Los eventos súbitos
- Daru el tuerto
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Los eventos súbitos
Paso a poner aquí estos textos:
LOS EVENTOS SÚBITOS EN EL BUDISMO
Índice:
Introducción, pag 2
El efecto Eureka, pag 3
Caracterización de eventos súbitos espirituales, pag 7
Kensho y satori, pag 9
Koans, pag 11
El Sutra Lankavatara, pag 13
El Sutra del estrado, pag 15
Ati yoga, Dzogchen y rigpa, pag 16
Los cuatro yogas Mahamudra, pag 18
Shinjin en el budismo de otro poder, pag 19
Bodhi, pag 21
Realización espiritual, pag 23
Auto-realización, pag 25
Despertar, pag 27
Introducción
Despertar, kensho, insight, breakthrough, satori… pero también paravritti, realización, auto-realización, etc…
Multitud de nombres describen en las senda espirituales los eventos súbitos, en el budismo también, de hecho algunos de los nombres «propios» de esos eventos súbitos espirituales son creaciones del budismo, notablemente el budismo zen (Kensho, Satori…) pero no solamente en el budismo zen.
Vamos a hacer un repaso breve de los eventos súbitos en el budismo, para acabar con algunas descripciones más genéricas (budistas y no budistas).
Incluso en sendas teóricamente graduales como Mahamudra o directas como Dzogchen se describen eventos súbitos relevantes para su senda. A veces sin nombre propio y que se traducen como insight o breakthrough que son algo complicados de traducir. Ruptura, revelación, intuición, penetración son algunas posibilidades que nos ofrece el diccionario para traducirlas, aunque no son demasiado comunes y como pueden crear confusión las solemos evitar.
Otras son más genéricas pero también se usan en budismo, seguramente debido a que las traducciones anteriores no son muy convincentes, y es por ello que a veces se dice: despertar, realización, auto-realización, etc…
Incluso otras como paravritti son palabras heredadas del hinduismo (pero aparece profusamente en el Lankavatara sutra).
Al final el término que usemos puede tener dos componentes de significado:
El primero es solamente que sea un evento súbito genérico. Podría ser el caso de realización. En que si no se añade más, no sabemos de qué hablamos: Realizar se ha de realizar algo, el término por sí mismo no nos dice mucho más que es un evento súbito espiritual.
Otros términos en cambio describen eventos súbitos concretos: auto-realización o kensho (ver la verdadera naturaleza) apuntan a realizaciones concretas sobre lo que uno es. No son palabras sobre eventos súbitos neutros y ya está, aportan más significado.
Y luego hay otros términos que se mueven en la ambigüedad, por ejemplo «Despertar» que arrastra cierto significado respecto al evento súbito en sí, pero que si no se concreta un poco, queda demasiado abierto. Y por eso se usa como comodín (lo cual siempre es malo para transmitir información real).
Estos eventos tienen todos un punto en común adicional a ser súbitos (quizá más puntos pero este es obvio) y es que de repente adquirimos una comprensión profunda o un cambio mental profundo, que no sabemos de donde viene, no sabríamos reproducir y a menudo no sabemos ni explicar.
Si esa compresión o cambio es de tipo espiritual estaremos ante uno de estos eventos súbitos.
Aparentemente esa compresión o cambio no es siempre la misma, y hay eventos más relevantes que otros.
Y además, y esto aporta para darles solidez y realidad: también existen eventos del mismo tipo no espirituales, luego el mecanismo por el que ocurren no es exclusivo de la gente espiritual, que igual estamos algo chalados (es broma) sino que le ocurre a todo el mundo. Empezaremos por esos.
Seguimos
LOS EVENTOS SÚBITOS EN EL BUDISMO
Índice:
Introducción, pag 2
El efecto Eureka, pag 3
Caracterización de eventos súbitos espirituales, pag 7
Kensho y satori, pag 9
Koans, pag 11
El Sutra Lankavatara, pag 13
El Sutra del estrado, pag 15
Ati yoga, Dzogchen y rigpa, pag 16
Los cuatro yogas Mahamudra, pag 18
Shinjin en el budismo de otro poder, pag 19
Bodhi, pag 21
Realización espiritual, pag 23
Auto-realización, pag 25
Despertar, pag 27
Introducción
Despertar, kensho, insight, breakthrough, satori… pero también paravritti, realización, auto-realización, etc…
Multitud de nombres describen en las senda espirituales los eventos súbitos, en el budismo también, de hecho algunos de los nombres «propios» de esos eventos súbitos espirituales son creaciones del budismo, notablemente el budismo zen (Kensho, Satori…) pero no solamente en el budismo zen.
Vamos a hacer un repaso breve de los eventos súbitos en el budismo, para acabar con algunas descripciones más genéricas (budistas y no budistas).
Incluso en sendas teóricamente graduales como Mahamudra o directas como Dzogchen se describen eventos súbitos relevantes para su senda. A veces sin nombre propio y que se traducen como insight o breakthrough que son algo complicados de traducir. Ruptura, revelación, intuición, penetración son algunas posibilidades que nos ofrece el diccionario para traducirlas, aunque no son demasiado comunes y como pueden crear confusión las solemos evitar.
Otras son más genéricas pero también se usan en budismo, seguramente debido a que las traducciones anteriores no son muy convincentes, y es por ello que a veces se dice: despertar, realización, auto-realización, etc…
Incluso otras como paravritti son palabras heredadas del hinduismo (pero aparece profusamente en el Lankavatara sutra).
Al final el término que usemos puede tener dos componentes de significado:
El primero es solamente que sea un evento súbito genérico. Podría ser el caso de realización. En que si no se añade más, no sabemos de qué hablamos: Realizar se ha de realizar algo, el término por sí mismo no nos dice mucho más que es un evento súbito espiritual.
Otros términos en cambio describen eventos súbitos concretos: auto-realización o kensho (ver la verdadera naturaleza) apuntan a realizaciones concretas sobre lo que uno es. No son palabras sobre eventos súbitos neutros y ya está, aportan más significado.
