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Por eso me ha parecido oportuno compartir la descripción de los trastornos mentales que pueden confundirse con experiencias de despertar o iluminación, para así poder discernir entre unos y otros. Aunque, si distinguir esto en los demás es complicado, en uno mismo lo es mucho más.
“La característica esencial del trastorno de despersonalización consiste en la presencia de episodios persistentes o recurrentes de despersonalización, caracterizados por la sensación de extrañeza o distanciamiento de uno mismo o de ser un observador externo de los propios procesos mentales o del cuerpo (p. ej., sentirse como si se estuviera en un sueño). La persona no se reconoce en su propio cuerpo o mente. Hay una sensación de desapego, se vive como si fuera un observador externo de sí mismo. Por ejemplo, la persona puede experimentar la sensación de mirarse al espejo y no reconocerse o incluso de no sentirse conectado con su propio cuerpo.
En el trastorno de despersonalización, el síntoma principal es la despersonalización, aunque también abarca la desrealización. En la despersonalización la perturbación ocurre en la 'percepción de uno mismo'; en el trastorno de desrealización la alteración ocurre en la 'percepción del exterior'. El individuo se siente como si fuera un autómata o estuviera viviendo en un sueño o en una película. Tiene una sensación de confusión porque se siente torpe a la hora de distinguir si lo que está viviendo realmente está pasando ahora mismo. Percibe el mundo de manera distorsionada y distante sin poder remediarlo.
En estados extremos, aparece el 'delirio', la ilusión o idea delirante que desarrollan los adeptos que han desarrollado el síndrome de adoctrinamiento sectario, con síntomas como la sensación de distanciamiento de los propios procesos mentales y del propio cuerpo, hasta el control del comportamiento por varios estados de personalidad sucesivos.
El trastorno de identidad disociativo refleja un fracaso en la integración de varios aspectos de la identidad, la memoria y la conciencia. Cada personalidad se vive como una historia personal, una imagen, una identidad e incluso un nombre distintos. Generalmente hay una identidad primaria con el nombre del individuo, que es pasiva, dependiente, culpable y depresiva. Las identidades alternantes poseen habitualmente diferentes nombres y rasgos que contrastan con la identidad primaria. La persona puede cambiar de tono de voz o utilizar diferentes expresiones faciales. Los individuos con trastorno de identidad disociativo pueden referir la sensación de que, de repente, se han convertido en observadores despersonalizados de su propio discurso y acciones”.
Resumen extraído de la web “Red de apoyo a víctimas de sectas”, cuya información ha sido extraída en gran parte del DSM-IV, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales, de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.
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