En lo que el budismo y el cristianismo se separan, es en que en el primero, el meditador puede conseguir entrar en el no pensamiento, con su propio esfuerzo. En el segundo, no puede. Necesita de una ayuda externa, que en el cristianismo se llama Dios. Lo cierto, sin embargo, es que esa ayuda que se cree externa, no lo es. Es externa, solo hasta que Dios llama al meditador a entrar más profundamente en el Océano de la mente (o del alma) y, en la medida en que el meditador se entrega, la separación va desapareciendo, y su ego desaparece igualmente. Cuando el ego desaparece por completo, no hay separación. El meditador y Dios son uno. Dios no es por tanto un "otro". Eso era cuando había ego.
Cuando el ego desaparece por entero, no queda nadie "ahí" como testigo. Solo la experiencia de lo divino, pero sin nadie que lo experimente, por lo que ni siquiera puede ser una experiencia ya. Durante todo el tiempo que dure este estado de unión, no hay tiempo. Solo eternidad (entendida como ausencia de tiempo). Es solo cuando el meditador "vuelve" de la experiencia de unión, que se da cuenta. O, cae en la cuenta. Entonces "sabe por sí mismo y solo para sí mismo", como dice cierto texto Zen. Esta es la experiencia cristiana, y probablemente también la budista, solo que los budistas no lo describirían de este modo. Dirían como en otro texto zen "serás como un bobo que no sabe", "lo sabrás para tí mismo, y solo para tí mismo". Para mí, esas frases indican que la experiencia, tanto de unos como de otros otros, cristianos o budistas, es idéntica.