Y luego hay otros términos que se mueven en la ambigüedad, por ejemplo «Despertar» que arrastra cierto significado respecto al evento súbito en sí, pero que si no se concreta un poco, queda demasiado abierto. Y por eso se usa como comodín (lo cual siempre es malo para transmitir información real).
Estos eventos tienen todos un punto en común adicional a ser súbitos (quizá más puntos pero este es obvio) y es que de repente adquirimos una comprensión profunda o un cambio mental profundo, que no sabemos de donde viene, no sabríamos reproducir y a menudo no sabemos ni explicar.
Si esa compresión o cambio es de tipo espiritual estaremos ante uno de estos eventos súbitos.
Aparentemente esa compresión o cambio no es siempre la misma, y hay eventos más relevantes que otros.
Y además, y esto aporta para darles solidez y realidad: también existen eventos del mismo tipo no espirituales, luego el mecanismo por el que ocurren no es exclusivo de la gente espiritual, que igual estamos algo chalados (es broma) sino que le ocurre a todo el mundo. Empezaremos por esos.
Seguimos
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Carlos
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Re: Los eventos súbitos
Hola @tao.te.kat,
Estos textos, ¿son de tu autoría, "pura y dura", o son, una reelaboración a partir de textos de autores modernos?

Estos textos, ¿son de tu autoría, "pura y dura", o son, una reelaboración a partir de textos de autores modernos?
- Daru el tuerto
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Re: Los eventos súbitos
El efecto Eureka
De la wikipedia:
El efecto Eureka, también conocido como efecto ¡ajá!, se refiere a la experiencia humana común de comprender repentinamente un problema o concepto previamente incomprensible.
El efecto Eureka lleva el nombre del mito en que el erudito griego Arquímedes, después de haber descubierto cómo medir el volumen de un objeto irregular, saltó de un baño público y corrió a casa desnudo gritando «eureka» (lo encontré).
Algunas investigaciones describen este efecto (también conocido como revelación o epifanía) como una propiedad de la memoria, pero existen resultados contradictorios en cuanto a dónde ocurre exactamente en el cerebro, y es difícil predecir bajo qué circunstancias se puede producir un momento eureka.
Insight es un término psicológico que intenta describir el proceso de resolución de problemas cuando un acertijo que antes no se podía resolver se vuelve de repente claro y obvio. A menudo, este paso de no comprender a comprender espontáneamente va acompañado de una exclamación de alegría o de satisfacción, un momento ¡Ajá! . Una persona que utiliza este conocimiento para resolver un problema puede dar respuestas precisas, discretas, del tipo todo o nada, mientras que las personas que no pasan por este proceso de conocimiento tienen más probabilidades de producir respuestas parciales e incompletas.
Una descripción teórica reciente del momento ¡Ajá! indica cuatro atributos definitorios de esta experiencia:
• Primero, el efecto aparece de repente;
• Segundo, la solución a un problema se puede procesar sin problemas o con fluidez;
• Tercero, el momento provoca efecto positivo;
• Cuarto, una persona que experimenta ese momento está convencido de que la solución es verdadera.
Estos cuatro atributos no están separados, sino que pueden combinarse porque la experiencia de la fluidez de procesamiento, especialmente cuando ocurre de manera sorprendente (por ejemplo, porque es repentino), provoca tanto un afecto positivo como una verdad juzgada.
Insight puede conceptualizarse como un proceso de dos fases:
La primera fase de un ¡Ajá! requiere que el solucionador de problemas llegue a un callejón sin salida, donde se atasca y, aunque aparentemente haya explorado todas las posibilidades, aún no puede generar una solución.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. Después de un descanso en la fijación mental o una re-evaluación del problema, se encuentra la respuesta.
[...]
De todo lo anteriormente visto, que es algo que describen en detalle personas que no tienen nada que ver con la espiritualidad sino psicólogos y científicos, podemos deducir que el evento súbito cognitivo es una realidad habitual, quizá no de cada día, pero que casi todos hemos experimentado.
Un ejemplo típico minimalista es cuando no nos sale una palabra por mucho que la busquemos. aunque estamos convencidos de que la conocemos, y de repente, cuando hemos dejado estar la búsqueda: ¡bum! la palabra nos viene.
¿Quién ha buscado y encontrado esa palabra? ¿de donde nos ha venido el «chivatazo»? ¿es eso parte de lo que llamamos «yo» o no? y si no ¿qué es eso que llamo «yo»?
Son preguntas muy vipassánicas y sin duda relacionadas con la espiritualidad en cierta manera, pues apuntan a «grietas» en nuestro esquema mental sobre quién sabe, quién decide, quién hace… Y eso aunque el tema a recordar no fuera en absoluto espiritual.
Si tienes dudas de si esto tiene puntos de contacto con lo que llamamos un despertar espiritual, podemos revisar sus características:
• Primero, el efecto es súbito.
• Segundo, la solución al problema se muestra con claridad total.
• Tercero, el momento provoca efecto positivo.
• Cuarto, la persona está convencida de que la solución es verdadera.
Aquí vamos a hacer un matiz relevante, en espiritualidad vamos un poco más allá y trabajamos
en ámbitos no-conceptuales.
La conceptualidad es lenguaje (manipulación simbólica en general), es por ello que si trabajamos un tema no-conceptual, por propia definición su solución no podrá expresarse bien en palabras. Y esa es una diferencia relevante respecto a lo que le pasó a Arquímedes o cuando encuentras la palabra de repente.
Esa no-expresión de la solución al problema, sin duda da un halo de misterio al hecho y hace que sea muy difícil transmitir nada al respecto.
Respecto a sus dinámicas de aparición se dice:
La primera fase de un ¡Ajá! requiere que el solucionador del problema llegue a un callejón sin salida, donde se atasca y, aunque aparentemente haya explorado todas las posibilidades, aún no puede generar una solución.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. Después de un descanso en la fijación mental o una re-evaluación del problema, se encuentra la respuesta súbitamente.
