que tiene que hacer decidamente es salir de su burbuja, como hizo Thich Nath Hanh en Vietnam o el Dalai Lama, desde que fue nombrado como tal. ¿Cómo salir de la burbuja? Ahí no creo que haya regla fija. Cada uno tiene que hacer lo que esté en su mano (y no más de lo que está en su mano, porque muchas veces se entra en una espiral de angustia por ver que no podemos hacer nada realmente por solucionar los problemas que hay a nuestro alrdedor.

Tal y como yo lo veo, no hay que acercarse demasiado a los problemas, sino verlos de lejos, en perspectiva. Yo creo que está muy bien ir a ayudar a otros con una escoba, a quitar un poco de lodo de la calle. Lo malo es caer en la desesperación al ver que lo que yo puedo hacer con una escoba es nada, para lo que se tiene que hacer. Esa desesperación proviene de mirar el problema con demasiada intensidad. Es mejor hacerlo como un samu: no trabajamos para solucionar el problema de la riada, sino que trabajamos por el hecho de trabajar, y trabajar se convierte en meditación. Pero, como la mente no para, al trabajar podemos pensar en lo que hacemos, y vemos que es nada en comparación de lo que hay que hacer, y empezamos a caer en la desesperación. Y, luego, facilmente en el enfado y en la ira. Y luego nuestra escoba puede convertirse en un arma contra aquellos que consideramos culpables. Y caer en un activismo político de criticas destructivas, odio y violencia. Si vamos a caer en eso, mejor sería quedarnos en nuestra burbuja (hasta que estalle, claro)

Tenemos que darnos cuenta de que nuestra vision es siempre una vision parcial. Por ejemplo, la cuestión de la riada es solo una pequeñisima consecuencia el cambio climático mundial, que produce inundaciones en todo el mundo, al mismo tiempo que sequías, incendios de bosques etc etc. Con una pequeña escoba, es probable que no podamos solucionar el cambio climático global, y no deberíamos caer en la depresion o (mucho peor) en la desesperacion por ello, porque eso nos llevaria a dejarlo todo, o incluso a entrar en una critica destructiva del sistema político, y eso podría empujarnos a la violencia verbal e incluso física. La etica es nuestra unica burbuja, en realidad, y deberiamos volver a ella inmediatamente que viesemos que, aunque sea minimamente, estamos empezando a romper los preceptos. Solo hablar negativamente de alguien es ya una ruptura. Se puede hablar de los errores de otros, de forma constructiva, eso sí. Pero hacer eso exige muchisima concentración. Y es necesario considerar que el budismo, antes que nada, es una práctica de concentración a veces en la respiración, a veces en limpiar el lodo de la calle, si es que nos toca hacerlo.

(Continuará)
Junonagar
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Re: El elefante en la habitación del Dharma

Mensaje por Junonagar »

Daido escribió: 17 Nov 2024 12:24 He leido las tres partes del texto con interés y concentración, y creo haber comprendido lo esencial del mensaje, pero es imposible contestarlo punto por punto, por ello, voy a dar mi punto de vista sin entrar en detalles concretos. Su autor John Peacock, nos habla de que Buda interaccionaba con los políticos de su época, y nos conmina a imitarle. Ese tipo de de interacciones son corrientes también en el budismo, hoy en día, creo yo. Ahi tenemos al Dalai Lama, que es una autoridad política mundial, y que recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribucion. Tenemos también el caso de Thich Nath Hanh, quien actuó de un modo político en medio de la guerra de Vietnam, sin salirse de la ética del budismo. Y tenemos muchos casos de menor relevancia (entre ellos cierto "monje" de Mianmar que hizo campaña a favor del racismo). Y luego están los miles de personas de menor relevancia que, desde una optica budista, entran en el activismo politico de un modo u otro. Y otros muchos miles que, sin entrar en el activismo, contribuyen con sus opiniones y sus acciones al nivel que pueden.

Por supuesto que a cierto nivel, todos somos políticos. Cuando meditamos, no lo somos, pero al levantarnos y salir a la calle, interaccionamos con el sistema político de un modo u otro, entrando en discusiones politicas con las personas que conocemos, y hasta nos manifestamos en la calle en apoyo de posturas políticas que consideramos justas. Eso lo hemos hecho todos en mayor o menor medida, y no tenemos por qué dejar de hacerlo por habernos hecho budistas. Al contrario, podemos seguir haciéndolo, y es bueno que así sea. Ser budista no implica aislarse del "samsara" y quedarnos en una burbuja (cosa imposible, por otro lado). PERO, (y aquí, es un gran pero), si somos budistas, nuestra interaccion política debe hacerse de acuerdo a la ética budista, y esta ética no es cualquier cosa. La ética budista tiene diez preceptos (en general son solo cinco, pero si se profundiza hay más de cinco). Estos preceptos se expresan negativamente así: No matar. No robar. No hacer daño por medio del sexo. No mentir. No tomar intoxicantes. No hablar de las faltas de los demas. No alabarse a sí mismos. No dejarse arrebatar por la ira. No ser tacaño. No criticar a los tres tesoros.

