Pondré un poco sobre mi propia experiencia, para contribuir también. Yo empecé con el zen, hace casi 40 años, ya. Creo que hice mi primer seshin con Dokusho V. en el 83. Ya llevaba tres años meditando, dentro del budismo tibetano (otra secta). El caso es que aquel sesshin fue un tanto raro, porque empezamos a hacerlo, mas de cien personas, y lo terminamos solo treinta. Hubo gente que yo vi perder casi el sentido, de tanto dolor que tenían. Era un ambiente extrañisimo. Lo dirigió un tal Fausto Guareschi, pero al segundo día cayó enfermo, y Dokusho tomó las riendas. La sensación que tenía es que estaba en un gimnasio. Y estaba la cosa de los kusens, efectivamente. Hablaban a menudo, durante el zazen, lo que efectivamente se tomaba como un entretenimiento, porque las horas de zazen eran larguísimas y aburridisimas.
Mi primer maestro de zen, puede decirse que fue Dokusho, en cierta manera. Estuve en otros dos o tres seshins con él. Yo estaba de profesor en pueblos de la Mancha, y tenía que meditar solo o no meditar. En un pueblo organicé un grupo de yoga, todas mujeres!, y poco a poco las fui metiendo en la meditación. Aunque la experiencia no fue mala, aquello no tenía futuro, y al final me desentendí. Recuerdo haber ido varias veces a hacer zazen al piso que tenían en Valencia, donde Dokusho dirigía las sesiones y nos regalaba sus kusens. Sí, era una secta. No hay duda. Pero, casi todas lo son. También el Zendo Betania, que fundó Ana María, (donde estuve diez años, metido hasta las cejas) lo es. Y el RZC también lo es. Y otros centros que conocí, también lo eran. Todos lo son.
En Japón, lo que conocí era distinto, sin embargo. El San Un Zendo de Kamakura, no me pareció una secta, pero había ciertas cosas también. La escuela Sambo viene de allí, y yo creo que tiene mucho de secta tambié. (Ahí, debería ser yo quien escribiera el dossier, tal vez, pero no lo haré, y tengo buenas razones para no hacerlo) El Kioto Kokusai Zendo, en Japón, mas que una secta era un hostal, igual que otros dos sitios en los que pasé temporadas, en Japón.
Pero Bukoku Ji, donde residía Tangen Harada Roshi, era muy distinto. He de decir que en este sitio, fue donde decidí refugiarme mentalmente para el resto de mi vida. Al fin y al cabo, Tangen Harada Roshi desarrolló Alzheimer y dejó el templo al año siguiente, sin dejar a nadie al frente. Y pocos años después murió. No percibí en él un solo fallo. Un mes no da para mucho, diréis, pero da para oler. En un mes se huele si algo está podrido. Y allí no olía a podrido.
Seguiremos entrando a poner cosas sobre todo esto del Zen que, en occidente, huele francamente mal.
