Trata el tema de forma tangencial, pero es interesante:
Desmitificando a los maestros
- Hokke
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Re: Desmitificando a los maestros
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
Re: Desmitificando a los maestros
Volvemos a este hilo, que por lo que sea parece gustar, ya que se menciona a menudo en otros hilos, para hablar en esta ocasión de Harada Daiun Sōgaku (1870–1961) maestro de Hakuun Yasutani.
De este maestro hay una famosa frase que probablemente le perseguirá siempre. La dejo en el original de B.Victoria (en su libro "El zen en guerra") ya que es más sonora. " [If ordered to] march: tramp, tramp, or shoot: bang, bang. This is the manifestation of the highest Wisdom [of Enlightenment]". Podriamos traducirlo como "Si se ordena marchar: pisotón, pisotón, o disparar: bang, bang. Esta es la manifestación de la más alta Sabiduría [de la iluminación]" . Esta frase fue publicada originalmente en noviembre de 1939 en un artículo titulado "El camino único del Zen y la guerra" (Zen to Sensō no Ichidō) para la revista Daijō Zen.
En aquel celebre articulo decía esto: "la unidad del Zen y la guerra de la que hablo se extiende hasta los confines más lejanos de la guerra santa [ahora en curso]".
El mismo artículo incluía un verso (poema) final en el que Harada expresaba su devoción absoluta por los combatientes: "Inclino mi cabeza hasta el suelo en reverencia a aquellos cuya nobleza no tiene igual" (por cierto algún dia podriamos hablar de como el regimen japonés utilizaba la ley karmica para tratar de consolar a los familiares de los combatientes fallecidos en combate).
Años antes en la revista revista Chūō Bukkyō había escribió un artículo donde afirmaba cosas como estas: "el espíritu de Japón es el "Gran Camino de los dioses [sintoístas]" y la esencia de la Verdad". En otras frase decia que el pueblo japonés era un "pueblo elegido cuya misión es controlar el mundo". En el mismo texto criticó el sistema constitucional de la época por considerarlo prematuro y abogó por que Japón implementara "políticas fascistas durante los próximos diez años.
En sucesivas entradas iremos desgranando al personaje. Ahora solo estamos intuyendo las zonas oscuras (muy negras) del sujeto de estudio.

De este maestro hay una famosa frase que probablemente le perseguirá siempre. La dejo en el original de B.Victoria (en su libro "El zen en guerra") ya que es más sonora. " [If ordered to] march: tramp, tramp, or shoot: bang, bang. This is the manifestation of the highest Wisdom [of Enlightenment]". Podriamos traducirlo como "Si se ordena marchar: pisotón, pisotón, o disparar: bang, bang. Esta es la manifestación de la más alta Sabiduría [de la iluminación]" . Esta frase fue publicada originalmente en noviembre de 1939 en un artículo titulado "El camino único del Zen y la guerra" (Zen to Sensō no Ichidō) para la revista Daijō Zen.
En aquel celebre articulo decía esto: "la unidad del Zen y la guerra de la que hablo se extiende hasta los confines más lejanos de la guerra santa [ahora en curso]".
El mismo artículo incluía un verso (poema) final en el que Harada expresaba su devoción absoluta por los combatientes: "Inclino mi cabeza hasta el suelo en reverencia a aquellos cuya nobleza no tiene igual" (por cierto algún dia podriamos hablar de como el regimen japonés utilizaba la ley karmica para tratar de consolar a los familiares de los combatientes fallecidos en combate).
Años antes en la revista revista Chūō Bukkyō había escribió un artículo donde afirmaba cosas como estas: "el espíritu de Japón es el "Gran Camino de los dioses [sintoístas]" y la esencia de la Verdad". En otras frase decia que el pueblo japonés era un "pueblo elegido cuya misión es controlar el mundo". En el mismo texto criticó el sistema constitucional de la época por considerarlo prematuro y abogó por que Japón implementara "políticas fascistas durante los próximos diez años.
En sucesivas entradas iremos desgranando al personaje. Ahora solo estamos intuyendo las zonas oscuras (muy negras) del sujeto de estudio.

