Como bien dice Daido, unos de los últimos koan, al menos en el linaje Takuju dentro de la escuela Rinzai, son los (cinco? diez?) preceptos. Si llego algún día te confirmo, pero hasta donde me ha dicho Jeff Shore es efectivamente eso: el koan es el precepto. Lo de los cinco rangos es más complicado, por lo que parece: se toma cada línea de un poema como koan, hay multitud de versos para glosar... Un lío, vaya.
Igual todavía me quedan muchos años quién me mandaría meterme en este berenjenal
El currículum de la escuela Sanbo es una modificación del Takuju realizada por Harada Sogaku, que entrenó con el maestro Rinzai Toyota Dokutan (que, curiosamente, es mi tataratatarabuelo del Dharma!). Conozco alguna de las modificaciones, pero no todas, y no sabía que ellos también acababan con los preceptos.
Sobre lo que comentáis de hishiryo, hace tiempo leí un post muy interesante en Reddit escrito por un traductor chino nativo, que defiende que lo que dice Dogen (y el koan chino original de Yaoshan, como menciona Roberto) es "piensa en aquello que no piensa". Que a mí personalmente me encanta muchísimo más y encuadra la instrucción de Dicen dentro del resto de la escuela Zen, pero tampoco quiero entrar en polémicas. Os dejo el post (en inglés) por si os interesa:
Roberto escribió: ↑25 Sep 2025 17:18
He intentado buscar información sobre estos últimos koan, tanto en la escuela Sambo Kyodan como en la Rinzai clásica y no he conseguido saber cuáles son esos ultimos koan.
Sobre la Rinzai he averiguado que los últimos versan sobre los cinco rangos de Dongshan y los 16 votos del bodhisattva, per no he obtenido cuales son los koan concretos.
Es posible que la lista sea "secreta" (eso sugerían las fuentes que he consultadi) y solo se los desvele el maestro a aquel discípulo que haya llegado hasta la etapa final del curriculo de koan. En cualquier caso da igual, era simple curiosidad.
Hola Roberto. No, no es nada de eso. No es ningún secreto, te lo aseguro. En el Zen no hay secretos de ninguna clase y Ana María era muy sabia. Ella se sabía cada koan y sus respuestas de memoria, y además sabía al dedillo los linajes de todas las escuelas, quien era cada uno y de donde venían y quienes habían sido sus maestros... Hablaba de esos koans en los teishos y no daba a entender que fueran nada secreto. Eran los preceptos, simplemente. Ahora la respuesta, no la dijo nunca, por supuesto. Todos escuchábamos superconcentrados y no perdíamos detalle. Era única. Realmente única. Ahora está enferma y no creo que pueda enseñar ya. Mi agradecimiento por ella.
Veo por donde vas, pero creo que eres más pausado de lo que yo fui y eso es lo mejor que puedes hacer. Ni se te ocurra pensar en llegar al final. ¡Quítatelo de la cabeza! Es mi consejo de veterano de guerra, lleno de heridas y ni una sola medalla.
Igual todavía me quedan muchos años quién me mandaría meterme en este berenjenal
Te has metido en un berenjenal, así es. Pero bueno, bueno. Pero te lo digo: es una suerte la que te ha tocado. Has encontrado a alguien que sabe guiar a la gente, y él ha encontrado a alguien que quiere ser guiado. Eso es más difícil, se dice, que chocar dos flechas en el aire.
"piensa en aquello que no piensa"
Así es. Es parte del currículo. Hay que meterle caña
Pongo a continuación un extraordinario vídeo de Ana María Schluter que merece ser visualizado entero, pero para los que no se decidan a perder tres cuartos de hora con él, les recomiendo que vayan al menos al minuto 30, y lo vean hasta el final. En esos 15 minutos verán y oirán cosas que se han hablado aquí, sobre el llamado "zen cristiano", y sobre el zen budismo tal y como Ana María lo entiende (y entiende muchísimo) pero también sobre la "iluminación" y sobre los kanjis en general y dos en particular. También hay vistas del Zendo Betania donde también el que escribe esto, dio el callo durante muchos años de un modo muy intenso. Y salen imágenes de la maestra también, bastante recientes como se desprende del hecho de que se la ve andando con bastón. Yo la conocí siempre sin bastón para caminar pero con otro bastón mucho más peligroso y letal: el bastón de maestra zen.
tao.te.kat escribió: ↑26 Sep 2025 09:10
>"piensa en aquello que no piensa"
¿Y como se piensa en aquello que no piensa?
Con aquello que no piensa.
Y el koan se auto-reproduce a sí mismo de nuevo.
