Envejecer

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Upasaka
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Re: Envejecer

Mensaje por Upasaka »

Carl Sagan escribió: 21 Sep 2025 10:18
Por eso el Mūlamadhyamakakārikā​ insiste una y otra vez en la necesidad de los preceptos morales, y lo ineludible de su práctica y perfeccionamiento a la hora de entrar en la nueva dinámica propuesta. Pues si no fuera así, “la distinción entre mérito y pecado no sería posible” (Mk 24.30, 17.24b). El escepticismo está cerca, pero la frontera queda limitada por medio de las mismas prácticas budistas y sus tecnologías del yo, del cultivo de la atención, la meditación y el resto de las paramita.
ada123123

Eso es. No vale 'comenzar la casa por el tejado', con ser suficiente el sólo sentarse y sermonear con palabras tan desgastadas como pretender vivir el aquí y ahora — ignorando ya de por sí la práctica del satipatthana — y antes ya de entrada desechar seguir una ética estricta.

Si fuera así, las gallinas estarían ya iluminadas como deduzco de algún Sutta del Canon Pali donde el Buddha lo expresa mucho mejor...
O preferible para la ocasión, mediante unas palabritas del Ven. Ajahn Chah. :D

"No, estar sentado por largas horas no es necesario. Algunas personas piensan que mientras más tiempo permanezcas sentado, más sabio tendrás que ser. ¡Yo he visto a las gallinas sentadas en sus nidos por días enteros! La sabiduría surge de estar consciente en todas las posturas. Tu práctica debería comenzar cuando te despiertas por la mañana temprano. La misma debería continuar hasta que otra vez caigas en sueño. (...)".

Afectuosamente,

ada123123
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Roberto
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Re: Envejecer

Mensaje por Roberto »

Carl Sagan escribió: 21 Sep 2025 10:18
[...] Muchas veces he escuchado a teístas decir que sin dios no hay moral posible. Como dices en otro hilo, a quienes hemos sido educados en esta creencia no nos ha resultado fácil ponerla a un lado.
Supongo que eso sucede porque en la religiones teistas la moral se establece "desde arriba", a través de una serie de mandamientos que vienen de fuera. Mientras que en el Budismo se establece "desde abajo", o "desde dentro", a través de preceptos y paramitas, que no son mandatos, sino consejos para ayudarnos en la tarea de liberarnos a nosotros mismos del sufrimiento, un nosotros mismos que incluye aquello que nos rodea.

ada123123
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Upasaka
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Re: Envejecer

Mensaje por Upasaka »

ada123123
Estimado @Carl Sagan, te aclaro que no he seguido en la anterior aportación más que escuetamente y sin ejemplos y no extendiéndome ya bajo el anupubbī-kathā para evitat en la medida de lo posible desviar más el tema, que como se aprecia en ya demasiados hilos se acaban enquistando, yéndose por los cerros de Úbeda por cualquier escusa, ya sea ocasional — permisivo relativamente, o manifiestamente premeditado — escribiendo de todo menos de lo que atañe el tema... sisisi

Y por último que conste, que he intentado reconducir mis publicaciones al hilo:
Upasaka escribió: 21 Sep 2025 14:05 Dom Sep 21, 2025 2:05 pm

...ya es de por sí la Primera Noble Verdad, según el Buddha del Canon Pali:
Resumiendo, y en conclusión sino hay más conversaciones con respecto al tema propuesto y central del hilo.

Saccavibhanga Sutta — fragmento.

¿Y qué es el envejecimiento? Cualquier envejecimiento, decrepitud, fragilidad, encanecimiento, arrugas, disminución de la vitalidad, debilitamiento de las facultades de los diversos seres de este o aquel grupo, a eso se le llama envejecimiento.

Cordialmente,
ada123123
con mettā

PD
Sé a ciencia cierta que eres comprensivo y con compasiva permisibilidad ante los fuera de tema. Por mi parte solicito pedir disculpas y si lo ves oportuno puedes exigir a la Administración FM que mis aportaciones sean retiradas. smile
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Carl Sagan
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Re: Envejecer

Mensaje por Carl Sagan »

Dejo esta reflexión del escritor Rafael Narbona en X:

Qué duro es superar los 60 años sin familia. Mi mujer y yo no tenemos hijos ni sobrinos. Yo he perdido a mis tres hermanos y mi mujer sufre algo peor: la desafección de dos hermanos por culpa de una herencia. Los amigos solo son una brizna de afecto en el vasto océano de la soledad. Y no cabe esperar nada de la sociedad. En una gran ciudad, nadie conoce a nadie. Ya no existe sentido de comunidad.