- Hokke
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Re: Desmitificando a los maestros
Es que es, al menos para mí, el mejor hilo del foro. Además de ser enormemente interesante e ilustrativo. Difícilmente se puede hablar de poca rigurosidad o falta de documentación a la labor que realizas con este tema.
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
Re: Desmitificando a los maestros
Junonagar, conozco el libro de Brian Victoria y no tengo ningún problema en reconocer su importancia. Zen at War abrió un debate necesario sobre el papel de ciertas instituciones budistas durante el militarismo japonés. En ese sentido, su aportación es valiosa.
Pero una cosa es reconocer el valor de un libro y otra convertirlo en una especie de canon infalible. Victoria escribe desde una perspectiva muy marcada —crítica, activista y en ocasiones abiertamente revisionista— y eso está bien, siempre que se lea su obra como lo que es: una interpretación, no la última palabra sobre la historia del Zen.
De hecho, varios académicos han señalado que Victoria tiende a:
seleccionar solo los pasajes más extremos,
omitir matices contextuales,
interpretar declaraciones de época con categorías morales contemporáneas,
y presentar figuras complejas como si fueran monolitos ideológicos.
Esto no invalida su trabajo, pero sí invita a leerlo con la misma distancia crítica que él exige hacia los maestros que analiza.
Harada Sōgaku, Yasutani Rōshi y otros maestros del siglo XX vivieron en un Japón donde prácticamente todas las instituciones - religiosas, educativas y civiles - estaban alineadas con el Estado. Ese contexto no excusa nada, pero sí explica mucho. Y si queremos comprender la historia del Zen, necesitamos algo más que una colección de citas duras sacadas de su época más oscura.
Por eso decía antes que reducir a un maestro únicamente a sus sombras no ayuda a entender nada. Ni Harada es solo sus declaraciones de guerra, ni Yasutani es solo sus polémicas, ni Victoria es solo su libro. La historia es más amplia que cualquier tesis.
Mi intención no es “defender” a nadie, sino evitar que la conversación se convierta en un ejercicio de demonización unilateral. El Zen - como cualquier tradición viva - tiene luces y sombras. Si solo miramos una parte, perdemos la visión completa.
Pero una cosa es reconocer el valor de un libro y otra convertirlo en una especie de canon infalible. Victoria escribe desde una perspectiva muy marcada —crítica, activista y en ocasiones abiertamente revisionista— y eso está bien, siempre que se lea su obra como lo que es: una interpretación, no la última palabra sobre la historia del Zen.
De hecho, varios académicos han señalado que Victoria tiende a:
seleccionar solo los pasajes más extremos,
omitir matices contextuales,
interpretar declaraciones de época con categorías morales contemporáneas,
y presentar figuras complejas como si fueran monolitos ideológicos.
Esto no invalida su trabajo, pero sí invita a leerlo con la misma distancia crítica que él exige hacia los maestros que analiza.
Harada Sōgaku, Yasutani Rōshi y otros maestros del siglo XX vivieron en un Japón donde prácticamente todas las instituciones - religiosas, educativas y civiles - estaban alineadas con el Estado. Ese contexto no excusa nada, pero sí explica mucho. Y si queremos comprender la historia del Zen, necesitamos algo más que una colección de citas duras sacadas de su época más oscura.
Por eso decía antes que reducir a un maestro únicamente a sus sombras no ayuda a entender nada. Ni Harada es solo sus declaraciones de guerra, ni Yasutani es solo sus polémicas, ni Victoria es solo su libro. La historia es más amplia que cualquier tesis.
Mi intención no es “defender” a nadie, sino evitar que la conversación se convierta en un ejercicio de demonización unilateral. El Zen - como cualquier tradición viva - tiene luces y sombras. Si solo miramos una parte, perdemos la visión completa.
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Re: Desmitificando a los maestros
Igual el problema subyacente en todos los monstruosos ejemplos de este hilo es la propia institución del Maestro.
Ya tenemos al único, y verdadero, Maestro necesario en la figura del Buda, con su enseñanza plasmada en los Sutras.
Es solo una reflexión, no muy novedosa imagino, lanzada al aire.

Ya tenemos al único, y verdadero, Maestro necesario en la figura del Buda, con su enseñanza plasmada en los Sutras.
Es solo una reflexión, no muy novedosa imagino, lanzada al aire.
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
Re: Desmitificando a los maestros
Hokke, entiendo lo que planteas, pero creo que es importante no confundir dos cosas distintas. En el Zen, la figura del maestro no es un adorno ni un elemento opcional: es parte esencial del camino. No porque el maestro sea una persona perfecta —ninguno lo es— sino porque la práctica, tal como se ha transmitido durante siglos, se basa en la relación directa, en la guía y en el contraste continuo con alguien que ya ha recorrido el camino.
Otra cosa es idealizar a los maestros o convertirlos en figuras impecables. Eso tampoco tiene sentido. Los maestros zen, igual que cualquier ser humano, tienen luces y sombras, aciertos y errores. Pero que no sean perfectos no invalida su función. La transmisión del Dharma siempre ha sido humana, no angelical.
Por eso, cuando se critica la figura del maestro como institución, me parece que se pierde de vista lo esencial: el Zen es una práctica relacional. Sin maestro no hay koan, no hay sanzen, no hay transmisión y, en última instancia, no hay Zen tal como lo conocemos.
Otra cosa es idealizar a los maestros o convertirlos en figuras impecables. Eso tampoco tiene sentido. Los maestros zen, igual que cualquier ser humano, tienen luces y sombras, aciertos y errores. Pero que no sean perfectos no invalida su función. La transmisión del Dharma siempre ha sido humana, no angelical.
Por eso, cuando se critica la figura del maestro como institución, me parece que se pierde de vista lo esencial: el Zen es una práctica relacional. Sin maestro no hay koan, no hay sanzen, no hay transmisión y, en última instancia, no hay Zen tal como lo conocemos.