Todo esto encaja como un anillo al dedo a lo que suele pasar en los eventos súbitos budistas, opor ejemplo en la forma en que se trabajan los koan en el Zen Rinzai. Y en general, te dice como debes esperar que ocurran las dinámicas de esas realizaciones.
Es falso, como a veces se dice en la neo-espiritualidad que estos eventos sean azarosos u ofrecidos por «gracia» (a menos que entiendas por gracia tu inconsciente).
No lo son (al azar), ocurren a quién deben ocurrir porque crea el campo de cultivo adecuado pero también a veces no ocurren aunque parece que hay el campo de cultivo adecuado. Es decir, nunca te van a pasar si no haces lo primero, pero desgraciadamente no hay garantía de que ocurra, igual que a veces pasa que… la palabra no nos viene a la cabeza…
Cierto es, que mucha gente es auto-indagadora de forma natural y puede parecerle que ocurren porque sí, porque realmente no les ha sido ofrecido de forma explícita un problema o incluso una técnica para resolverlo, pero nunca ocurren porque sí.
Veamos pues qué podemos decir de estos eventos pero siendo ya espirituales.
De la wikipedia:
El efecto Eureka, también conocido como efecto ¡ajá!, se refiere a la experiencia humana común de comprender repentinamente un problema o concepto previamente incomprensible.
El efecto Eureka lleva el nombre del mito en que el erudito griego Arquímedes, después de haber descubierto cómo medir el volumen de un objeto irregular, saltó de un baño público y corrió a casa desnudo gritando «eureka» (lo encontré).
Algunas investigaciones describen este efecto (también conocido como revelación o epifanía) como una propiedad de la memoria, pero existen resultados contradictorios en cuanto a dónde ocurre exactamente en el cerebro, y es difícil predecir bajo qué circunstancias se puede producir un momento eureka.
Insight es un término psicológico que intenta describir el proceso de resolución de problemas cuando un acertijo que antes no se podía resolver se vuelve de repente claro y obvio. A menudo, este paso de no comprender a comprender espontáneamente va acompañado de una exclamación de alegría o de satisfacción, un momento ¡Ajá! . Una persona que utiliza este conocimiento para resolver un problema puede dar respuestas precisas, discretas, del tipo todo o nada, mientras que las personas que no pasan por este proceso de conocimiento tienen más probabilidades de producir respuestas parciales e incompletas.
Una descripción teórica reciente del momento ¡Ajá! indica cuatro atributos definitorios de esta experiencia:
• Primero, el efecto aparece de repente;
• Segundo, la solución a un problema se puede procesar sin problemas o con fluidez;
• Tercero, el momento provoca efecto positivo;
• Cuarto, una persona que experimenta ese momento está convencido de que la solución es verdadera.
Estos cuatro atributos no están separados, sino que pueden combinarse porque la experiencia de la fluidez de procesamiento, especialmente cuando ocurre de manera sorprendente (por ejemplo, porque es repentino), provoca tanto un afecto positivo como una verdad juzgada.
Insight puede conceptualizarse como un proceso de dos fases:
La primera fase de un ¡Ajá! requiere que el solucionador de problemas llegue a un callejón sin salida, donde se atasca y, aunque aparentemente haya explorado todas las posibilidades, aún no puede generar una solución.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. Después de un descanso en la fijación mental o una re-evaluación del problema, se encuentra la respuesta.
[...]
De todo lo anteriormente visto, que es algo que describen en detalle personas que no tienen nada que ver con la espiritualidad sino psicólogos y científicos, podemos deducir que el evento súbito cognitivo es una realidad habitual, quizá no de cada día, pero que casi todos hemos experimentado.
Un ejemplo típico minimalista es cuando no nos sale una palabra por mucho que la busquemos. aunque estamos convencidos de que la conocemos, y de repente, cuando hemos dejado estar la búsqueda: ¡bum! la palabra nos viene.
¿Quién ha buscado y encontrado esa palabra? ¿de donde nos ha venido el «chivatazo»? ¿es eso parte de lo que llamamos «yo» o no? y si no ¿qué es eso que llamo «yo»?
Son preguntas muy vipassánicas y sin duda relacionadas con la espiritualidad en cierta manera, pues apuntan a «grietas» en nuestro esquema mental sobre quién sabe, quién decide, quién hace… Y eso aunque el tema a recordar no fuera en absoluto espiritual.
Si tienes dudas de si esto tiene puntos de contacto con lo que llamamos un despertar espiritual, podemos revisar sus características:
• Primero, el efecto es súbito.
• Segundo, la solución al problema se muestra con claridad total.
• Tercero, el momento provoca efecto positivo.
• Cuarto, la persona está convencida de que la solución es verdadera.
Aquí vamos a hacer un matiz relevante, en espiritualidad vamos un poco más allá y trabajamos
en ámbitos no-conceptuales.
La conceptualidad es lenguaje (manipulación simbólica en general), es por ello que si trabajamos un tema no-conceptual, por propia definición su solución no podrá expresarse bien en palabras. Y esa es una diferencia relevante respecto a lo que le pasó a Arquímedes o cuando encuentras la palabra de repente.
Esa no-expresión de la solución al problema, sin duda da un halo de misterio al hecho y hace que sea muy difícil transmitir nada al respecto.
Respecto a sus dinámicas de aparición se dice:
La primera fase de un ¡Ajá! requiere que el solucionador del problema llegue a un callejón sin salida, donde se atasca y, aunque aparentemente haya explorado todas las posibilidades, aún no puede generar una solución.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. Después de un descanso en la fijación mental o una re-evaluación del problema, se encuentra la respuesta súbitamente.
Todo esto encaja como un anillo al dedo a lo que suele pasar en los eventos súbitos budistas, opor ejemplo en la forma en que se trabajan los koan en el Zen Rinzai. Y en general, te dice como debes esperar que ocurran las dinámicas de esas realizaciones.
Es falso, como a veces se dice en la neo-espiritualidad que estos eventos sean azarosos u ofrecidos por «gracia» (a menos que entiendas por gracia tu inconsciente).