No sé qué le sucederá a mi biblioteca, con más de 20.000 volúmenes y muchas primeras ediciones dedicadas. No es fácil donar algo así. Casi todas las instituciones están desbordadas. Nos conformamos con que nuestros perros y gatos no nos sobrevivan.

Si la vida solo es esto, un viaje efímero entre dos océanos de oscuridad, Camus y Sartre tenían razón: la vida es absurda. Cuando Teresa de Jesús dijo "Solo Dios basta", sabía que solo el Absoluto, sea lo que sea, puede salvar al ser humano del desamparo y la sensación de impotencia. Cioran escribió: "Imagino mis cenizas desperdigadas por todo el planeta, frenéticamente agitadas por el viento, diseminándome en el espacio como un reproche contra este mundo". No puede imaginarse otro futuro para cada uno de nosotros si solo somos un capricho de la evolución, una pavorosa forma de azar.




Leyéndole, no puedo evitar acordarme de estas palabras del Buda:

Del mismo modo, cuando el bhikkhu reconoce una idea con el intelecto, surge en el bhikkhu la sensación agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo. El discierne: 'este objeto mental ha surgido en mí y es agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo'. Y discierne, que esta sensación mental que ha surgido es compuesta, burda y surgida de manera dependiente'. Pero el noble discípulo queda en paz, sereno y ecuánime ante el objeto mental. De este modo la sensación cesa y surge la ecuanimidad. Como un hombre fuerte podría dejar caer dos o tres gotas de sudor en un caldero de hierro un día muy caluroso, así de rápido, así de veloz, así de sencillo, no importando si la sensación es agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo, la sensación cesa y surge la ecuanimidad. En la disciplina del Noble, así llamamos al incomparable desarrollo de las facultades para el reconocimiento de los objetos mentales.

Para un seguidor del Buda resulta fácil liberarse del peso de la existencia. En mi modesto parecer, ése es el gran regalo del Buda al mundo.
Upasaka escribió: 21 Sep 2025 16:35Sé a ciencia cierta que eres comprensivo y con compasiva permisibilidad ante los fuera de tema. Por mi parte solicito pedir disculpas y si lo ves oportuno puedes exigir a la Administración FM que mis aportaciones sean retiradas. smile
No había visto estas palabritas tuyas amigo Upasaka. Yo siempre, siempre, agradezco tus impagables aportes y que compartas en el foro tu vasto conocimiento del Dhamma sisisi
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Upasaka
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Re: Envejecer

Mensaje por Upasaka »

Carl Sagan escribió: 16 Nov 2025 22:00
(...)
Leyéndole, no puedo evitar acordarme de estas palabras del Buda:

Del mismo modo, cuando el bhikkhu reconoce una idea con el intelecto, surge en el bhikkhu la sensación agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo. El discierne: 'este objeto mental ha surgido en mí y es agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo'. Y discierne, que esta sensación mental que ha surgido es compuesta, burda y surgida de manera dependiente'. Pero el noble discípulo queda en paz, sereno y ecuánime ante el objeto mental. De este modo la sensación cesa y surge la ecuanimidad. Como un hombre fuerte podría dejar caer dos o tres gotas de sudor en un caldero de hierro un día muy caluroso, así de rápido, así de veloz, así de sencillo, no importando si la sensación es agradable, desagradable o agradable y desagradable al mismo tiempo, la sensación cesa y surge la ecuanimidad. En la disciplina del Noble, así llamamos al incomparable desarrollo de las facultades para el reconocimiento de los objetos mentales.


Yo siempre, siempre, agradezco tus impagables aportes y que compartas en el foro tu vasto conocimiento del Dhamma
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No me hagas sonrojar... qué no es para tanto... :)
Esas palabras bien las pudiera haber escrito yo hacia tu persona, por la gran comprensión y posesión de conocimientos adquiridos sobre el Dhamma.
El sentimiento es recíproco, muchas gracias amigo.


(...)
“Un monje debería pasar su tiempo conscientemente atento y con clara comprensión. Estas son nuestras instrucciones para vosotros.