Si un budista (cualquier budista), actua politicamente, sin romper esos preceptos, bienvenida sea su actuación. Lo malo es que en su actuación acabe perdiendo pie y se deje llevar por el agua y el lodo (image que he elegido, con la vista puesta en lo que acaba de sucederle a mis vecinos del otro lado del Turia, con muchos muertos por haber sido llevdo por el agua y el lodo, y que está produciendo muchisimas consecuencias políticas). En este caso, un budista que se deje arrastrar por el lodo del odio, las críticas destructivas, usando la violencia como medio de protesta, haría mejor en quedarse en su burbuja de silencio, porque su actuación sería menos dañina. Por el contrario, si es capaz de actuar de forma ética, lo que tiene que hacer decidamente es salir de su burbuja, como hizo Thich Nath Hanh en Vietnam o el Dalai Lama, desde que fue nombrado como tal. ¿Cómo salir de la burbuja? Ahí no creo que haya regla fija. Cada uno tiene que hacer lo que esté en su mano (y no más de lo que está en su mano, porque muchas veces se entra en una espiral de angustia por ver que no podemos hacer nada realmente por solucionar los problemas que hay a nuestro alrdedor.

Tal y como yo lo veo, no hay que acercarse demasiado a los problemas, sino verlos de lejos, en perspectiva. Yo creo que está muy bien ir a ayudar a otros con una escoba, a quitar un poco de lodo de la calle. Lo malo es caer en la desesperación al ver que lo que yo puedo hacer con una escoba es nada, para lo que se tiene que hacer. Esa desesperación proviene de mirar el problema con demasiada intensidad. Es mejor hacerlo como un samu: no trabajamos para solucionar el problema de la riada, sino que trabajamos por el hecho de trabajar, y trabajar se convierte en meditación. Pero, como la mente no para, al trabajar podemos pensar en lo que hacemos, y vemos que es nada en comparación de lo que hay que hacer, y empezamos a caer en la desesperación. Y, luego, facilmente en el enfado y en la ira. Y luego nuestra escoba puede convertirse en un arma contra aquellos que consideramos culpables. Y caer en un activismo político de criticas destructivas, odio y violencia. Si vamos a caer en eso, mejor sería quedarnos en nuestra burbuja (hasta que estalle, claro)

Tenemos que darnos cuenta de que nuestra vision es siempre una vision parcial. Por ejemplo, la cuestión de la riada es solo una pequeñisima consecuencia el cambio climático mundial, que produce inundaciones en todo el mundo, al mismo tiempo que sequías, incendios de bosques etc etc. Con una pequeña escoba, es probable que no podamos solucionar el cambio climático global, y no deberíamos caer en la depresion o (mucho peor) en la desesperacion por ello, porque eso nos llevaria a dejarlo todo, o incluso a entrar en una critica destructiva del sistema político, y eso podría empujarnos a la violencia verbal e incluso física. La etica es nuestra unica burbuja, en realidad, y deberiamos volver a ella inmediatamente que viesemos que, aunque sea minimamente, estamos empezando a romper los preceptos. Solo hablar negativamente de alguien es ya una ruptura. Se puede hablar de los errores de otros, de forma constructiva, eso sí. Pero hacer eso exige muchisima concentración. Y es necesario considerar que el budismo, antes que nada, es una práctica de concentración a veces en la respiración, a veces en limpiar el lodo de la calle, si es que nos toca hacerlo.

(Continuará)
Tu respuesta está llena de sensatez y sólo puedo darte la razón. No obstante creo que la inercia de autodestrucción del ser humano es muy fuerte y cualquier actitud ética y responsable está condenada con casi total probabilidad a resultar inútil. Adicionalmente cualquier voz global mínimamente ética y veraz está condenada a enfrentarse rápidamente con un odio visceral, a menudo violento (pienso en un famosa niña sueca beligerante en su defensa del medio ambiente que antes de cumplir la mayoría de edad ya había sufrido varias campañas globales de odio, incluso los más fanáticos la tachan ahora de terrorista). Thich Nath Hanh tuvo una actitud realmente digna de mérito y para muchos ser una guía moral. Sin embargo sus acciones, su palabra no dejan de ser inútiles en un mundo gobernado por la avidez y el odio. Aunque también la sed de justicia es parte de la sociedad, es algo muy arraigado en la condición humana. Incluso está presente también en algunos primates. Recordemos estos chimpancés y su sentido de la justicia:



Una vez que entiendes que la inercia de la autodestrucción es demasiado fuerte para ser frenada y al mismo tiempo no quieres ser parte de los que alimentan la destrucción, no hay demasiadas alternativas: el octuple sendero es una camino posible y digno, otra alternativa sería la sana y no violenta devoción a lo que podríamos considerar una entidad externa , o simplemente tratar de vivir con dignidad sin ensuciarte moralemente (recuerdo la actitud del filósofo Gianni Vattimo, que en los últimos años de su vida celebraba no poder vivir las próximas décadas ante lo que se nos avecina).

Este articulo en cuestión de Joch Peacock parece interesante más que nada para sacar las contradicciones del budismo occidental o más si cabe el asiático (que a menudo recibe críticas en este foro por su falta de compasión histórica, por su apego al poder, y al status quo y por cuestiones de este tipo..) y para recordarnos que el autentico dharma del Buda es el camino de la compasión, y el budismo no debería ser un instrumento para aislarnos de un mundo que está en llamas , o para reforzar la ideologías de la destrucción.

ada123123
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