No lo son (al azar), ocurren a quién deben ocurrir porque crea el campo de cultivo adecuado pero también a veces no ocurren aunque parece que hay el campo de cultivo adecuado. Es decir, nunca te van a pasar si no haces lo primero, pero desgraciadamente no hay garantía de que ocurra, igual que a veces pasa que… la palabra no nos viene a la cabeza…
Cierto es, que mucha gente es auto-indagadora de forma natural y puede parecerle que ocurren porque sí, porque realmente no les ha sido ofrecido de forma explícita un problema o incluso una técnica para resolverlo, pero nunca ocurren porque sí.
Veamos pues qué podemos decir de estos eventos pero siendo ya espirituales.
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Re: Los eventos súbitos
Caracterización de eventos súbitos espirituales
Vamos ahora a adaptar la definición «formal» de evento Eureka a los eventos súbitos espirituales.
Respecto a los atributos vistos antes, los redactamos casi igual pero adaptados a una senda
espiritual.
Así un evento súbito espiritual se define como:
• Primero, la solución a una cuestión espiritual concreta aparece de repente.
• Segundo, la solución se entiende completa y profundamente.
• Tercero, el momento provoca un efecto positivo, gozo notable o silencio mental durante horas o días (efecto que desaparecerá con el tiempo casi siempre).
• Cuarto, la persona que experimenta ese momento está convencido de que la revelación es verdadera.
• Quinto, el entendimiento adquirido permanece, potencialmente para siempre.
• Sexto, el entendimiento adquirido no está formado por palabras, es no-conceptual, es una seguridad interna profunda más allá de la palabras. Y por eso también es difícil explicarlo. Puede explicarse, pero nunca puede explicarse del todo, en toda su extensión o dimensiones.
Si cumple los seis puntos (el tercero sería el más variable), podemos categorizarlo como evento súbito espiritual.
Es interesante ver que es un evento cognitivo, es decir relacionado con sabiduría y prajna. Otras experiencias, por impresionantes que sean, serán otra cosa si no son cognitivos, sean trances, visiones o lo que sea.
La experiencia puede ser aquí relativamente ordinaria (a veces no), pero su potencial transformador suele ser siempre elevadísimo. Justo lo contrario que las experiencias de tipo trances y demás, que son experiencias muy notables con muy poco poder transformador o sin un mensaje claro.
Parte del misterio, además de su subituidad es su no-conceptualidad, es decir su imposibilidad para ser expresado en palabras. De hecho muchas personas no logran entender que es no-conceptualidad completamente (o prajna) hasta que les ocurre algo de este tipo. A partir de ese momento es absolutamente evidente.
Respecto a las dinámicas vistas, las escribimos también en clave de espiritualidad:
La primera fase de una realización requiere que el practicante auto-indague sobre el asunto que se le ha pedido que resuelva. En este punto las técnicas vipassana y de auto-indagación serán cruciales. La dificultad aquí es que no parece que estemos trabajando en resolver el problema en absoluto, pero lo estamos haciendo (si hay interés y compromiso). En algunos casos como en el del koan, incluso se nos pide que nos obsesionemos totalmente con el problema. Es recomendable llevar el problema al día a día, es decir que estemos a menudo mindful (smrti-recordando) del problema y observándonos para confirmarlo.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. No hay reglas de cuando ni como ocurrirá pero curiosamente es raro que ocurra mientras hacemos meditación o auto-indagación. Igual que con la palabra que no recordamos, debemos alternar etapas de indagación con otras en que dejemos a la mente no-consciente tranquila para re-organizarse, para eso pueden ser muy útiles las meditaciones samatha, de solo pacificar. Si no, de forma inevitable nos relajamos durante el sueño y no es raro en absoluto que ocurra entonces, lo cual dificulta a menudo identificar que ha pasado (puedes no recordarlo).
La tercera fase es simplemente que la experiencia pasa y ese conocimiento o función realizada se incorpora a nuestra consciencia y está más o menos, siempre accesible o presente según sea su naturaleza.
Vamos ahora a adaptar la definición «formal» de evento Eureka a los eventos súbitos espirituales.
Respecto a los atributos vistos antes, los redactamos casi igual pero adaptados a una senda
espiritual.
Así un evento súbito espiritual se define como:
• Primero, la solución a una cuestión espiritual concreta aparece de repente.
• Segundo, la solución se entiende completa y profundamente.
• Tercero, el momento provoca un efecto positivo, gozo notable o silencio mental durante horas o días (efecto que desaparecerá con el tiempo casi siempre).
• Cuarto, la persona que experimenta ese momento está convencido de que la revelación es verdadera.
• Quinto, el entendimiento adquirido permanece, potencialmente para siempre.
• Sexto, el entendimiento adquirido no está formado por palabras, es no-conceptual, es una seguridad interna profunda más allá de la palabras. Y por eso también es difícil explicarlo. Puede explicarse, pero nunca puede explicarse del todo, en toda su extensión o dimensiones.
Si cumple los seis puntos (el tercero sería el más variable), podemos categorizarlo como evento súbito espiritual.
Es interesante ver que es un evento cognitivo, es decir relacionado con sabiduría y prajna. Otras experiencias, por impresionantes que sean, serán otra cosa si no son cognitivos, sean trances, visiones o lo que sea.
La experiencia puede ser aquí relativamente ordinaria (a veces no), pero su potencial transformador suele ser siempre elevadísimo. Justo lo contrario que las experiencias de tipo trances y demás, que son experiencias muy notables con muy poco poder transformador o sin un mensaje claro.
Parte del misterio, además de su subituidad es su no-conceptualidad, es decir su imposibilidad para ser expresado en palabras. De hecho muchas personas no logran entender que es no-conceptualidad completamente (o prajna) hasta que les ocurre algo de este tipo. A partir de ese momento es absolutamente evidente.