“Monjes, mientras un monje permanece así, conscientemente atento y con clara comprensión, diligente, ardiente y resuelto, si surge en él una sensación placentera, comprende esto: ‘He aquí, nació en mí una sensación placentera. Ahora bien, esto es dependiente no es independiente. ¿Dependiente de qué? Dependiente de este mismo contacto. Pero este contacto es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente. Así que, ¿cómo una sensación placentera, surgida en dependencia de un contacto que es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente, podría ser permanente?’. Entonces, permanece contemplando la transitoriedad en el contacto y en la sensación placentera, permanece contemplando el desvanecimiento, contemplando la desaparición, contemplando el cese, contemplando el renunciamiento. Y como mora así, la tendencia subyacente de la codicia en consideración al contacto y la sensación placentera es abandonada por él.

“Monjes, mientras un monje permanece así, conscientemente atento y con clara comprensión, diligente, ardiente y resuelto, si surge en él una sensación dolorosa, comprende esto: ‘He aquí, nació en mí una sensación dolorosa. Ahora bien, esto es dependiente no es independiente. ¿Dependiente de qué? Dependiente de este mismo contacto. Pero este contacto es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente. Así que, ¿cómo una sensación dolorosa, surgida en dependencia de un contacto que es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente, podría ser permanente?’. Entonces, permanece contemplando la transitoriedad en el contacto y en la sensación dolorosa, permanece contemplando el desvanecimiento, contemplando la desaparición, contemplando el cese, contemplando el renunciamiento. Y como mora así, la tendencia subyacente de la aversión en consideración al contacto y la sensación dolorosa es abandonada por él.

“Monjes, mientras un monje permanece así, conscientemente atento y con clara comprensión, diligente, ardiente y resuelto, si surge en él una sensación ni-dolorosa-ni-placentera, comprende esto: ‘He aquí, nació en mí una sensación ni-dolorosa-ni-placentera. Ahora bien, esto es dependiente no es independiente. ¿Dependiente de qué? Dependiente de este mismo contacto. Pero este contacto es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente. Así que, ¿cómo una sensación ni-dolorosa-ni-placentera, surgida en dependencia de un contacto que es transitorio, condicionado, surgido de manera dependiente, podría ser permanente?’. Entonces, permanece contemplando la transitoriedad en el contacto y en la sensación ni-dolorosa-ni-placentera, permanece contemplando el desvanecimiento, contemplando la desaparición, contemplando el cese, contemplando el renunciamiento. Y como mora así, la tendencia subyacente de la ignorancia en consideración al contacto y la sensación ni-dolorosa-ni-placentera es abandonada por él.

“Si siente una sensación placentera, entiende así: ‘Esto es transitorio’; entiende así: ‘Esto no es algo para mantener’; entiende así: ‘Esto no es algo en que deleitarse’. Si siente una sensación dolorosa, entiende así: ‘Esto es transitorio’; entiende así: ‘Esto no es algo para mantener’; entiende así: ‘Esto no es algo en que deleitarse’. Si siente una sensación ni-dolorosa-ni-placentera, entiende así: ‘Esto es transitorio’; entiende así: ‘Esto no es algo para mantener’; entiende así: ‘Esto no es algo en que deleitarse’.

“Si siente una sensación placentera, la siente desprendida; si siente una sensación dolorosa, la siente desprendida; si siente una sensación ni-dolorosa-ni-placentera, la siente desprendida.

“Cuando siente una sensación que termina con el cuerpo, entiende así: ‘Siento una sensación que termina con el cuerpo’. Cuando siente una sensación que termina con la vida, entiende así: ‘Siento una sensación que termina con la vida’. Y entiende esto: ‘Con la desintegración del cuerpo, después del agotamiento de la vida, no encontrando deleite en nada de lo que se siente, llego a estar sereno aquí y ahora’.

“Al igual, monjes, como una lámpara arde en dependencia del aceite y la mecha, y cuando se agota el aceite y la mecha se extingue por falta de combustible, así también cuando un monje siente una sensación que termina con el cuerpo, entiende así: ‘Siento una sensación que termina con el cuerpo’. Cuando siente una sensación que termina con la vida, entiende así: ‘Siento una sensación que termina con la vida’. Y entiende esto: ‘Con la desintegración del cuerpo, después del agotamiento de la vida, no encontrando deleite en nada de lo que se siente, llego a estar sereno aquí y ahora’”.


