Sansuikyô continúa de la siguiente manera:
En una ocasión, Shakyamuni Buddha había abandonado el palacio de su padre, el rey y penetró en las montañas. Aun así, Su Majestad no guardó rencor hacia las montañas. Ni tampoco mostró desconfianza hacia aquellos que, en las montañas, estaban instruyendo al príncipe. Los doce años en los que él estuvo practicando la Vía desde su salida del palacio, pasaron en buena medida entre las montañas. Su realización como Señor del Dharma, también tuvo lugar mientras se encontraba en las montañas. Verdaderamente, ni siquiera los reyes del universo cuyas ruedas de sus carros giran en cualquier rincón, toman por la fuerza las montañas para tenerlas bajo su dominio.
Para entendernos, una montaña no es el reino de la gente común, ni tampoco es el renio de aquellos que moran en los lugares nobles. No puedes, en verdad, percibir lo que es una montaña por medio de los modelos utilizados por aquellos que vagan en la ignorancia. Si las montañas se encuentran más allá de toda comparación con la noción común de "fluir", ¿quién podría-¡decidme!-, acaso, dudar de que una montaña fluye y de que una montaña no fluye, tal y como cualquier otra cosa que una montaña pueda hacer?
Continuará...