Respecto a las dinámicas vistas, las escribimos también en clave de espiritualidad:
La primera fase de una realización requiere que el practicante auto-indague sobre el asunto que se le ha pedido que resuelva. En este punto las técnicas vipassana y de auto-indagación serán cruciales. La dificultad aquí es que no parece que estemos trabajando en resolver el problema en absoluto, pero lo estamos haciendo (si hay interés y compromiso). En algunos casos como en el del koan, incluso se nos pide que nos obsesionemos totalmente con el problema. Es recomendable llevar el problema al día a día, es decir que estemos a menudo mindful (smrti-recordando) del problema y observándonos para confirmarlo.
La segunda fase se produce de forma repentina e inesperada. No hay reglas de cuando ni como ocurrirá pero curiosamente es raro que ocurra mientras hacemos meditación o auto-indagación. Igual que con la palabra que no recordamos, debemos alternar etapas de indagación con otras en que dejemos a la mente no-consciente tranquila para re-organizarse, para eso pueden ser muy útiles las meditaciones samatha, de solo pacificar. Si no, de forma inevitable nos relajamos durante el sueño y no es raro en absoluto que ocurra entonces, lo cual dificulta a menudo identificar que ha pasado (puedes no recordarlo).
La tercera fase es simplemente que la experiencia pasa y ese conocimiento o función realizada se incorpora a nuestra consciencia y está más o menos, siempre accesible o presente según sea su naturaleza.
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Re: Los eventos súbitos
Kensho y satori
Empezamos por Kensho y vemos luego las diferencias con Satori:
El Zen es la doctrina súbita por excelencia, se reconocen y valoran como muy relevantes estos eventos súbitos cognitivos, en todas sus escuelas y subescuelas excepto en la japonesa Soto (y quizá no en todas sus variantes), así que podemos empezar por ellos.
Cabe decir que hay escuelas Zen que se pasan de frenada y parece que lo único que haya que vivir es un evento súbito y ¡bum! eres un Buddha. Y tal cosa es muy dudosa. Pero veamos el evento concreto.
Kensho (見性) es una palabra de origen chino/japonés (no estoy seguro de donde y se escribe igual en ambos idiomas) que se usa habitualmente en el vocabulario Chan/Zen/Thien. Está compuesto por los caracteres Ken 見, que significa «ver”, y shō 性 con el que se entiende «Esencia, Naturaleza”.
Así pues es «ver» tu verdadera naturaleza (anatta o vacuidad según).
El término Kensho define una primera intuición de esa naturaleza, y de esa percepción directa e inapelable de la vacuidad en nosotros mismos.
Un Kensho no significa despertar de forma permanente a esa naturaleza, de hecho se puede tener la experiencia de Kensho repetidas veces sobre esa misma naturaleza.
Así pues Kensho es un flash de entendimiento no-conceptual sobre algún aspecto de tu identidad, en concreto sobre la naturaleza de la mente. Ese flash es súbito, es un entendimiento sin palabras, difícil de transmitir a otros y que normalmente te deja en un estado de vacío mental de forma natural y sin esfuerzo durante un tiempo que puede variar de unos minutos a varios días, pero dado que no es una realización definitiva casi siempre se vuelve al estado habitual poco a poco… pero manteniendo un nuevo entendimiento de la realidad sutilmente incorporado a tu mente.
Así pues el Kensho es el primer paso en la trascendencia, cuando ponemos el pie en la puerta sin puerta del Zen, y típicamente no estaremos preparados y recularemos. Se perderá.
Pero la buena noticia es que si has tenido un kensho es que ibas bien orientado, luego no cambies nada, sigue así y seguramente se repetirá hasta que…
Por dar una nota poética, el kensho muy probablemente corresponde al segundo rango de Tozan.
Veamos que dice él poéticamente:
No es clara la diferencia entre Kensho y Satori. Aunque a menudo se habla de Kensho para eventos puntuales que se pierden, que son atisbos (tal como describimos hace dos días) y Satori para un evento más sólido y estable. Pero no es clara la diferenciación entre ambos y la opinión varía.
Si tomásemos por buena esa idea, Satori por tanto sería el último Kensho, en que la naturaleza de la mente (como vacía) es realizada de forma sólida, estable, permanente… Cabe destacar que eso tampoco sería budeidad muy probablemente, pero sí seguramente se consideraría que al menos el primer Bhumi o la entrada en la corriente han sido actualizados.
La palabra etimológicamente significa comprensión (悟り) y esta creo que sí es genuinamente japonesa, sin estar seguro. Esa etimología deja muy a las claras, de nuevo, que los despertares budistas son básicamente cognitivos. No conceptuales pero cognitivos, y aunque entender esto no es fácil, quién lo ha vivido, lo entiende perfectamente.
Empezamos por Kensho y vemos luego las diferencias con Satori:
El Zen es la doctrina súbita por excelencia, se reconocen y valoran como muy relevantes estos eventos súbitos cognitivos, en todas sus escuelas y subescuelas excepto en la japonesa Soto (y quizá no en todas sus variantes), así que podemos empezar por ellos.
Cabe decir que hay escuelas Zen que se pasan de frenada y parece que lo único que haya que vivir es un evento súbito y ¡bum! eres un Buddha. Y tal cosa es muy dudosa. Pero veamos el evento concreto.
Kensho (見性) es una palabra de origen chino/japonés (no estoy seguro de donde y se escribe igual en ambos idiomas) que se usa habitualmente en el vocabulario Chan/Zen/Thien. Está compuesto por los caracteres Ken 見, que significa «ver”, y shō 性 con el que se entiende «Esencia, Naturaleza”.
Así pues es «ver» tu verdadera naturaleza (anatta o vacuidad según).
El término Kensho define una primera intuición de esa naturaleza, y de esa percepción directa e inapelable de la vacuidad en nosotros mismos.
Un Kensho no significa despertar de forma permanente a esa naturaleza, de hecho se puede tener la experiencia de Kensho repetidas veces sobre esa misma naturaleza.