SN 36,8 Dutiyamagelanna Sutta – Segundo discurso en la enfermería

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Re: Envejecer

Mensaje por Carl Sagan »

Upasaka escribió: 16 Nov 2025 23:05SN 36,8 Dutiyamagelanna Sutta – Segundo discurso en la enfermería
Cualquier ser humano puede percibir objetos mentales estresantes como los del escritor que he citado, pero el Buda nos dejó el método para librarnos de todo eso, así de veloz, así de sencillo. Gracias por compartir smile
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Re: Envejecer

Mensaje por Upasaka »

Carl Sagan escribió: 17 Nov 2025 11:55 ...pero el Buda nos dejó el método para librarnos de todo eso, así de veloz, así de sencillo.
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Sādhu! Sādhu! Sādhu!

Como el ejemplo que has traído, toda una vida acaparando tiene como consecuencia sufrir en balde en un futuro próximo y presente.
En cambio más felicidad cuanto menos tienes, por experiencia propia, que apenas superar la mitad de esa edad supe lo que es perder casi todo lo querido y amado, no precisamente libros u otras propiedades materiales. ;)
Y no se lo deseo a nadie pero no sirve para nada desearlo porque tarde o temprano a todos nos llega.

Ahora tocan tiempos al hilo: de envejecer.
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Con mettā, amigo.
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Re: Envejecer

Mensaje por Carl Sagan »

Upasaka escribió: 17 Nov 2025 18:41Como el ejemplo que has traído, toda una vida acaparando tiene como consecuencia sufrir en balde en un futuro próximo y presente.
En cambio más felicidad cuanto menos tienes, por experiencia propia, que apenas superar la mitad de esa edad supe lo que es perder casi todo lo querido y amado, no precisamente libros u otras propiedades materiales. ;)
Y no se lo deseo a nadie pero no sirve para nada desearlo porque tarde o temprano a todos nos llega.
Mi cuerpo así como mis bienes,
Mis méritos pasados, presentes y futuros,
Los ofrezco sin escatimar nada
Para beneficiar a todos los seres.

El nirvana se obtiene dándolo todo
Y al nirvana es a lo que yo aspiro.
Ya que tendré que abandonar todo en un instante,
Vale más dárselo a todos los demás (Bodhicaryavatara, 3:11-12).

Saludos amigo smile
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Re: Envejecer

Mensaje por Carl Sagan »

Sí, soy viejo… ¿Y qué?

26 Mar 2026 /Arturo Pérez-Reverte

Envejecer bien es un arte. De pronto te levantas con dolores nuevos y descubres que el mundo no te debe nada, sino que pasa factura. A menudo acudes al médico en busca de soluciones, y sin fijarte en ellas pasas ante librerías que a tu edad son más útiles que las farmacias. Leer a los filósofos estoicos antiguos es uno de los mejores analgésicos que conozco. Como las aspirinas o el paracetamol, no quitan las causas del dolor, pero ayudan a soportar el dolor. Y eso no es ninguna tontería.

Los estoicos no prometen felicidad, ni buenos rollitos en TikTok. Lo que Epicteto, Séneca, Marco Aurelio y otros colegas ofrecen es mejor: consejos para no vivir y morir como un imbécil. Mientras los modernos manuales de autoayuda sostienen que el universo y sus mantras están de tu parte —lo que es una mentira cochina—, los viejos estoicos te miran a los ojos y dicen: «No te agobies por lo que no depende de ti, pringado, y deja de lloriquear». Leerlos a cierta edad, cuando ya le ves las orejas al lobo, es hojear un manual de instrucciones que olvidaron darte a los veinte. Porque explican con minuciosidad cruel que hay cosas que controlas y cosas que no, que envejecer con dignidad consiste en aceptar que el mundo no se adapte a tus achaques y manías, que los jóvenes —también lo fuiste— usen palabras para ti incomprensibles, que la música te irrite las trompas de Eustaquio y que nadie tenga la obligación de cederte el asiento en el metro. El estoicismo prepara para el paisaje hostil con una herramienta que se llama indiferencia selectiva. No la del pasotismo idiota, sino la del francotirador que elige bien a qué dispara y a qué no.

