"Buddha no era un Dios, sino un ser humano como tú y yo, y sufrió igual que nosotros. Si nos acercamos a Buddha con el corazón abierto, nos mirará con ojos llenos de compasión y dirá: «Como en tu corazón hay sufrimiento, puedes entrar en mi corazón»".
En el hombre dominado por una visión equivocada del mundo, surge el apego y las subsecuentes controversias, sin embargo los magnánimos no forman juicios de las cosas y por tanto no discuten, pues para los que carecen de opinión, ¿cómo podría haber una opinión contraria? (Nagarjuna).