Hola. Ese koan que nombras no está en los últimos 15 minutos, sino que Ana María habla de él en hacia el minuto 10, y se refiere a una frase atribuida a Dogen pero que al parecer viene de más antiguo (de Nangaku, en China). Esa frase se traduce como no pensar, dice ella, y añade que no es verdad. La verdadera traducción, dice, es "sentarse en lo impensable". El monje pregunta, "¿Cómo?", y el maestro responde "no pensando", que quiere decir no pensar, no discurrir, no imaginar, no programar ni nada de eso (siempre en palabras suyas). Y, añade, de lo que de verdad se trata es de aprender a sentarse en lo impensable. (luego sigue con otras interesantes materias.
O sea, más que un koan es un modo de sentarse en el zen. Hay que sentarse en lo impensable. ¿Cómo? No pensando, es decir, no discurriendo, no imaginando, no programando... De este modo, la cosa está bien clara. No se trata de algo incomprensible o de un koan. Es, todo lo contrario, una corta explicación y muy fácil de adaptar a la propia forma de hacer zazen.
En el minuto 34.30 del video Ana María habla de la Iluminación. Dice que la palabra chino-japonesa que se ha traducido por iluminación, se tiene que ir al japonés para entenderla. En japonés, dice, es ken-sho. "¿Y, qué quiere decir?. Ver la realidad. Pero no la superficial, sino el corazón de la realidad. Sho se escribe como corazón de la realidad." Más tarde habla del significado de Satori. ¿Qué significa? "Se traduce también por iluminación, pero ¿qué quiere decir eso? Funcionar a través de las cinco puertas, desde el corazón. O sea, hablar desde el corazón, ver desde el corazón..., esto es iluminación. Esto es importantísimo. Yamada Koun Roshi me dijo, hablar japones no es tan importante, pero los Kanjis sí: le abrirán otro mundo. Es una forma de escribir que está más cerca de la realidad, no es tan abstracta como lo nuestro que son sílabas o, ni siquiera sílabas, sino vocales y consonantes."
Efectivamente, yo he usado mucho el término iluminación o despertar pero en realidad el término que debería usarse es kensho. También satori. Esas experiencias se hicieron normales para mí, debo decir, durante los primeros años que practiqué con Ana María. Es por eso que tomé el zen tan en serio. Si no hubiese habido kenshos constantes no me hubiese interesado en él, realmente. Ir a un retiro y tener cierto sentimiento de tranquilidad, no tenía ningún interés especial para mí. Había hecho algunos retiros budistas tibetanos y había tomado muy en serio las meditaciones. Uno de los retiros era para cumplir un compromiso de una iniciación (una deidad tibetana) y duró un mes. Lo hice en compañía de tres monjes. Recitamos 100.000 mantras de la deidad. Ese retiro tuvo efectos nefastos en mí, por desgracia. Aún lo recuerdo. No hubo absolutamente nada que tuviese que ver con el kensho.
En cambio, en el zen con Ana María, en un seshin de cinco día... ¡bingo! Una experiencia de abismamiento (como ella las llamaba). Y, ocurrió sin ninguna razón especial. No fue propiamente una experiencia, en el sentido de decir ¡mira que experiencia! Como dije, solo un estado de no-pensamiento, pero no pasajero, sino que se hizo total. Esa sola experiencia, que se prolongó durante días, en realidad, me hizo ver claramente que el zen, tal y como lo enseñaba Ana María, era el mío. Lo cogí en exclusiva y no lo dejé en más de diez años. Durante los primeros cinco años, los kenshos fueron incontables (unos más grandes y otros más pequeños), pero viví esos 5 años para el kensho. Tenía que practicar cada día por mi cuenta, porque vivía en pueblos de la Mancha, y no había grupos de zen. Pero cuando iba al Zendo Betania estaba super entrenado. Y los seshins los tenía ya medidos. Sabia las etapas por las que iba a pasar. Me dejaba llevar simplemente, con la guía de la maestra. El kensho siempre sucedía.
Hasta que un día, cinco años después, estando sentado, a punto de entrar en uno de tales abismamientos, sin saber muy bien por qué, grité interiormente ¡NO! Y los kenshos no volvieron durante muchísimo tiempo. Y cuando volvieron, no eran como los anteriores. Hubo un momento que me dije que no podía seguir viviendo para los kensho. En mi caso fueron necesarios y agradezco enormemente haberlos tenido. Pero exigían un esfuerzo enorme. Había que vivir para ellos y nunca eran definitivos. Dejaban una huella permanente, pero creí que era bastante. Los seshins se fueron haciendo más tranquilos. Las experiencias más suaves. El deseo de kensho desapareció. Con todo, los koans seguían pasándose. No era necesario más kensho. Y por mucho tiempo, no los hubo. En el momento que escribo esto, ya no hay ninguno. Pero no los necesito. Estoy bien tal y como estoy.