Suzuki Roshi nació en 1904 y murió en 1971 según me dice Copilot (Ave María purísima). Podría haberlo buscado en Wikipedia como Dios ordena y manda pero soy un vago ya y Copilot me lo sopla en 5 segundos. A lo que vamos. Suzuki Roshi vivió 67 años que es una edad muy respetable pero hoy se dice que a esa edad no eres viejo en absoluto. Yo tengo 73 e incluso decir que soy viejo sería políticamente incorrecto. Las personas que mandan en las grandes potencias tienen de mi edad para arriba y aseguran que están en plena juventud. Pero por supuesto es mentira. Son viejos disfrazados de jóvenes. Personas de edad avanzada que comen mal y duermen peor, y están probablemente en plena demencia senil (sobre todo el fulano que está en la Casa Blanca). Pero el foro no va de política. Volvamos a la línea principal.
Suzuki dijo:
El envejecimiento no es tan sólo cambio, sino un cambio irreversible; nos guste o no.
Yo aventuro que el envejecimiento es el momento ideal para cultivar la vida interior: un momento para la práctica espiritual.
Cambio irreversible. Así lo veo yo también ahora que estoy metido en la recta de los 70. Cuando veo vídeos de gente que afirma que se puede dar marcha atrás a la edad, me río solo. Eso no se lo creen ni ellos: dar marcha atrás a la edad, como si se tratase de un reloj que puedes pararlo y atrasarlo. Pero ellos dicen que somos un reloj biológico y que se pueden manipular los telómeros de los cromosomas y podemos volvernos jóvenes. Sería no solo ridículo sino decepcionante, la verdad. Yo a estas alturas llevo muchos años de zen y creo que morirse es lo mejor que puede pasarle a un viejo. No digo suicidarse, eso no. Morirte tranquilamente, sin prisa y sin pausa porque morir es nacer de nuevo, de acuerdo a mi experiencia, y ¿a quién no le gusta la idea de volver a nacer cuando se es viejo? Es mucho mejor nacer de nuevo que vivir años y años en un cuerpo agotado y enfermo.
Coincido con Suzuki Roshi en que la vejez es el mejor momento para la práctica espiritual (que no hace falta llamarla espiritual, pero así es como se la suele llamar). Después de jubilarte tienes todo el tiempo para practicar. Y, si has practicado durante décadas, cuando llega la vejez sabes perfectamente como hacerlo. Pero si no has practicado antes, entonces es muy difícil empezar cuando eres viejo. El cuerpo no está entrenado para sentarte a meditar (aunque no haría falta sentarse sobre un cojín, podría hacerse hasta en un sillón). Pero creo que sería difícil empezar a hacerlo solo y sin tener ni idea de como se hace. Y, a esa edad, es muy complicado ya ir a aprender en un templo zen. A esa edad, hay que haber pasado ya por todo ese entrenamiento. Entonces, puedes practicar por tu cuenta sin ningún problema.
Hay oportunidades de aprender desde casa, hoy en día. Se puede entrar en grupos de meditación por Zoom, pero empezar de viejo no creo que sirviera. La mayoría de los que entran son viejos, eso sí, pero prácticamente todos llevan décadas de práctica a sus espaldas. Es un placer estar con gente así, personas que saben lo que es meditar (del modo que sea, no tiene que ser zen o viapasana). Somos muchos. A veces más de 40. Resulta mejor que hacer zazen solo, o incluso hacer zazen en un grupo que no te va. Porque con el tiempo, aprendes tu forma de hacerlo, que no es la forma de hacerlo según Dogen o quien sea. La semilla que se planta tarda en crecer y hacerse un árbol vigoroso y fuerte, por eso es necesario plantarlo pronto y cuidarlo desde que nace.
Porque el asunto principal es que el cuerpo envejece pero hay otro cuerpo que no es físico que no lo hace, y ese cuerpo no vive de alimentos físicos sino espirituales. E, incluso el alimento físico, si no es apropiado, puede dañarle. Porque esa es otra cosa que yo he aprendido con la edad, que no comemos por placer sino para alimentarnos. Y, alimentarse, es todo un arte. Y, se tarda mucho en aprender esas cosas. Se aprenden normalmente cuando uno llega a viejo. Lo demás, poco importa. Son cosas que suceden y nada más. Siempre han sucedido cosas y uno está inmerso en ellas, pero eso es como el oleaje, nada más. Hay que manejar bien la barca para no irse a pique. Todo son cosas de la mente. Nada más que eso.
Otra cosa que llama mi atención es esto:
¿Por qué meditamos? Suzuki soltó una carcajada y respondió: -Para poder disfrutar de la vejez.
Bien, no andaba descaminado Suzuki cuando lo dijo. No creo que haya una forma mejor de disfrutar de la vejez que llevar una vida de práctica espiritual. No creo que muchos jóvenes puedan decir eso de "comer cuando tengo hambre, dormir cuando tengo sueño". Esas cosas no suceden cuando se es joven. Cuando se es joven, ni siquiera sabes cuando tienes hambre de verdad, porque del modo que se come, siempre se tiene hambre. Cada tres horas hay que comer algo, si no te crees que desfalleces. Y hay que tomar estimulantes, café, té, mermeladas, pastelitos... todo el tiempo. El cuerpo te pide eso. ¿Y qué consigues con eso? Enfermar y llegar a viejo con mil problemas. Y, entonces ¿cómo disfrutas de la vejez? ¿Cómo disfrutas de la vejez si eres diabético, si tienes la tensión alta, si tienes problemas de corazón, de riñón o de lo que sea? El zen no es solo sentarse en un cojín. Es mucho más que eso. Y eso, se descubre precisamente en la vejez.
Suzuki estaba revelándonos un gran secreto: que es posible encontrar gozo en el don de cada instante y cada respiración, incluso en medio de las tribulaciones.
Sí, por supuesto. Esto es posible si tu vida es correcta y vives de un modo sereno. Pero muchas personas (budistas o no budistas) se dan cuenta al llegar a la vejez de que lo que han aprendido con el budismo o con lo que sea no era nada práctico. Han aprendido solo teorías o filosofías. Pero las filosofías no te sirven de nada en la vejez. Solo las realizaciones sirven de algo, especialmente cuando se acerca el momento de la muerte. Yo estuve haciendo un curso de meditación con un lama tibetano muy viejo, cuando yo tenía apenas 30 años. Ese lama, (Lama Jampel Sanghe) era de los viejos maestros, los que habían vivido en el Tibet. Era un hombre muy mayor, cuando hice ese curdo en Madrid. Al terminar el curso, supe que estaba enfermo de cancer y murió al poco tiempo. Pero durante todo el curso, parecía una persona joven y feliz. Estaba lleno de energía. Nunca le he olvidado y cuanto mayor me hago más me acuerdo de él.