Así pues Kensho es un flash de entendimiento no-conceptual sobre algún aspecto de tu identidad, en concreto sobre la naturaleza de la mente. Ese flash es súbito, es un entendimiento sin palabras, difícil de transmitir a otros y que normalmente te deja en un estado de vacío mental de forma natural y sin esfuerzo durante un tiempo que puede variar de unos minutos a varios días, pero dado que no es una realización definitiva casi siempre se vuelve al estado habitual poco a poco… pero manteniendo un nuevo entendimiento de la realidad sutilmente incorporado a tu mente.
Así pues el Kensho es el primer paso en la trascendencia, cuando ponemos el pie en la puerta sin puerta del Zen, y típicamente no estaremos preparados y recularemos. Se perderá.
Pero la buena noticia es que si has tenido un kensho es que ibas bien orientado, luego no cambies nada, sigue así y seguramente se repetirá hasta que…
Por dar una nota poética, el kensho muy probablemente corresponde al segundo rango de Tozan.
Veamos que dice él poéticamente:
Una abuela de ojos soñolientos
se encuentra a sí misma en un espejo viejo.
ve claramente una cara,
pero no se le parece en absoluto.
Es una pena. Con la cabeza confusa,
¡ trata de reconocer su propio reflejo!
se encuentra a sí misma en un espejo viejo.
ve claramente una cara,
pero no se le parece en absoluto.
Es una pena. Con la cabeza confusa,
¡ trata de reconocer su propio reflejo!
No es clara la diferencia entre Kensho y Satori. Aunque a menudo se habla de Kensho para eventos puntuales que se pierden, que son atisbos (tal como describimos hace dos días) y Satori para un evento más sólido y estable. Pero no es clara la diferenciación entre ambos y la opinión varía.
Si tomásemos por buena esa idea, Satori por tanto sería el último Kensho, en que la naturaleza de la mente (como vacía) es realizada de forma sólida, estable, permanente… Cabe destacar que eso tampoco sería budeidad muy probablemente, pero sí seguramente se consideraría que al menos el primer Bhumi o la entrada en la corriente han sido actualizados.
La palabra etimológicamente significa comprensión (悟り) y esta creo que sí es genuinamente japonesa, sin estar seguro. Esa etimología deja muy a las claras, de nuevo, que los despertares budistas son básicamente cognitivos. No conceptuales pero cognitivos, y aunque entender esto no es fácil, quién lo ha vivido, lo entiende perfectamente.
Re: Los eventos súbitos
Lo que has escrito sobre el kensho y el satori es bastante correcto, en mi opinión. Ahora bien:
Otro ejemplo mejor (aunque tiene limitaciones) es el de un ciego que recupera la vista. El gozo de estar curado de iría con el tiempo, pero la capacidad de ver no. Después de algunos meses o años, el éxtasis sería solo un recuerdo, pero la capacidad de ver se queda para siempre, y es lo importante.
No sé de ninguna escuela que diga eso. Yo creo que no debe haber ninguna. De todos modos, con kensho o sin kensho, eres un buda. Eso equivale al dicho cristiano de que "todos somos hijos de Dios"Cabe decir que hay escuelas Zen que se pasan de frenada y parece que lo único que haya que vivir es un evento súbito y ¡bum! eres un Buddha.
No es correcto decir que se pierde. Tampoco que recularemos. La experiencia no se pierde nunca. Lo que se pierde es el éxtasis, o sea, el gozo que aparece por haber llegado a darte cuenta. Pongamos un ejemplo: Imaginemos que un paralítico recupera el movimiento de las piernas y de repente puede andar. De entrada sentiría un gozo sin limites y se sentiría así un tiempo más o menos largo, pero después el gozo se iría yendo hasta desaparecer. Pero la capacidad de andar no desaparecería.Así pues el Kensho es el primer paso en la trascendencia, cuando ponemos el pie en la puerta sin puerta del Zen, y típicamente no estaremos preparados y recularemos. Se perderá.
Otro ejemplo mejor (aunque tiene limitaciones) es el de un ciego que recupera la vista. El gozo de estar curado de iría con el tiempo, pero la capacidad de ver no. Después de algunos meses o años, el éxtasis sería solo un recuerdo, pero la capacidad de ver se queda para siempre, y es lo importante.
Esto es muy cierto. Pero no es que se ha perdido. El kensho no se pierde, normalmente. Si se perdiese, no sería kensho, probablemente.Pero la buena noticia es que si has tenido un kensho es que ibas bien orientado, luego no cambies nada, sigue así y seguramente se repetirá hasta que…
Tal vez sea eso, pero nunca se sabrá cien por cien. En todo caso, al morir todos tendremos el satori y será el último. Eso seguroSatori por tanto sería el último Kensho, en que la naturaleza de la mente (como vacía) es realizada de forma sólida, estable, permanente…
- Daru el tuerto
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Re: Los eventos súbitos
Es cierto, estamos de acuerdo.
Pero digamos que se puede perder todo excepto ese aspecto tan indefinible, elusivo, difícil de explicar, no-conceptual y que es cognitivo. El resto sí podría perderse, eso no.
Respecto a la iluminación completa súbita, sí aparece aquí y allá, de hecho aparece nada menos que en el sutra del estrado entre otros sitios. Allí pone literalmente que Hui Neng se convirtió en Buddha (el ideograma en chino es muy claro) oyendo el sutra del diamante. Pero personalmente creo que eso es algo exagerado o quizá mal redactado. Así que en todo caso estamos de acuerdo, eso no ocurre así.
Un abrazo
Pero digamos que se puede perder todo excepto ese aspecto tan indefinible, elusivo, difícil de explicar, no-conceptual y que es cognitivo. El resto sí podría perderse, eso no.
Respecto a la iluminación completa súbita, sí aparece aquí y allá, de hecho aparece nada menos que en el sutra del estrado entre otros sitios. Allí pone literalmente que Hui Neng se convirtió en Buddha (el ideograma en chino es muy claro) oyendo el sutra del diamante. Pero personalmente creo que eso es algo exagerado o quizá mal redactado. Así que en todo caso estamos de acuerdo, eso no ocurre así.
