Daru el tuerto escribió: ↑29 Jun 2026 11:50
>Obviamente el verso 69 es claramente de inspiración madhyamaka mientras el verso 70 es de inspiración yogacara. Probablemente este es uno de los secretos de este sutra: su fuerte contenido filosófico que hace compatibles ambas visiones.
Siempre he pensado que la visión budista más amplia y efectiva es justo contar con ambas visiones, que de hecho son mucho más compatibles de lo que los debates budistas puedan hacer pensar.
Madyamika define la esencia, el fondo, que es la ausencia de esencia, de fondo, el no-noúmeno... y Yogachara sobre todo define la superficie, lo externo, que es mente. El fondo es sunyata (por origen dependiente) y la superficie mente (por co-emergencia), eso construye nuestra realidad y ambas visiones no solamente no son incompatibles sino que son necesarias para dar una visión completa.
El pequeño engendro que es eso de la "verdad relativa" (que no es verdad y no es relativa a nada concreto) en Madiamika, no es necesario si entendemos que operamos en un entorno solo mente, aunque el fondo sea sunyata... no es necesario buscar una solución a como opera la realidad si todo es sunyata porque esa solución ya la ofrece Yogachara.
Y luego en Yogachara basta con no re-ificar como auto-existentes y con esencia cuestiones como Alaya o Mente... y entender el modelo de mente solo como una aproximación útil... sin darle valores ontológicos... que es la única crítica relevante que proviene de Madiamika.
Supongo que por eso me suele encajar bastante este sutra, mientras que los sutras de la familia prajnaparamita me parecen excesivamente apegados a negarlo todo. El ejemplo clásico y corto es el del corazón.
Sí, muy probablemente la razón por la que despues de muchos siglos estemos hablando de este texto es lo bien que encajan estas dos ideas, ideas que estan expresados particularmente bien en esos dos versos señalados. Dos fuerzas motrices que guian el texto en todo momento. Dos ideas que en realidad son la misma observadas desde dos puntos de vista. Dos ideas, que en realidad son una, que en realidad son ninguna, que en realidad es una experiencia, que en realidad no es nada que se pueda mencionar con palabras.
Poniendome un poco poético, veo el sutra Lankavatara como unos biniculares en los que puedes mirar el mar desde lejos, que puede hacerte comprender que el ruido lejano que escuchas son las olas al chocar contra las rocas, que ese olor a sal, es eso que etiquetamos como mar. Pero ningún binicular, ninguna visión, o sensación olfativa podrá sustituir jamás a bañarse en el insondable mar azul.