Los estoicos no eran vendedores de optimismo por fascículos. Eran tipos duros que sabían que la vida no mejora por quejarse de ella y que el tiempo es un carnicero eficiente. Por eso insistían en la fugacidad de todo: la salud, el prestigio, la belleza y hasta el pelo, que se cae y no pasa nada. Leerlos te reconcilia con la idea de que perder cosas no es tragedia personal sino norma universal. Y cuando todo el mundo pierde tarde o temprano, ya no hay humillación posible. Solo son las reglas.

Además, el estoicismo es una vacuna magnífica contra el patetismo tardío. Me refiero al ridículo senil: ese impulso peligroso que empuja a fingir que tienes veinte años menos, a hablar como los adolescentes o a disparar certezas con una seguridad impropia de quien ya debería saber que, cuantos más años cumples, más certezas se van al carajo y sólo queda una conciencia exacta de la imbecilidad universal. El estoico asume su edad como una cicatriz honrosa: no alardea, pero tampoco la esconde. Sabe quién es y quién fue; y sobre todo, qué no necesita ya demostrar.

Hay también una forja del carácter. Los estoicos entrenan para soportar molestias menores —frío, calor, incomodidad, achaques naturales— con una entereza insolente. No porque seas espejo de virtudes, sino porque entiendes que protestar no mejora tu vida, molesta a los demás y además pudre el alma. El humor estoico es seco, casi militar. No es carcajada, sino media sonrisa. Es saber que el cuerpo falla, que la memoria traiciona y que levantarse del sofá requiere una planificación previa. El estoico no se queja del frío ni del calor: se abriga o suda, y punto. Esa actitud, aplicada a la vejez, evita el peor de los males: convertirse en una sirena de ambulancia o un recetario médico con patas. Como decía el actor Luis Gamero: «Yo a los amigos nunca les cuento mis problemas. Que los divierta su puta madre».

Otra ventaja es la elegancia moral: asumir que el silencio es una forma superior de inteligencia y, sobre todo, de elegancia. No porque no tengas razón, sino porque no tienes ganas de explicarla tres veces. Envejecer con dignidad implica tener la boca cerrada y, cuando la abres, que te importen un carajo las consecuencias. El estoico sabe que no puede educar al mundo y que discutir con necios es una pérdida de tiempo. Así que, cuando no hay más remedio, dice lo que piensa o guarda silencio, según la coyuntura. Después se levanta y se va.

Y al final, naturalmente, aguarda la muerte, que no falta a ninguna cita: última pareja de baile que incomoda a todos menos a quienes aprendieron a tratarla como compañera de viaje. Los estoicos no desean morir, pero tampoco lo dramatizan. Lo consideran parte del contrato temporal que llamamos vida. Y ahí el estoicismo vuelve a su papel lúcidamente analgésico, porque te recuerda que cada día bien jugado es una victoria, aunque el marcador final sea la derrota. Morir es inevitable, pero vivir como un imbécil es opcional. En la vida puedes ganar o perder, pero al final siempre pierdes. Y no hay en la historia de la Humanidad héroes más admirables que quienes supieron perder con estilo.

Sí, soy viejo… ¿Y qué?
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Hokke
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Re: Envejecer

Mensaje por Hokke »

Carl Sagan escribió: 27 Mar 2026 11:50 Sí, soy viejo… ¿Y qué?

26 Mar 2026 /Arturo Pérez-Reverte

Envejecer bien es un arte. De pronto te levantas con dolores nuevos y descubres que el mundo no te debe nada, sino que pasa factura. A menudo acudes al médico en busca de soluciones, y sin fijarte en ellas pasas ante librerías que a tu edad son más útiles que las farmacias. Leer a los filósofos estoicos antiguos es uno de los mejores analgésicos que conozco. Como las aspirinas o el paracetamol, no quitan las causas del dolor, pero ayudan a soportar el dolor. Y eso no es ninguna tontería.

Los estoicos no prometen felicidad, ni buenos rollitos en TikTok. Lo que Epicteto, Séneca, Marco Aurelio y otros colegas ofrecen es mejor: consejos para no vivir y morir como un imbécil. Mientras los modernos manuales de autoayuda sostienen que el universo y sus mantras están de tu parte —lo que es una mentira cochina—, los viejos estoicos te miran a los ojos y dicen: «No te agobies por lo que no depende de ti, pringado, y deja de lloriquear». Leerlos a cierta edad, cuando ya le ves las orejas al lobo, es hojear un manual de instrucciones que olvidaron darte a los veinte. Porque explican con minuciosidad cruel que hay cosas que controlas y cosas que no, que envejecer con dignidad consiste en aceptar que el mundo no se adapte a tus achaques y manías, que los jóvenes —también lo fuiste— usen palabras para ti incomprensibles, que la música te irrite las trompas de Eustaquio y que nadie tenga la obligación de cederte el asiento en el metro. El estoicismo prepara para el paisaje hostil con una herramienta que se llama indiferencia selectiva. No la del pasotismo idiota, sino la del francotirador que elige bien a qué dispara y a qué no.