Un abrazo
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Carlos
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Re: Los eventos súbitos
Hola @tao.te.kat,
Yo lo que encuentro en el texto es que el contexto budista está bastante desdibujado, por no decir borrado completamente. Al menos, por el momento.
No hay rastro ni del propósito de toda práctica budista - sea zen o la que sea - que es la liberación de duhkha, a cada instante, ni del sentido de su marco. Es decir, en lugar de la disolución del sujeto o la comprobación de que la distinción o separación entre sujeto y objeto es ficticia, inexistente, según el texto, parece que "lo que uno" se encuentra es más sujeto - llama la atención expresiones como "tu identidad", "entendimiento...sobre la naturaleza de la mente", "entendimiento...incorporado a tu mente" -, por un lado, y un objeto trascendente - "la verdadera naturaleza" -, por el otro. Ni rastro de anatman, ni rastro de interdependencia, ni rastro de impermanencia. Es más, se llega a afirmar que "...Satori por tanto sería el último Kensho, en que la naturaleza de la mente (como vacía) es realizada de forma sólida, estable, permanente..." ¿Qué ocurre, entonces, con la impermanencia, como una de las tres características de la realidad según el Buddha?
En el Budismo sobre la existencia y por lo tanto, sobre entes, sustancias, naturalezas, etc., en realidad no se afirma nada, ni tampoco se niega. Por ejemplo, Nagarjuna, a cuenta de svabhāva que sería el término sánscrito para naturaleza intrínseca o existencia propia y que de ahí pasaría al chino xing (性), dice que de existir, se trataría por lo tanto de un ente existente, lo que significaría por lo tanto que sería condicionado, dependiente de otros, sujeto a causas, etc. Pero, por definición una naturaleza intrínseca o propia, un objeto trascendente, es independiente, no condicionado ni sujeto a causas, luego su existencia es imposible.
En la Yogâcâra, con otras palabras, llegaríamos a la misma conclusión: puesto que la división entre sujeto y objeto es inexistente, ilusoria, ilusión que al ser aferrada por la ignorancia - avidya - produce el samsara, toda la existencia en sí es interdependiente, sujeto a causas que a su vez están sujetas a otras causas y, por supuesto, impermanente.
A partir de aquí, toda práctica budista sea india, tibetana, china, japonesa o de la cultura que sea, se mueve en estas mismas coordenadas, teniendo como fin la liberación de duhkha y como medio el apartarse por igual tanto del nihilismo como de aquellas interpretaciones o religiosidades que afirman la existencia de un objeto trascendente - sea el que sea - y un sujeto que aspira a alcanzarlo. Por eso, a la Vía de Buddha se la conoce también como Vía Media.

Yo lo que encuentro en el texto es que el contexto budista está bastante desdibujado, por no decir borrado completamente. Al menos, por el momento.
No hay rastro ni del propósito de toda práctica budista - sea zen o la que sea - que es la liberación de duhkha, a cada instante, ni del sentido de su marco. Es decir, en lugar de la disolución del sujeto o la comprobación de que la distinción o separación entre sujeto y objeto es ficticia, inexistente, según el texto, parece que "lo que uno" se encuentra es más sujeto - llama la atención expresiones como "tu identidad", "entendimiento...sobre la naturaleza de la mente", "entendimiento...incorporado a tu mente" -, por un lado, y un objeto trascendente - "la verdadera naturaleza" -, por el otro. Ni rastro de anatman, ni rastro de interdependencia, ni rastro de impermanencia. Es más, se llega a afirmar que "...Satori por tanto sería el último Kensho, en que la naturaleza de la mente (como vacía) es realizada de forma sólida, estable, permanente..." ¿Qué ocurre, entonces, con la impermanencia, como una de las tres características de la realidad según el Buddha?
En el Budismo sobre la existencia y por lo tanto, sobre entes, sustancias, naturalezas, etc., en realidad no se afirma nada, ni tampoco se niega. Por ejemplo, Nagarjuna, a cuenta de svabhāva que sería el término sánscrito para naturaleza intrínseca o existencia propia y que de ahí pasaría al chino xing (性), dice que de existir, se trataría por lo tanto de un ente existente, lo que significaría por lo tanto que sería condicionado, dependiente de otros, sujeto a causas, etc. Pero, por definición una naturaleza intrínseca o propia, un objeto trascendente, es independiente, no condicionado ni sujeto a causas, luego su existencia es imposible.
En la Yogâcâra, con otras palabras, llegaríamos a la misma conclusión: puesto que la división entre sujeto y objeto es inexistente, ilusoria, ilusión que al ser aferrada por la ignorancia - avidya - produce el samsara, toda la existencia en sí es interdependiente, sujeto a causas que a su vez están sujetas a otras causas y, por supuesto, impermanente.
A partir de aquí, toda práctica budista sea india, tibetana, china, japonesa o de la cultura que sea, se mueve en estas mismas coordenadas, teniendo como fin la liberación de duhkha y como medio el apartarse por igual tanto del nihilismo como de aquellas interpretaciones o religiosidades que afirman la existencia de un objeto trascendente - sea el que sea - y un sujeto que aspira a alcanzarlo. Por eso, a la Vía de Buddha se la conoce también como Vía Media.
Re: Los eventos súbitos
Carlos, no es que el contexto budista esté bastante desdibujado. Es que el lenguaje del zen es ese. Por el contrario, las palabras que tú utilizas, en el zen no se usan. "Liberación de dukka", por ejemplo, no se leen en ningún libro de zen, sea antiguo o moderno. El zen nació en China, y esas palabras no son chinas. Pero ni siquiera la palabra xing, la había oído hasta ahora. Yo no creo que eso tenga que ver con el zen. Todo lo que dices tiene que ver con el budismo, pero en el zen no se dice nada de eso. Lo que escribes me suena quizas a budismo theravada. Y en cuanto a los planteamientos, no digo que no sean interesantes, pero no entran en el campo del zen. A no ser que quieras abrir una nueva escuela, en las que hay, no hay nada de eso.
