En el zen antiguo, monástico, y también en otras tradiciones, al margen de historia de encuentros fulgurantes de solo un día que "trasformaban" de golpe a las personas, y que son eso "historias" construidas para edificar, el contacto entre un enseñante y sus discípulos era un contacto de años, cotidiano, extremadamente íntimo (por ejemplo, antiguamente en el zen, los monjes meditaban, dormían y comían en la misma sala), en el que resultaba imposible ocultar las propias flaquezas y las propias virtudes; fuera de una situación así los "consejos" tienden a ser genéricos, artificiales.
Esto lo afirma alguien que en realidad se ha visto obligado a llevar la mayor parte de su práctica solo, basándose en sus propias fuerzas. Pero lo digo también porque se la cantidad de callejones sin salida que de ahí se han derivado y por el tiempo perdido para recuperar, para volver a ver, por donde discurría el camino correcto. Estos peligros, que pueden llegar a ser letales espiritualmente, parten del autoreferencialismo y desembocan en el onanismo espiritual. Todo ello, estoy seguro y la tradición así lo dice y recomienda, se habría aligerado en gran medida si hubiese contado en muchos de esos momentos de extravío (inconsciente a menudo), con la guía desde el principio de un buen amigo espiritual (que en sánscrito llamaban Kalyāṇa-mitratā)
Cierto, hoy en día, en Occidente, esa guía puede resultar muy difícil de encontrar; también es cierto, por otra parte, que en el Canon antiguo se dice:
No sin antes advertir, lo cual es preferible, para nosotros, que no somos como elefantes:Si uno no consiguiese a un compañero sagaz con quien andar, un sabio que vive bien, debería andar solo como el rey que ha abandonado el reino conquistado, como el elefante Mataaga en la selva.
Es mejor andar solo, no hay compañerismo con el necio. Uno debería andar solo y no hacer males, despreocupado, como el elefante Mataaga en la selva. (Dhammapada, 329-330)
Y esto no lo proporcionan ni lo suplen las nuevas tecnologías.Si uno consiguiese a un compañero sagaz con quien andar, un sabio que vive bien, superando todos los peligros, uno debería andar con éste, contento, atento. (Dhammapada, 328)