Los estoicos no eran vendedores de optimismo por fascículos. Eran tipos duros que sabían que la vida no mejora por quejarse de ella y que el tiempo es un carnicero eficiente. Por eso insistían en la fugacidad de todo: la salud, el prestigio, la belleza y hasta el pelo, que se cae y no pasa nada. Leerlos te reconcilia con la idea de que perder cosas no es tragedia personal sino norma universal. Y cuando todo el mundo pierde tarde o temprano, ya no hay humillación posible. Solo son las reglas.

Además, el estoicismo es una vacuna magnífica contra el patetismo tardío. Me refiero al ridículo senil: ese impulso peligroso que empuja a fingir que tienes veinte años menos, a hablar como los adolescentes o a disparar certezas con una seguridad impropia de quien ya debería saber que, cuantos más años cumples, más certezas se van al carajo y sólo queda una conciencia exacta de la imbecilidad universal. El estoico asume su edad como una cicatriz honrosa: no alardea, pero tampoco la esconde. Sabe quién es y quién fue; y sobre todo, qué no necesita ya demostrar.

Hay también una forja del carácter. Los estoicos entrenan para soportar molestias menores —frío, calor, incomodidad, achaques naturales— con una entereza insolente. No porque seas espejo de virtudes, sino porque entiendes que protestar no mejora tu vida, molesta a los demás y además pudre el alma. El humor estoico es seco, casi militar. No es carcajada, sino media sonrisa. Es saber que el cuerpo falla, que la memoria traiciona y que levantarse del sofá requiere una planificación previa. El estoico no se queja del frío ni del calor: se abriga o suda, y punto. Esa actitud, aplicada a la vejez, evita el peor de los males: convertirse en una sirena de ambulancia o un recetario médico con patas. Como decía el actor Luis Gamero: «Yo a los amigos nunca les cuento mis problemas. Que los divierta su puta madre».

Otra ventaja es la elegancia moral: asumir que el silencio es una forma superior de inteligencia y, sobre todo, de elegancia. No porque no tengas razón, sino porque no tienes ganas de explicarla tres veces. Envejecer con dignidad implica tener la boca cerrada y, cuando la abres, que te importen un carajo las consecuencias. El estoico sabe que no puede educar al mundo y que discutir con necios es una pérdida de tiempo. Así que, cuando no hay más remedio, dice lo que piensa o guarda silencio, según la coyuntura. Después se levanta y se va.

Y al final, naturalmente, aguarda la muerte, que no falta a ninguna cita: última pareja de baile que incomoda a todos menos a quienes aprendieron a tratarla como compañera de viaje. Los estoicos no desean morir, pero tampoco lo dramatizan. Lo consideran parte del contrato temporal que llamamos vida. Y ahí el estoicismo vuelve a su papel lúcidamente analgésico, porque te recuerda que cada día bien jugado es una victoria, aunque el marcador final sea la derrota. Morir es inevitable, pero vivir como un imbécil es opcional. En la vida puedes ganar o perder, pero al final siempre pierdes. Y no hay en la historia de la Humanidad héroes más admirables que quienes supieron perder con estilo.

Sí, soy viejo… ¿Y qué?
¡Paparruchas!

Arturo Pérez-Reverte es el Ebenezer Scrooge de la cultura española. Eso sí, disfruto mucho con la saga del capitán Alatriste. Lo cortés no quita lo valiente, nunca mejor dicho.

Apunte lector a parte, me parece una visión pesimista, cínica y pseudo-estoica de la vida. Prefiero y considero mejor para todo el mundo el camino de supremo optimismo del Buda.

eq341
"Apoyarse en la Ley y no en las personas; apoyarse en el sentido y no en las palabras; apoyarse en la sabiduría y no en la conciencia ordinaria; apoyarse en los sutras de significado definitivo y no en los de significado no definitivo.” - Nehan-gyō
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