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Carlos
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Re: Los eventos súbitos
Hola @Daido,
Lo que planteas creo que de manera, más o menos, directa nos lleva a una interesante pregunta: ¿se puede acoger, practicar una religión o espiritualidad oriental sin el suficiente estudio crítico?
Vale la pena advertir que con estudio crítico, no me refiero a un interés erudito propio de quien realiza una investigación o labor académica, sino a aquel trabajo necesario, por parte de todo practicante, para conocer adecuadamente, qué es, qué supone, con qué fin y qué medios se emplean para abordar dicho fin, la tradición espiritual en la que uno, buenamente, en un momento dado, decide embarcarse.
Personalmente, creo que dicho estudio es fundamental e insoslayable, no solo porque sea relevante en cualquier religión, sino por 2 razones en concreto, para el caso del Budismo:
- Al tratarse de una religión oriental, hasta hace algunas generaciones desconocida en Occidente, los textos de la tradición Zen, o de cualquier otra escuela budista están vehiculados, a través de conceptos, ideas, símbolos, etc., propios de la idiosincrasia de dichas culturas orientales. Estos conceptos - ideas, símbolos - hay que saber leerlos, por tanto, a la luz de un marco budista, sino nuestra práctica se encontrará desviada.
- Segundo y no menos importante, el Budismo, o mejor, la Vía de Buddha, per se, por su propio carácter de Vía Media, es decir, de camino a realizar con y en nuestras vidas, a cada paso, no cuenta con un andamiaje espiritual e idiosincrático específico, con el que se presente, de forma fija, a lo largo de todas las épocas y culturas que lo han acogido. Es, al igual que el mismo afirma de toda la realidad, impermanente y, por consiguiente, interdependiente con el resto de fenómenos que le rodean. Podría decirse, usando una conocida metáfora, que la Vía de Buddha es el agua y que la matriz religioso-cultural que la acoge es el cauce o recipiente. Así, en la India el cauce tenía las características propias de la religiosidad india de su tiempo y, en contacto, con el Budismo, surgió, no solo el Theravada, sino también las escuelas Madhyamika y Yogacara, por citar las dos más influyentes dentro del Budismo Mahayana indio. Al pasar a tierras chinas, dicho cauce, naturalmente, cambió, dando lugar a otras nuevas tradiciones - con otras expresiones, otro estilo - al entrar en contacto el daoismo y el confucianismo, ejes idiosincráticos y espirituales de la cultura china y, por extensión, de toda Asia oriental.
Practicar zazen, siguiendo con el ejemplo del Budismo Zen, no es, simplemente sentarse en un cojín siguiendo unas instrucciones a ver qué pasa. Es el marco budista el que aporta un sentido. Seguramente, en la Sanbo Kyôdan, la mayoría de practicantes encuentran dicho marco en el Cristianismo, pero para los que no es así, la posiblidad de desviación con respecto al marco budista es muy elevada, llenando con un "algo" lo que de por sí está vacío, apartándose, además, del verdadero campo de acción de toda práctica budista: la vida cotidiana.

Lo que planteas creo que de manera, más o menos, directa nos lleva a una interesante pregunta: ¿se puede acoger, practicar una religión o espiritualidad oriental sin el suficiente estudio crítico?
Vale la pena advertir que con estudio crítico, no me refiero a un interés erudito propio de quien realiza una investigación o labor académica, sino a aquel trabajo necesario, por parte de todo practicante, para conocer adecuadamente, qué es, qué supone, con qué fin y qué medios se emplean para abordar dicho fin, la tradición espiritual en la que uno, buenamente, en un momento dado, decide embarcarse.
Personalmente, creo que dicho estudio es fundamental e insoslayable, no solo porque sea relevante en cualquier religión, sino por 2 razones en concreto, para el caso del Budismo:
- Al tratarse de una religión oriental, hasta hace algunas generaciones desconocida en Occidente, los textos de la tradición Zen, o de cualquier otra escuela budista están vehiculados, a través de conceptos, ideas, símbolos, etc., propios de la idiosincrasia de dichas culturas orientales. Estos conceptos - ideas, símbolos - hay que saber leerlos, por tanto, a la luz de un marco budista, sino nuestra práctica se encontrará desviada.
- Segundo y no menos importante, el Budismo, o mejor, la Vía de Buddha, per se, por su propio carácter de Vía Media, es decir, de camino a realizar con y en nuestras vidas, a cada paso, no cuenta con un andamiaje espiritual e idiosincrático específico, con el que se presente, de forma fija, a lo largo de todas las épocas y culturas que lo han acogido. Es, al igual que el mismo afirma de toda la realidad, impermanente y, por consiguiente, interdependiente con el resto de fenómenos que le rodean. Podría decirse, usando una conocida metáfora, que la Vía de Buddha es el agua y que la matriz religioso-cultural que la acoge es el cauce o recipiente. Así, en la India el cauce tenía las características propias de la religiosidad india de su tiempo y, en contacto, con el Budismo, surgió, no solo el Theravada, sino también las escuelas Madhyamika y Yogacara, por citar las dos más influyentes dentro del Budismo Mahayana indio. Al pasar a tierras chinas, dicho cauce, naturalmente, cambió, dando lugar a otras nuevas tradiciones - con otras expresiones, otro estilo - al entrar en contacto el daoismo y el confucianismo, ejes idiosincráticos y espirituales de la cultura china y, por extensión, de toda Asia oriental.
Practicar zazen, siguiendo con el ejemplo del Budismo Zen, no es, simplemente sentarse en un cojín siguiendo unas instrucciones a ver qué pasa. Es el marco budista el que aporta un sentido. Seguramente, en la Sanbo Kyôdan, la mayoría de practicantes encuentran dicho marco en el Cristianismo, pero para los que no es así, la posiblidad de desviación con respecto al marco budista es muy elevada, llenando con un "algo" lo que de por sí está vacío, apartándose, además, del verdadero campo de acción de toda práctica budista: la vida cotidiana.